Marcellesi, en el centro, en rueda de prensa. / Nerea Llorente
Marcellesi, en el centro, en rueda de prensa. / Nerea Llorente

Florent Marcellisi, eurodiputado de Equo, alertó ayer en Segovia sobre “el peligro” que supone la proliferación de macrogranjas, “un grave problema” que no solo afecta a España sino a toda Europa. “Son la cara oculta de la industria low cost de la carne”, denunció este ecologista, de origen francés, quien advirtió que, a la hora de instalar una macrogranja, las grandes empresas han puesto sus ojos en las zonas más despobladas, en su creencia de que allí suscitarán menos rechazo.

Para Marcellisi, las macrogranjas generan “un grave impacto”, a diferentes niveles. De inicio, el medio rural sufre, pues sus aguas se contaminan, en buena medida por los purines. Por otra parte, el eurodiputado sostiene que contribuyen a aumentar la despoblación del medio rural, al destruir empleo. “La ganadería extensiva —subrayó Marcellisi— crea más empleos que la industrial”. En ese sentido, explicó que una macrogranja, en rigor, es “una fábrica en la que un operario, pulsando un botón, permite que coman miles de animales”.

Las macrogranjas tienen, a su entender, una preocupante repercusión sobre la salud de las personas, pues “producen carnes de muy baja calidad”y ello aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes o de desarrollar mecanismos de resistencia a los antibióticos.

Marcellisi defiende que estas macroinstalaciones también impulsan el cambio climático. “El 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero —reveló— están relacionadas con la ganadería industrial”. Rematando su rechazo a las macrogranjas, el líder de Equo sostuvo que “la producción masiva” de cabezas de ganado —en España se sacrifican cada año 50 millones de cerdos y 700 millones de aves de corral— “imposibilitan un mínimo bienestar animal”.

En tal tesitura, el eurodiputado reclamó no conceder más licencias a macrogranjas y apostar por “un modelo diferente”, en el que la producción se base en la búsqueda de “una alimentación sana, sostenible y respetuosa con los animales”. En cuanto al consumo, consideró que la tendencia debe ser la sustitución de proteínas animales por otras vegetales, tal y como tradicionalmente planteaba la dieta mediterránea.

Sobre la reforma de la Política Agraria Común (PAC), Marcellesi se posicionó a favor de implantar un modelo ecológico, “poniendo en el centro no los beneficios de unos pocos sino a las personas, la naturaleza y los animales”.

Aunque el eurodiputado explicó que se considera macrogranja aquella que tiene más de 1.900 cabezas, a renglón seguido matizó que el número “no es lo más importante”, pues “se están fraccionando muchos proyectos para conseguir superar ese umbral”.

Marcellesi criticó a tres macrogranjas concretas, situadas en Castilla y León, Aragón y Castilla La Mancha, citando específicamente para acabar un proyecto en Soria, que pretende levantar una instalación con 20.000 vacas lecheras.