Alcaldesa en Aguilafuente
Intervención de la alcaldesa de Aguilafuente, María Luisa López Rodríguez, en el acto conmemorativo del XX Aniversario del Aula Arqueológica.

El día 26 de octubre el Aula Arqueológica de Aguilafuente cumplió 20 años desde su inauguración oficial. Para conmemorar esta efeméride, el pasado sábado 23 de octubre se celebró en el propio centro expositivo un acto muy emotivo conducido por la concejala de Cultura, Claudia Mateo, en el que intervinieron la actual alcaldesa de Aguilafuente, María Luisa López, el arqueólogo territorial, Luciano Municio, además de Josefina Aragón, amiga y compañera durante varios años, en calidad de antigua funcionaria del ayuntamiento de Aguilafuente y en representación de los habitantes de la localidad.

El haber sido testigo de excepción en aquella inauguración en 2001 y en este reciente acto conmemorativo han servido de estímulo para compartir en este medio algunos recuerdos y reflexiones acerca del contexto y la situación del Aula en uno y otro momento, separados por un lapso de dos décadas, el primero desde una óptica personal, como no podía ser de otra manera, al vivir en primera persona el arranque del Aula Arqueológica y los primeros compases de su andadura, y el segundo desde una visión objetiva a la vista de los resultados conseguidos por el actual equipo gestor.

Hace 20 años una de las preguntas que rondaba por mi cabeza desde que, días antes de la inauguración, se me confiara la responsabilidad de gestionar el Aula, era cómo demonios íbamos a colocar este nuevo centro expositivo en el mapa y qué estrategias de difusión y divulgación íbamos a seguir para tratar de atraer visitantes a Aguilafuente con el reclamo del turismo arqueológico. Una pregunta en absoluto baladí, puesto que una vez pasaran los fastos y la lógica inercia derivada de la inauguración, que la hubo en alto grado, para todos los implicados constituía una auténtica incógnita saber cuál iba a ser la respuesta del público en los meses siguientes. En ese sentido, la villa romana de Santa Lucía, el yacimiento que había constituido el leitmotiv para la creación del Aula, resultaba inviable como recurso complementario del Aula, al encontrarse sin señalizar, sin accesos y en un estado de conservación lamentable, pese a haber sido objeto de restauración en 1993.

De entrada, una de las premisas en mente era la de ofrecer una visita guiada de calidad, susceptible de ser enriquecida en contenido con el paso del tiempo. También se apostó por un potente recurso promocional que ya comenzaba a despuntar y que no había sido objeto de utilización a nivel municipal, como era Internet, para lo cual procedimos a contratar un dominio y un servicio de hosting para la posterior creación del primer sitio web oficial que tuvo el Ayuntamiento de Aguilafuente, que incluía una sección específica para la difusión del Aula Arqueológica y los demás recursos turísticos del municipio. Del mismo modo, pocas semanas después la localidad tuvo presencia en INTUR, un certamen en el que fue habitual la presencia de Aguilafuente en los años siguientes. Para la ocasión ya se habían diseñado unos trípticos turísticos que tuvieron su estreno en dicha feria y que fueron objeto de una nueva maquetación pocos meses después. Por supuesto, se inició una campaña de mailing entre los centros de enseñanza y asociaciones de Segovia y Valladolid, así como otra de visitas de promoción a las por aquel entonces no muy numerosas casas rurales de la comarca. Todo ello redundó en pocas semanas en una respuesta muy aceptable y en un flujo continuado de visitas. A partir de ahí resultó clave el efecto generado por el boca a boca, conduciendo a que nuevos visitantes “entraran en el juego” y a que cada semana fueran constantes las visitas de turistas y amantes de la arqueología, muchas veces investigadores del mundo romano o visigodo que recalaban para saciar su curiosidad innata. En suma, se llevó a cabo un trabajo secuenciado e intenso que permitió contabilizar en aquellos años cifras de varios millares de visitantes anuales.

