Buitres negro y alimoche o buitre blanco, en el comedero de buitres de Caleruega (Burgos). /CANDELAS IGLESIAS APARICIO
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Hoy día 5, primer sábado de septiembre, es el Día Internacional de Concienciación sobre los Buitres, sobre su enorme importancia y su dramática disminución en gran parte del planeta.

España es una potencia en buitres, a nivel mundial. La décima población de buitres de España es también la décima de Europa, pues en todo el continente no hay nada comparable a nuestro país. No sólo es la nación europea donde hay más buitres, con todo lo que esto representa; sino que es también uno de los países del mundo donde los buitres han sido más estudiados, y durante más tiempo.

Ya en 1974, mientras en el Pirineo francés se creaba la Reserva Natural del valle de Ossau y en Navarra se preparaba la protección de la Foz de Arbayún, cuando Jesús Garzón lideraba una lucha titánica para evitar la destrucción de Monfragüe en Extremadura, en la España central se estaba gestando, a propuesta de Félix Rodríguez de la Fuente, el Refugio de Rapaces de Montejo, uno de los primeros espacios protegidos de Castilla y León, para evitar que siguiera disminuyendo una de las poblaciones de buitres leonados más numerosas del mundo, hasta entonces desconocida fuera de nuestra fronteras. Soy uno de los pocos naturalistas que quedamos, de los que hemos vivido desde sus comienzos la historia increíble de ese Refugio de vida salvaje y su entorno (entre Segovia, Burgos y Soria), que ha movido tantas voluntades y esperanzas. Durante 46 años, en más de 51.150 horas de campo, he censado allí, cada temporada, los nidos con éxito de rapaces y otras aves. Que yo sepa, es el seguimiento más prolongado de una población de vertebrados silvestres en España; junto con los censos del buitre negro en Mallorca, realizados por diferentes personas, que comenzaron cuando Michel Terrasse encontró por fin, en 1971, los nidos de la que ya es la última población insular de esta especie, salvada gracias a un esfuerzo colosal.

En el Refugio de Montejo han trabajado cientos de investigadores (sólo en los 37 censos de otoño han participado 816 ornitólogos), en un ambiente de armonía y colaboración como creo se da en pocos espacios naturales más; debido en gran parte a la labor extraordinaria del ya fallecido Hoticiano Hernando y ahora su hijo Jesús, ambos guardas de WWF, sin olvidar otros guardas y agentes. Estos estudios han permitido esclarecer, por ejemplo, cuestiones clave de la misteriosa migración juvenil de los grandes buitres, o acerca de su longevidad, o sobre la alternancia y la utilización de los nidos. Distintos resultados han aparecido en varias de las principales revistas sobre ornitología del mundo; y también, en las 53 Hojas Informativas sobre el Refugio (10.777 páginas, disponibles también en Internet, en Naturalicante).

Las hoces del Riaza destacan también por su importante población de alimoches. Estos extraños buitres blancos, que ya fueron animales sagrados para los antiguos egipcios, han impresionado tanto al hombre que no conozco en España ninguna otra ave con tantos nombres para designarla; hasta 191 denominaciones llevo recopiladas en las Hojas Informativas, como estuve contando en “Respuestas de la ciencia” (Radio 5).

Aunque los alimoches tienen fama de territoriales, ya en 1975 el inolvidable Hoticiano nos dijo que en Montejo había habido dos nidos ocupados simultáneamente en la misma peña, y llevó décadas confirmar que el guarda tenía razón. He llegado a controlar, en 1990 y 1993, sólo en la parte oriental de estas gargantas (poco más de unos dos kilómetros de cañón), seis nidos ocupados de alimoche, cinco de ellos con éxito en la cría. El récord se logró en 1984, cuando los biólogos José Velasco, Mario Morales y José Luis Perea descubrieron, y anillaron, pollos de alimoche en sendos nidos a no más de unos 50 metros el uno del otro, como pude comprobar; lo que representa también la distancia más corta registrada (entre nidos de la especie) en todo el continente europeo, de acuerdo con la información publicada que conozco. Habría que ir hasta las islas de Cabo Verde en el Atlántico, o la Turquía asiática, o la lejana isla de Socotra en el Índico, para encontrar algo parecido.

