Juan Antonio García, ganadero ovino en Arroyo de Cuéllar.

El sector ovino vive momentos de incertidumbre como el resto de la ganadería, la agricultura y casi cualquiera que se analice en tiempos de encarecimiento, de crisis energética y de balances entre ingresos y gastos que muchas veces no salen. Pero el trabajo bien hecho tiene reconocimiento y es lo que le ha pasado a Juan Antonio García, que con una trayectoria asentada en el sector ovino, recibía dos galardones en Ovinnova, el salón profesional del ovino, que se celebró en Zamora. 

Cuenta Juan Antonio, cuya explotación ovina se encuentra en la localidad de Arroyo de Cuéllar, cómo es el transcurso de esta feria bianual en la que se trata de presentar las últimas novedades del sector tanto en tecnología como en el campo de la alimentación del ovino; además se hace una exposición de animales y una subasta. Como cuenta Juan Antonio, pertenece a la Asociación Nacional de Ovino Raza Castellana, y el concurso morfológico de la raza valora los ejemplares con jurado externo. De dicha valoración de este año ha salido vencedor El Navazo: en la categoría de mejor lote de moruecos -carneros con dos años de vida en adelante- ha sido el vencedor. Valorados todos los conjuntos que se presentan en total, Juan Antonio ha recibido el  reconocimiento a mejor ganadería de oveja castellana.  El ganadero muestra su satisfacción ante galardones que llegan a un sector de tanto esfuerzo; “está bien que te reconozcan el trabajo realizado durante los años”.

COSTES INSOSTENIBLES

El Navazo cuenta ahora mismo con 570 cabezas en su explotación, en las que hay oveja castellana y merina. El sector se encuentra, como todos, en una tesitura complicada por los precios. A pesar de que el de venta del cordero y el lechazo “no son malos”, como explica el propio Juan Antonio, “el problema está en los precios de energía y alimentación de los animales”. Asegura que el precio de los piensos se ha multiplicado, en muchos casos, por 2,5. El coste de la luz  “sabemos todos cómo está y nos afecta como al resto”, reconoce. Pero también se suma el de los combustibles; “no es un gasto muy elevado en el sector, pero el de la electricidad es básico”, señala. Reitera las dificultades que tanto él como compañeros suyos sufren con el coste energético cuando han visto cómo se duplicaba la factura de la luz de su explotación.  “Hemos pasado de pagar 240 euros por tonelada de pienso a 520, más del doble de lo que estábamos pagando hace dos años”, detalla en cuanto a la alimentación de sus cabezas. Y como en la mayoría de sectores, como reconoce, “no podemos repercutir los gastos al cliente final, porque entonces quién va a comprar cordero cuando el poder adquisitivo de la gente es el que es”. Explica que les cuesta producir un cordero casi el doble que años anteriores, pero esta subida no se puede repercutir directamente al cliente. Asevra que sí se aprecian subidas en las lonjas pero son “parecidas a las de otros años en esta época en que te acercas a Navidad, que es buena fecha para el lechazo”, señala. La conclusión a la que llega el ganadero es que se está vendiendo el cordero o lechazo al mismo precio que otros años, pero con el doble de costes.

Así, las consecuencias para muchos compañeros de sector han sido inevitables: “muchos han optado por cerrar las ganaderías”, confiesa. Afirma que los datos revelan que durante este año se ha perdido un 20% de la cabaña ovina de Castilla y León. Los ganaderos de la zona resisten como pueden, y recontando queda él en Arroyo de Cuéllar, dos en Cuéllar,  dos en Chañe, una en Narros y dos en Pinarejos; tanto en Gomezserracín como en Campo de Cuéllar han desaparecido las existentes. “Se van manteniendo los que estamos desde hace cuatro o cinco años, pero van desapareciendo”, reconoce. Y para la provincia, asegura, no son datos del todo malos puesto que no es de las provincias que más ha sufrido; son Valladolid y Palencia las que más lo han notado. Se suma además, para el sector de carne ovina, la terrible sequía que ha asolado el campo este año y que también ha repercutido en dificultar la situación.

Aunque hay que mantener la positividad de ganaderos trabajadores y luchadores como Juan Antonio, él es claro cuando habla del futuro a corto plazo: los precios bajarán en enero, pasadas las navidades, y será otro momento tremendamente difícil “que obligará a tomar decisiones drásticas”.  “No se ve que los piensos vayan a bajar el coste en un corto periodo, por lo que, a corto plazo, no se ve luz al final del túnel”, reconoce. Directamente relacionado con el consumo eléctrico que analizaba antes, si ese coste no baja para una fábrica de piensos “donde el coste es brutal”, esto repercute negativamente y es el consumidor final quien no lo puede admitir.

LA LANA Y SU USO SOSTENIBLE

Además de mantener su explotación, Juan Antonio busca que el sector sobreviva dignamente y evolucione eliminando todo aquello que no aporta a su subsistencia. Es por ello que en ocasiones es necesario retrotraerse a prácticas más antiguas. Así explica cómo se ha vuelto a sacar provecho de la lana, que hasta hace cuatro años consideraban un residuo. “Dimos vueltas a qué hacer con la lana, porque en muchas explotaciones era un ingreso, y ahora resulta que es un estorbo, en muchos casos un gasto”, indica. Deshacerse de la lana es tarea laboriosa: está catalogada a nivel europeo como residuo Sandach, la misma catalogación que los cadáveres de las explotaciones.  Juan Antonio conoció a Javier y Esther, creadores de ‘dLana’, que se dedican a la transformación de este material tan sostenible. Son ellos quienes ahora convierten la lana que sale de esquilar a las cabezas de Juan Antonio en material 100% ecológico: ovillos de lana con su procedencia en la etiqueta. Cuando descubrieron que su lana castellana no envidiaba nada a la de mayor calidad, se dio el paso a comercializarlo y, se volvió a comprobar otra cuestión: se estaba importando lana de países como Irlanda de mucha peor calidad que las lanas castellanas.

Es así como el aprovechamiento de todo el animal hace volver a los orígenes de la ganadería y eliminar intermediarios. “Queremos cerrar el círculo, aprovechar todos los recursos de nuestras explotaciones”,  explica el ganadero. Buscan que sea el productor quien venda su producto, para así dar un valor añadido al producto.