Félix junto a su hijo en la presentación del libro de su vida.

Hay vidas que son dignas de plasmar en un libro y es lo que ocurre con la de Félix Rodrigo. Burgalés de nacimiento y navero de acogida, tiene miles de historias y recuerdos en su cabeza a sus 93 años; “es lo que me voy a llevar”, bromea en conversaciones a este diario. Su espíritu aventurero, como él mismo describe, sigue latente en sus palabras, y aunque asegura que la memoria ya le falla, es capaz de relatar las distintas épocas de su vida con una fluidez y entusiasmo que embelesan, al igual que lo hacen en su publicación. Gracias al área de Asuntos Sociales de la Diputación de Segovia ha cumplido uno de sus propósitos, que es relatar la historia de su vida en una publicación. Actualmente es usuario en la residencia La Alameda, de Nava de la Asunción, donde siente que tiene a su familia, y así es, porque es uno de los residentes más queridos por compañeros y profesionales.

El pasado 31 de mayo presentó su libro en el salón de la Unidad de Convivencia Ribera de los Alisos acompañado de los que más le quieren. Destacó entre ellos la presencia de su hijo, que viajó desde Estados Unidos para estar con él en un día tan importante. A cumplir esta ilusión le han animado los profesionales de la residencia, los múltiples psicólogos que han pasado por allí y han considerado que la historia de vida de Félix tenía que compartirse. Tiene además una gran labor terapéutica y didáctica, porque cuenta Félix que también quiere demostrar con esta obra que se puede “hacer algo, desarrollarlo a pesar de estar solo en las circunstancias de la vida y a esta edad”.

Félix cuenta, con un particular acento muy mezclado entre catalán, castellano y venezolano, cómo comenzaba su vida en Burgos, al abrigo y cuidado de sus padres. Es hijo de pastor, así que reconoce que lleva en los genes “algo de nómada”. Pastoreaba las ovejas de los más pudientes del pueblo mientras él cuidaba a su madre “porque la salud no la acompañaba y era lo que había que hacer en la época”. A los 15 años sale de Burgos para Barcelona, donde aprendió dos oficios: lampista y electricista. “Eso me sirvió para tener seguridad y nunca me faltó trabajo allá donde he estado; a Dios gracias, los catalanes me enseñaron muy bien los dos oficios”.

Félix Rodrigo: recorrer el mundo y elegir 'la Nava', una vida de libro
Félix en su etapa como piloto de vuelo sin motor.

 

Su siguiente parada desde Barcelona fue el ejército. Pasó dos años entre los paracaidistas, y después de ello, “llegaron mis ansias de viajar”. “Eran las grandes migraciones de los españoles hacia otros países, pero la mayoría se quedaron en Europa, y yo quise cruzar el Atlántico, que según la meteorología eran diez o quince días de viaje”, cuenta. Asegura que en Brasil no tuvo nunca problema porque aquello estaba “en plena efervescencia de la industria”. Explica que había mucho trabajo y calificaban al personal con un método parecido al de Estados Unidos, donde “tenías que demostrar lo que decías ser”. Allí en Sao Paulo “el que no trabajaba era porque no quería”.

 

Félix Rodrigo: recorrer el mundo y elegir 'la Nava', una vida de libro
Su mujer y su hijo.

CLAUDIA, SU VIDA
En la capital brasileña encontró a Claudia, su compañera de vida. Todo son palabras de gran cariño hacia ella. “En Brasil encontré a mi media naranja, a pesar de no habernos visto, nos conocimos y fue una especie de aventura y mucha felicidad en el encuentro, personas que parece que estaban destinadas”. Así se lo dedica en las primeras páginas del libro: “lo mejor que me ha pasado en la vida, mi norte y mi punto de inflexión”. Claudia es quizá el hilo que todo lo une en su libro, en su vida, y le dedica un capítulo entero aunque esté presente en muchos momentos. Sin duda, ella conforma el instante más importante de su vida, y se emociona al recordar cómo Claudia fallece en 2018 y cómo perdió a sus cuatro hermanos mayores, como “ley lógica de vida”. Aunque ellos ya no estén, se siente arropado por “la gran familia de La Alameda”, y por su hijo, con quien está en permanente conexión a pesar de la distancia.

