Un toro de la ganadería de Miura sale con la cara arriba de un muletazo del diestro salmantino Domingo López Chaves. / A.M.
Un toro de la ganadería de Miura sale con la cara arriba de un muletazo del diestro salmantino Domingo López Chaves. / A.M.

La integridad del toro fue la seña de identidad del ciclo cuellarano. La presentación, impecable. Los detalles, cuidados al milímetro. Un completo fin de semana que tomó vértigos con el envío de Partido de Resina del sábado y concluyó con la acrofobia de Miura: toros con caja, altos, largos y mucha cara. Uno llegó incluso a saltar las tablas y pasearse por el callejón. Con todo esto, no faltó la emoción y alguno ya deslizó la idea de que al año que viene se repita la apuesta.

Al término de la tarde sonó la banda sonora de ‘Gladiator’. Tres toreros se fueron a pie del coso cuellarano después de lidiar con la casta y el genio de Miura. Domingo López Chaves pudo hacerlo en hombros de haber estado más certero con la espada, aunque dejó una importante dimensión. Y es que las canas las peina el viento, pero lo cierto es que la experiencia es un grado (o un doctorado); y más con este tipo de toro. Las arrugas en la frente del salmantino acentúan su sonrisa de confianza, sabiendo que está en un momento para disfrutar de la profesión. Maduro, entregado y con valor. Rafael Rubio ‘Rafaelillo’ estuvo ‘hecho un tío’ con el primero de la tarde, aunque después le faltó estar a la altura de otro toro que también fue complicado. Javier Herrero, en su debut con los ‘miura’, estuvo confiado y entregado; siendo cogido en dos ocasiones.

Acucharado de cuerna, negro zaino, alto e imponente, el segundo fue de lo más propicio para la lidia. Lo recibió López Chaves con una larga cambiada en el tercio y después lo cuidó tanto en varas como en la muleta. Lo que son los años y el buen momento que atraviesa… El salmantino firmó una faena de madurez, en la que se gustó y llegó incluso a pegar pases relajado. Muy valiente estuvo ante un toro de buena condición. Espadazo a la segunda y oreja.

Culto al tercio de varas

Espectáculo en todos los tercios el que ofreció López Chaves y su cuadrilla ante el cárdeno, zancudo y bravo quinto. Bernal puso al público en pie tras picar con torería y sin excesos al toro, que metió con brío los riñones. Culto al tercio de varas. Fue la lidia más completa del ciclo cuellarano. En la muleta el diestro charro fue un termómetro de bravura. No regaló nada el astado y el torero sacó un par de naturales de nota. El falló a espadas dejó todo en una ovación, igual que para el toro; aunque alguno pedía la vuelta al animal como Garamendi los indultos.

El primer toro de la corrida de Miura saltó al callejón sembrado pánico. / A.M.
El primer toro de la corrida de Miura saltó al callejón sembrado pánico. / A.M.

Salto al callejón

Se estrelló contra el burladero el toro que abrió plaza. Zancudo, agalgado, largo, alto y con un cuello como un tranvía barbeó tablas y pronto desarrolló sentido. Fue de caballo en caballo como una bola de paintball hasta recibir siete picotazos sin dar emoción a la suerte de varas. El albero todo suyo; incluso el callejón: saltó como el mejor Yago Lamela. Causó auténtico pavor. Medía lo que Rafaelillo, pero el murciano estuvo ‘hecho un tío’. Tragó con el miedo y llegó a meterlo en el canasto a base de oficio y dominio. Comenzó tocándole las orejas y le sacó pases para la galería de lo que es lidiar. Ovación de mucho mérito.

Rafael Rubio ‘Rafaelillo’ tira de oficio para lidiar un complicado toro de Miura. / A.M.
Rafael Rubio ‘Rafaelillo’ tira de oficio para lidiar un complicado toro de Miura. / A.M.

Lo bonito que tuvo el sardo claro con el que se pasó el ecuador del festejo, lo tuvo de complicado. Fue una locomotora que solo iba de frente. Exigente, lanzaba gañafones en cada salida de las suertes. Se dobló Rafaelillo con él, pero fue imposible la conjunción, pese a que comenzara a sonar la banda de música en un momento que sonaba más a infortunio. En este caso no fue la banda sonora de ‘Gladiator’.

Javier Herrero, prendido por el tercer toro de la tarde. / A.M.
Javier Herrero, prendido por el tercer toro de la tarde. / A.M.

Entrega de Herrero

Como si llevara una veintena de corridas de Miura recibió Herrero al primero de su lote. Debutaba con el hierro de Zahariche, pero lo cierto es que lleva una carrera entera en la casilla de las corridas ‘duras’. Ahí estuvo templado a la verónica para saludar a un toro largo, huesudo, con cara y serio. Lo puso tres veces en el penco del caballo, dos de ellas desde la boca riego, gesto que agradeció el aficionado. En la muleta el toro, muy pegado al piso, se venía directamente al pecho del cuellarano que resultó cogido, sin aparentes consecuencias. Un prenda. Abrevió, pero el animal seguía entero y cada vez que entró a ejecutar la suerte suprema echó la cara arriba.

Despejado de mente volvió el cuellarano a la cara del segundo de su lote: cárdeno, largo y de mirada fija. Entregado y muy de verdad estuvo Herrero ante otro exigente toro de Miura, que entró con fuerza al caballo. De uno en uno, dejó muletazos de calidad pese a que el animal echaba siempre la cara arriba. Se tiró con todo a matar y cobró un fuerte varetazo. La disposición del diestro local fue reconocida con una calurosa ovación.

El cuellarano Javier Herrero torea al natural a un exigente ejemplar de Miura. / A.M.
El cuellarano Javier Herrero torea al natural a un exigente ejemplar de Miura. / A.M.

La ficha

Plaza de toros de Cuéllar. Segunda de feria. Cerca de tres cuartos del aforo total. Toros de Miura, bien presentados, altos, con caja y exigentes y complicados. El quinto destacó por su bravura. 

Rafael Rubio ‘Rafaelillo’, ovación tras aviso y silencio.
López Chaves, oreja y ovación.
Javier Herrero, silencio y ovación.

Saludó en banderillas Alberto Román tras parear al sexto.

GALERÍA | Los imponentes toros de Miura, en imágenes