Los servicios funerarios a su llegada a la Plaza de Toros de Cuéllar./C.N.
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El ciclo cuellarano de 2019 no podía termianr de peor manera. Los encierros de este año han resultado complicados pero con muy pocos heridos y con todas las reses dentro del recorrido, pero el de ayer fue el más complicado y trágico.

Las dificultades llegaron nada más salir, pero fue en la peligrosa zona de El Embudo, en la bajada, donde se halla una tapia enladrillada, donde ocurrieron los hechos que se saldaron con un fallecido. Uno de los astados que estaba siendo conducido al recorrido urbano por los caballistas, se desvió hacia la mencionada tapia, donde siempre se encuentra público, a pesar de las advertencias. A pesar de huir, un vecino de Cuéllar, J.A.A.G, de 61 años, no pudo escapar y fue embestido con fuerza. Atrapado en el muro, el hombre sufrió varias cornadas en zonas vitales como tórax o cuello. Los testigos aseguran la crudeza de la escena, y los instantes de peligro vividos. Para el traslado del hombre tuvo que ascender una pick up que pudiera trasladarlo a la ambulancia más cercana. El alcalde confirmaba minutos después, tras comunicar con la familia, que los peores presagios se hacían realidad. Las heridas eran “incompatibles con la vida”, y el vecino de Cuéllar llegó cadáver a la enfermería de la Plaza de Toros. El Ayuntamiento, como explicó Carlos Fraile, ha decretado tres días de luto oficial en la villa y las banderas del Consistorio ondean ya a media asta en señal de duelo, y la corporación trasladó sus condolencias a familiares y amigos. En señal de luto, se anunciaron minutos de silencio que se efectuaron antes de la Tronadera, del festejo de tarde y del desfile de peñas final de fiestas.

difícil encierro La salida de la manada desde los corrales del río Cega fue fuerte y peligrosa, con dos novillos desviados a la derecha pero reconducidos. Los problemas empezaron poco después. Incapaces de parar los astados, los caballistas lucharon por mantenerla unida, pero al paso de las máquinas ya no lo lograron. De manera casi individual, las reses de la ganadería de Simón Caminero cruzaron la carretera de Cantalejo guiadas por bueyes y caballistas, que siguieron intentando parar a todos. Antes de la llegada al primer túnel y dejando a la izquierda el regadío, tres astados se escaparon hasta una zona de vegetación donde la tarea se complicó para los caballistas. Tras varios intentos, meter a los bueyes e introducir a los caballos, los tres novillos salieron para continuar el recorrido por donde guiaron los jinetes. Mientras, se intentaba sin éxito encauzar todo el encierro. El novillo número 10, como confirmaba la Asociación Encierros de Cuéllar en su parte diario, fue el más problemático para todos.

El resultado fue un encierro tan disgregado que siguió provocando problemas en las calles. Mientras el número 10 provocaba los graves incidentes ocurridos, el resto entraba en el recorrido urbano media hora antes de lo previsto, con el riesgo innato de las condiciones. Operarios municipales trabajaron rápido para proporcionar la mayor seguridad a todos los vecinos y espectadores. Los danzantes del baile de rueda lograron dispersarse antes de que los novillos entraran, dejando un encierro muy parado y que salió adelante, novillo a novillo, gracias a los mozos y pastores que tiraron de todos los astados hasta la Plaza de Toros.

Los problemas no acabaron aquí: el novillo que dio problemas desde el principio llegó desfondado a la calle Las Parras, y la organización, conscientes de que no podría acabar el recorrido, decidió sedarlo. Se activó todo el protocolo de actuación para la ocasión, con un camión grúa del Ayuntamiento y unas lonas que taparon todo el proceso.

OTROS HERIDOS El parte de enfermería registraba dos contusionados graves. Uno de ellos, caballista, fue atendido por una ambulancia en el campo, y ambos fueron trasladados al Hospital General de Segovia. Sin embargo, fue la tragedia del fallecido la que ocupó la atención a las puertas de la enfermería, dada la expectación generada por los testigos presenciales del suceso de El Embudo.
En resumen, el de ayer fue el peor final para unos encierros que, en su conjunto, estaban desarrollándose de manera fluida, salvando las dificultades propias de estos festejos tan complejos. Cuéllar respira hoy también un ambiente de tristeza y duelo por su vecino.