Los más pequeños conocieron esta semana a los cabezudos que corrían tras sus padres hace años. /FRANCISCO SÁNCHEZ VIRAZ
Los más pequeños conocieron esta semana a los cabezudos que corrían tras sus padres hace años. /FRANCISCO SÁNCHEZ VIRAZ

La fiesta de los gigantes y cabezudos es una tradición histórica que tiene su origen en España en la Edad Media. En el Real Sitio de San Ildefonso, el Rey, la Reina, el Negro… son los primeros de cada acto de fiestas, los que recuerdan que es tiempo de alegría y de compartir la calle. La Asociación Cultural Gigantes y Cabezudos del Real Sitio nace con la ilusión de trabajar por no perder esta fiesta, de investigar su origen y significado, y de animar a todos a la participación. Jóvenes a quienes les unieron tantas carreras delante de los cabezudos, buscan hoy el origen de la tradición. Desde la misma afirman que “los gigantes y cabezudos son la infancia abriendo las puertas de la fiesta”. “Algarabía, carreras en las mañanas de las fiestas de San Luis de La Granja o del Rosario en Valsaín”, recuerdan.

Y esta semana han mostrado los primeros resultados de su labor de recuperación de otra seña de identidad del Real Sitio. Las calles de La Granja acogieron la conmemoración del 60 aniversario de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, con la presentación de los recién restaurados ‘La Loba’, ‘El Paleto’ y ‘El Ogro’, que aunque no son los originales, han sido devueltos a la vida gracias al artesano pamplonés Jesús María Ganuza, experto en la materia, y que el año que viene continuará con la restauración de los sí originales ‘Popeye’ y ‘Dolores’. El miércoles fue un día de fiesta y de recuerdos para muchos granjeños, como Javier, integrante de la Asociación de Gigantes y Cabezudos, que se acordaba del sonido que le levantaba de la cama cuando era pequeño en las fiestas del Real Sitio. En la memoria de todos los granjeños quedan unos gigantones ligeros que danzaban tocando el cielo y unos quisquillosos cabezudos de los que zafarse. Y para Javier la fiesta fue doble, ya que en la misma se homenajeó a las dos primeras costureras de la comparsa, una de ellas su abuela, María Socorro Rueda del Pozo, ya fallecida, e Isabel Navarro Gómez, que con sus 92 años, recibió un cálido abrazo de los granjeños. También fueron homenajeados Manolo Marcos y Fermín Gala, que hicieron disfrutar de los gigantes y cabezudos a varias generaciones.