El viñedo de Nieva, con pasado y futuro

Estas zonas de vid, repartidas entre varias localidades de la provincia segoviana, rememoran su historia mientras miran con optimismo a los años venideros

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Un trabajador realiza la poda en verde en las viñas de 125 años de antigüedad en Nieva.
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L os viñedos viejos de verdejo de la zona de Nieva en Segovia son de los pocos supervivientes centenarios que quedan en Europa y, precisamente por todo lo vivido, son parte de la solución ante los posibles retos del futuro que traiga consigo el cambio climático en viticultura.

Los monjes del Monasterio Santa María del Parral ya cultivaban los viñedos de uva blanca en estas tierras de más de cinco siglos de antigüedad, una práctica común en Europa antes de que la plaga de la filoxera lo arrasara prácticamente todo a comienzos del siglo XX.

Existen algunas excepciones que se zafaron de la plaga, bien por su condición de aislamiento, como ocurrió con algunos reductos de las Islas Canarias, o por las particularidades del terreno, como en Segovia, donde el terreno arenoso impidió al parásito avanzar en estas tierras.

Gracias a esta particularidad, aun sobreviven en esta zona viñedos viejos con vides entre 130 y 150 años de antigüedad en forma de constelación de pequeñas parcelas que se dispersan entre diversos pueblos además de Nieva, como Nava de la Asunción, Coca o Aldehuela, todas en la provincia de Segovia.

Con el objetivo de preservar este valioso legado, la bodega de Ossian, del grupo Alma Carraovejas, ha desarrollado en los últimos cuatro años un proyecto de investigación gracias a un programa del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, que ha financiado casi el total de los 446.111 euros totales de presupuesto.

La directora de I+D+I de la marca vitivinícola y líder del proyecto, Eva Navascués, explica en una entrevista con Efe que una de las líneas del proyecto ha sido “esquejar” las vides más antiguas para plantarlas y crear un banco de biotipos, con el fin de estudiar sus particularidades.

A raíz de estas muestras, su equipo podrá estudiar durante los próximos años las características de su material genético, que por el momento ya saben que es “de un extraordinario valor biológico”, por haberse curtido con el paso del tiempo.

“Ha sobrevivido heladas, sequías, años buenos, años malos… por lo que se les presupone una gran resistencia a todo tipo de condiciones” comenta la experta, en referencia a los posibles efectos adversos derivados del cambio climático, en una suerte de “selección natural” en detrimento de los viñedos más nuevos que se suelen adquirir en los viveros.

Por ejemplo, ante un futuro escenario de falta de agua, los científicos podrían recurrir a aquellas vides con capacidad de enraizar más rápidamente o, para evitar las heladas, seleccionar las plantas con una maduración del fruto más veloz.

Otro de los objetivos del proyecto de investigación de Ossian ha sido el estudio de la maduración de la uva a través de sus precursores aromáticos.