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Representantes de las agrupaciones de voluntarios de Protección Civil y de Cruz Roja de varias localidades que participaron en la búsqueda de un desaparecido este año en la provincia.

Con el inicio de la temporada micológica y la próxima llegada del invierno aumentará el riesgo de extravío y de accidentes en el campo. Ante estas circunstancias, algunos equipos dedicados profesional o voluntariamente a la búsqueda de personas quieren armarse con nuevos medios o adoptar estrategias con las que hacer que esa labor resulte lo más fructífera posible.

Con el tiempo se ha mejorado en cuanto a recursos como teléfonos móviles que facilitan en muchos casos la geoposición o la ruta a seguir para llegar a un sitio predeterminado. También permite la comunicación directa, pero siempre que exista cobertura. Pero igualmente aumenta el número de personas que se lanzan al monte, con distintos grados de experiencia y destreza a la hora de desenvolverse por lugares desconocidos.

Las labores de localización o rescate de personas conllevan dos posibilidades: terminar con un final feliz, o también uno trágico. Por eso algunos grupos de Protección Civil de la provincia estudian crear lo que denominan ‘banco de olores’.

En la ciudad de Cantalejo se planteó esta posibilidad durante una jornada de exhibición de perros de rastreo, protagonizadas por la asociación ‘Ucas de Arrate’, grupo voluntario que trabaja con una unidad canina adiestrada para el rastreo de personas. Este grupo participó en agosto pasado, en la búsqueda de un joven que abandonó su hogar. La familia dio la voz de alarma. Todo el pueblo se movilizó para intentar dar con el chaval, de 21 años.

UN RIESGO EN ALZA
El portavoz de este grupo de rastreo con perros, Valeriano de la Calle, considera que un banco de olores “cuesta muy poco dinero y puede tener un gran resultado”. Señala que se trata de una iniciativa en la que las personas participan de forma voluntaria. Tan sólo se deben reunir una muestra de ropa de aquellos vecinos que quieran integrar este banco de datos. Este material textil recogido tiene una validez de tres a cinco años. Después de recogerlo de manera anónima, se custodia en un lugar, que puede ser un local municipal, de una asociación, o de una agrupación de Protección Civil.

En el Ayuntamiento de Cantalejo se maneja estos días la posibilidad de sumarse a la idea de la mano de la asociación de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias, que tiene socios en los pueblos de toda la comarca, y que, según el alcalde de la ciudad, Javier de Lucas, “son personas de riesgo para las que puede resultar interesante dado que cuentan con más posibilidades de desorientarse”.

El número de personas que padece algún tipo de demencia crece cada día. Por tanto, aumenta también el riesgo de producirse casos de desorientación. Esta tendencia llevó a que naciera en Cantalejo la asociación de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias, que preside Carmen Martín, y que lleva años buscando apoyos para ayudar a las familias que sufren este tipo de dolencias. Por este motivo se ha centrado en esta comarca la posibilidad de crear el primer banco de olores de la provincia.

El alcalde briquero ha anunciado que trasladará la propuesta a la residencia de ancianos de la localidad, en la que existen también personas con riesgo de desorientación. Otras residencias geriátricas de la provincia también han recibido la idea, y la estudian estos días.

A pesar de la idea generalizada de que se puede acudir en cualquier momento a buscar una prenda de ropa de un desaparecido, el grupo ‘Ucas de Arrate’ recuerda que en muchas ocasiones no es efectivo este acto, que en principio parece sencillo. “Las personas cercanas al desaparecido nunca saben con certeza si han tocado el objeto. Pero no sólo eso, nuestro cuerpo está continuamente desprendiendo olor y esto puede contaminar las muestras incluso estando dotados de guantes. Así, se puede estar alterando el aroma de la prenda del desaparecido con olores de familiares y eso desvirtuará desde el inicio el trabajo de un perro de rastreo”.