Los grandes buitres son los vertebrados europeos que se reproducen más despacio; pero los alimoches son, dejando aparte algunos casos completamente excepcionales en otras especies, los únicos buitres del Viejo Mundo que, en una temporada de cría, a veces sacan adelante dos pollos en vez de uno. Ya Jesús Garzón escribió en 1973, en la revista científica Ardeola (de SEO/BirdLife), en su nota sobre un nido de alimoche con dos pollos que encontró el año anterior en el sudeste de Burgos: “Es de esperar que los ornitólogos que en número creciente recorren nuestros campos, aporten nuevos datos sobre esta interesante especie, y quizá entonces se demuestre que los nidos con dos pollos son más frecuentes de lo que ahora es posible imaginar”.

Este año 2020, he registrado treinta territorios ocupados de alimoche, y 25 nidos con éxito (11 en Segovia, 8 en Soria, 3 en Burgos, y 3 en Guadalajara) en los que han volado 33 pollos (15, 10, 5 y 3, respectivamente); de ellos, cinco en el Refugio de Rapaces, y siete en el Parque Natural de las Hoces del Riaza que lo engloba. Debo agradecer, al director del Parque y al jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Segovia (de la Junta de Castilla y León), así como al Secretario General de WWF España y a la Confederación Hidrográfica del Duero, al vicepresidente del Fondo para el Refugio, a los guardas de los dos Refugios limítrofes, y a bastantes otras personas y entidades, todos los permisos, facilidades y escritos de apoyo que amablemente me han dado. Suponen un importante respaldo material y moral.

En los 46 últimos años, he controlado 412 reproducciones con éxito de la especie (en las cuatro provincias mencionadas, más una en Huesca y otra en Cáceres), con 560 pollos volados. Por tanto, como media, de cada siete nidos con éxito, sólo dos o tres (más bien tres) tenían dos pollos, de los casos que he registrado, si bien estos resultados pueden cambiar bastante con los años; y además, otros naturalistas han obtenido tasas de vuelo distintas (a menudo más bajas) en otras regiones.

También en 2020, tres nidos del Refugio han sido usados de nuevo después de 26, 20 y 7 años sin uso, respectivamente. En Montejo he comprobado hasta 35 años de “descanso” para un nido, entre dos reproducciones con éxito del alimoche.

En el extremo opuesto, he podido constatar que un nido fue usado con éxito durante once años consecutivos (¡en los que llegaron a volar 18 pollos!) y 14 años (con 21 pollos volados) en total, mientras que, en las hoces del Riaza y su entorno, el nido campeón de los alimoches ha sido ocupado 27 años (22 con éxito, con 31 pollos volados).

En esta zona, ha habido 107 nidos de alimoche (89 con éxito en la cría alguna vez) en los 46 años de seguimiento; con un máximo de 12 (con 19 pollos volados) en 1988. Llegó a haber 19 parejas de alimoche (en 1991 y en 1993). 63 nidos han sido usados, en una temporada distinta, por otras especies de aves: el buitre leonado (36 nidos), el cuervo (17), el halcón peregrino (10), el búho real (7), el águila real (1), el cernícalo vulgar (1), y posiblemente la grajilla (2). La alternancia, cuando se sigue a largo plazo, resulta bastante natural.

Pronto se irán al continente africano los alimoches, “los buitres migradores” (título de un documental de Eliseo y Antonio Gómez); aunque docenas de ellos invernan en Cáceres, y además son sedentarias las poblaciones de Baleares y Canarias (sobre todo, Menorca y Fuerteventura, respectivamente). En el Anuario 2019 de Grefa se recoge el caso de “Montejo”, un alimoche del Refugio cuyo asombroso desplazamiento fue seguido con emisor, con la colaboración de WWF y del Parque, al igual que otros anteriormente (recuérdese “El viaje del alimoche”, en la web de WWF). Incluso los pollos tardíos, los que han nacido más tarde en la comarca, que quizás consiga ver de nuevo este mes, emprenderán su gran migración por primera vez.

La desaparición casi total del alimoche como nidificante en el sur de África, y en tantas otras regiones, nos alerta sobre la gravedad de muchos problemas actuales. Formamos parte de un solo mundo, hermoso y duro, que debe seguir existiendo. Los buitres contribuyen a su equilibrio, salud y belleza. Deseamos que continúen haciéndolo.