Sin duda, considero a ese periodo como de crecimiento personal, tanto en lo humano como en lo profesional. La acogida entre los habitantes de Aguilafuente fue excepcional desde el primer momento, tanto por parte de los residentes habituales como por las numerosas personas con vínculos familiares que volvían de manera recurrente cada puente festivo o en vacaciones, fundamentalmente desde Madrid. En Aguilafuente encontré un cariño especial, una hospitalidad sin límites, amigos que sigo conservando y una extraordinaria valoración hacia todo lo que llevé a cabo como parte de mi cometido laboral, estímulos todos ellos que contribuyeron a que me esforzara por mejorar. Por lo que respecta al terreno profesional, pese a tener una licenciatura en Historia, aquellos años me dieron la oportunidad de profundizar en el mundo de la arqueología romana y visigoda gracias a las visitas periódicas de múltiples profesores universitarios, expertos y colegas, y de seguir formándome con estudios de doctorado que condujeron a la realización de una tesina monográfica sobre el yacimiento de Santa Lucía, felizmente publicada. Una llama, en fin, que prendió en mí de tal modo que hasta hoy día no he perdido nunca la pasión por la investigación, manteniendo una inquietud constante por el estudio de múltiples asuntos relacionados con la Historia, la Arqueología y el Arte, cuyo reflejo son los trabajos de investigación publicados hasta la fecha y toda una panoplia de actividades relacionadas con el Patrimonio en Íscar (Valladolid), mi localidad de residencia.

En resumen, todo un cúmulo de vivencias, resumidas de un modo muy apresurado, que seguramente ahora permitirán entender por qué concluí mi breve intervención en el acto conmemorativo del pasado sábado proclamando “sin Aguilafuente, sin los años que pasé trabajando en su Aula Arqueológica, sería incapaz de comprenderme a mí mismo”.

Eso en cuanto al pasado. Porque en relación con el presente mi visión no puede ser más que positiva, se mire por donde se mire, gracias al trabajo desarrollado por una nueva generación. La labor que lleva realizando desde hace casi diez años la actual gestora, Laura Frías, ha permitido al Aula convertirse en el máximo exponente en la difusión y divulgación de la arqueología romana en Segovia. A ello se une otro hecho clave, como ha sido la vuelta de las excavaciones arqueológicas al yacimiento de Santa Lucía en 2018, permitiendo que el viejo sueño que un día tuvimos algunos se viera cumplido: la existencia de un trasvase de conocimiento y de resultados de investigación entre el yacimiento y el Aula Arqueológica, generando así una actualización constante de su contenido expositivo. Pero no queda todo ahí, ya que ha existido una estrategia muy clara de difusión en redes sociales, dotando de visibilidad al Aula y el yacimiento, y logrando un adecuado posicionamiento como producto turístico. Finalmente, el centro expositivo ha cumplido con una función de suma importancia, como es la de contribuir a la dinamización del tejido social y cultural de Aguilafuente, implicando a colectivos de todo tipo en las distintas actividades programadas a lo largo del año: talleres, jornadas monográficas, juegos, etc.

En definitiva, transcurridos veinte años desde su inauguración, el diagnóstico actual no puede ser más edificante y alentador. Se puede decir con total propiedad que el Aula Arqueológica de Aguilafuente no solamente goza de muy buena salud, sino que está más viva que nunca. Teniendo en cuenta la hoja de ruta seguida hasta la fecha por el actual equipo de gestión no es de extrañar el lanzamiento de nuevos proyectos de cara al futuro, propuestas que, a buen seguro, contribuirán a consolidar su posición como referente en la difusión de la arqueología segoviana.


(*) Responsable del Aula Arqueológica de Aguilafuente entre 2001-2005, Licenciado en Geografía e Historia, Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología y autor del libro ‘La villa romana y la necrópolis visigoda de Santa Lucía, Aguilafuente (Segovia). Nuevas aportaciones para su estudio’.