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ANTECEDENTES
La iniciativa del banco de olores ya se encuentra implantada en otras zonas de España por iniciativa de este grupo de voluntarios y sobre todo donde las desapariciones de personas han advertido de la necesidad de mejorar técnicas ante un riesgo que no disminuye. Por el momento son más de 20 las localidades de Castilla y León que se han sumado al proyecto.
Entre los más recientes se encuentran el pueblo burgalés de Berzosa, donde se ha llevado a cabo la recogida de muestras de olor de sus vecinos. La recogida se llevó el año pasado con gasas esterilizadas que los participantes voluntarios portaron durante 24 horas en los bolsillos de sus prendas y en sus manos, para después depositarlas en un recipiente plástico. En principio, las muestras tienen una validez de tres años.

La Unidad de Rescate y Salvamento ha diseñado un protocolo de actuación para que en el caso de que un individuo se extravíe, aparte de llamar a los equipos de emergencia como la Guardia Civil o Bomberos, ésta pueda optar a utilizar el olor de ese vecino y los perros tendrán la pista directa para comenzar la búsqueda cuanto antes. “De esta manera se acelera mucho el proceso y se ganan muchas horas. En un rescate el tiempo es vital”, explica Valeriano de la Calle, jefe de la unidad.

Si una persona desaparece y los familiares contactaran con la unidad canina, antes de iniciar el rastreo, tendrían que dirigirse al domicilio del individuo y tomar una muestra que no estuviera contaminada, “algo complicado porque suelen intervenir personas cercanas, con uso de colonias, cremas y demás productos”, añade.

Esta iniciativa, que los voluntarios de la unidad canina han denominado ‘Cada minuto es vida’ nació en 2016 pero no fue hasta 2019 cuando comenzaron a recopilar olores tanto en residencias de ancianos como entre los vecinos de diversas localidades.

Desde que se puso en marcha el banco de olor únicamente han necesitado utilizar una muestra en una ocasión, en Santa Olalla de Bureba. No obstante, desde la agrupación animan a que mayores y pequeños participen en el proyecto, ya que en caso de que ocurra una desgracia, estas muestras “pueden salvar vidas”.

La localidad burgalesa de Grisaleña fue pionera en recoger muestras de olor de sus vecinos. Su alcalde, Aitor Goicoechea creó la propuesta con la intención de que fuera más fácil la búsqueda de alguno de los 35 vecinos si desaparecieran. La Unidad Canina Ucas de Arrate colabora con el Ayuntamiento para tener esta base de datos de los olores personales de sus vecinos. De esta manera, en caso de que alguno de ellos se perdiera o desorientara, sería más fácil encontrarlos. Aitor Goicoechea, alcalde de Grisaleña, explicó cómo surgió la propuesta: “A raíz de que tuvimos que participar en la búsqueda de una persona de un pueblo cercano, ya iba pensando si yo fuera algún día alcalde qué podría hacer para acelerar la búsqueda. Fue un flash”.

La última propuesta se ha hecho hace pocos días en localidades de la comarca de las Merindades. Allí, esta misma agrupación de voluntarios comenzó con recogida de muestras en Trespaderne para tomar las gasas impregnadas de sus vecinos Y próximamente tienen previsto hacerlo también en Cadiñanos y Medina de Pomar, también en Burgos.
El proyecto del banco de olor se testó tres años después de arrancar, es decir en 2019. Desde entonces la asociación busca aumentar su archivo de olores. En total han recogido más de un millar de muestras que ya forman parte del banco de olores.

La unidad canina ‘Ucas de Arrate’ cuenta con varios perros entrenados para localizar personas desaparecidas. Lo hacen mediante el olor de referencia (el olor personal para el archivo de olores). Los perros siguen el aroma que deja la persona por la superficie del suelo y llegarán hasta el punto exacto donde se encuentra. Cuanto menor sea el rango de tiempo desde su desaparición hasta su activación, tienen más posibilidades de encontrar a esa persona desaparecida. Por ello, desde Ucas de Arrate quieren facilitar la labor de los perros creando su propio banco de olores, una idea que va calando en cada vez más lugares.