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Eleuterio Palomo en el centro junto a sus dos hijas, Sagrario y María Angeles./ E.A.

Cuando Alfonso XIII reinaba en España bajo la supervisión de Primo de Rivera en el máximo poder, Eleuterio Palomo Sanz crecía en las calles de Villoslada. No fue su juventud un camino de rosas, pronto llegó la segunda república sucedida por la cruenta guerra civil. Eleuterio vivió la dictadura y la transición democrática mientras trabaja en la construcción. Mañana el vecino natal de Santa María la Real de Nieva cumplirá cien años y sus vecinos recuerdan la vida de este segoviano de cuna.

Fue el cuarto de catorce hijos. Su padre, el señor Gilo. Así le llamaban en el pueblo a Austregesilo Palomo que se casó con Salomé Sanz, con quien tuvo sus ocho primeros descendientes. Salomé falleció y el amor quiso que Gilo y la hermana de Salomé, Doña Aurelia Sanz, compartieran el resto de su vida juntos, además de alumbrar a otros seis hijos.

Durante toda su vida Eleuterio ejerció junto a sus hermanos el oficio que aprendió de su padre, la construcción. Viajó a vivir a Madrid y regresó después al pueblo donde ahora pasea por las calles donde creció en compañía de sus hijas.

Hace un siglo, el pueblo segoviano contaba con más de 300 habitantes. Ahora tan solo 50 personas viven en sus calles. Sin otra opción, el pueblo es un lugar tranquilo donde vivir. En la misma localidad Eleuterio conoció a la madre de sus compañeras de paseos y la mujer con quién compartió su vida. Su nombre es Cecilia Pérez.

Ahora, Sagrario y María Ángeles, sus hijas, pueden ver en el rostro de su padre la historia de un cachito de Segovia y de un país que los ojos de Eleuterio Palomo fueron testigos. “Le mandamos un fortísimo abrazo, la presencia de Eleuterio es alegre y siempre tiene un chascarrillo que decir en cada conversación. Todos y cada uno de los villosladenses le apreciamos y le queremos”, recuerdan sus vecinos de Villoslada.