No fueron muchos los años en Sao Paulo, ya que en el 57 se desplaza a Caracas. Allí siguió desarrollando su profesión, regentando incluso una empresa. “Allí me moví bastante, hice trabajos, contratas particulares; Claudia y yo llevamos una buena vida trabajando los dos, holgada, no había problema”. En Venezuela pasó 40 años, toda su vida laboral. Antes de venir a España, pasó por Estados Unidos, donde también vivió. Tras arreglar papeles en Venezuela para su retiro, vinieron a España. “La mala suerte de tener a Chávez en el gobiernohizo que dejáramos de recibir pensión después de dos años; el que quisiera la pensión, con una ley que montó él, tenía que residir en Venezuela, no en el extranjero”, explica. Cuenta la dureza del momento de quedarse sin pensión, aunque prefiere no tratar la política ante tanta injusticia. “¿Tú sabes lo que es toda una vida laboral, tanto de ella como mía, que de golpe y porrazo desaparezca y te digan que no tienes derecho a nada? Es muy duro”, confiesa. Denota en sus palabras cómo le estremece que tanto el expresidente como el actual, “salgan en la televisión como si nada”. Gracias a su previsión, a que “lo veía venir”, guardó ahorros para poder vivir, pero son ocho años sin recibir nada desde Venezuela. Recuerda que los diez primeros años de trabajo en Venezuela “manejábamos plata pura, había a montones, con eso te digo todo; con el viernes negro se truncó todo, desapareció, y ahora no aparecen ni los bolívares viejos, ¡están a buen recaudo!”. Cuenta historias que en una sociedad como la actual en este país se tornan inverosímiles, pero que dejan patente la las condiciones político-sociales que han existido y existen en ese país. “Hay tantos generales en Venezuela como en Estados unidos, llenos de condecoraciones, no sé en qué batallas habrán luchado”, cuenta con ironía Félix.

Otra importante parte de su vida es para Héctor, su hijo. Héctor nació en Caracas el 5 de noviembre de 1960. “Fue un niño muy deseado y sano gracias a Dios y a los cuidados del equipo médico de la Concepción Palacios. Ya que nació por cesárea, sus compañeros de la Clínica le recomendaron no tener más hijos por el riesgo”, cuenta en su libro. Afirma Félix que Claudia y él siempre estuvieron de acuerdo en las decisiones importantes sobre su educación y “en general en todo”, ya que nunca discutieron. “Siempre nos hemos entendido muy bien, parece como si no hicieran falta las palabras entre los dos”, comenta. Su hijo heredó algo de esa pasión por el oficio de Félix: se graduó como Técnico Superior en Electrónica y después como Ingeniero en Telecomunicaciones.

Félix Rodrigo: recorrer el mundo y elegir 'la Nava', una vida de libro
Llegada de Félix y Claudia a Nava de la Asunción.

 

Su vida concluye en Nava de la Asunción, en su querida residencia de La Alameda. Fue destino de un viaje gracias a unos amigos, y decidió que su retirada sería en este pueblo segoviano. “Pensé: cuando me reitre, me voy a la Nava, y efectivamente aquí llegue en el 99, y aquí estoy”, confiesa. Reconoce que el pueblo le conquistó pero que fue el poder de “las amistades del extranjero, que son muy firmes, porque a veces uno se encuentra solo y da mucha alegría encontrarse con un paisano”, el verdadero motivo para aterrizar aquí”. En la residencia tiene una vida realmente activa, conectado a internet desde su habitación, con Whatsapp en su teléfono y activo en grupos, como él mismo explica. Participó en el “calendario bombazo” de 2021, aquel en el que los residentes versionaron míticas portadas de la historia del rock, y él fue Elvis, una experiencia tan divertida como exitosa para él y sus compañeros. En la unidad de convivencia de la residencia Félix colabora y ayuda en lo que puede.” Cada día anoto en la pizarra el menú diario que hay para que los residentes de la unidad conozcan qué comen y cenan cada día; ayudo a recoger la mesa o sirvo el agua y el vino. Me gusta participar en las actividades y talleres porque se tienen en cuenta nuestros gustos e intereses, y también colaboro yendo a buscar la correspondencia, voy al ayuntamiento, a la tienda… En fin, donde me manden,soy una especie de office-boy”,bromea en su libro.

Félix, con tantas experiencias sumadas y con tantas culturas aprehendidas, de entre todas ellas reconoce: “definitivamente me quedo con la castellana”. No obstante, explica que fueron bien tratados allá donde estuvieron. “En esta vida es dando y dando, hay que dar para recibir, si tú te comportas bien, tendrás buen trato… ¡es de cajón!”, explica. Sin duda es todo un ejemplo para la sociedad, para los jóvenes y para los más mayores, de cómo una intensa vida compartida puede seguir siendo activa con 93 años. Difundir sus vivencias es todo un acto de bondad, un ejercicio de superación y una ilusión que, con ayuda y generosidad de los que le rodean, este navero ha podido llevar a cabo.