Una de las esculturas que se podrá ver este fin de semana./E.A.
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El próximo fin de semana, el escultor pedrazano José Álvaro y la artista navarra Julia Cenoz expondrán sus obras en @RueMareque, un espacio que la diseñadora de moda gallega Helena Mareque ha levantado sobre las ruinas de una de las doce casas que conformaban el pueblo deshabitado de Aldealafuente. La exposición tendrá lugar este sábado 19 de septiembre, de 10 a 20 horas, y el domingo 20, de 10 a 14 horas, y en ella se podrá contemplar la obra de artistas que emplean técnicas dispares pero que comparten una decidida vinculación con la naturaleza.

José Álvaro aprendió a “jugar con el fuego y dominarlo” gracias a su padre, el herrero de Pedraza. De formación autodidacta, los inicios de este escultor en el mundo del arte arrancaron con trabajos en estaño para, poco después, pasar a realizar creaciones en forja y madera, materiales nobles que utiliza para concebir no solo formas sino también transmitir sensaciones que consiguen atrapar al espectador. El trabajo que ahora presenta se materializa en esculturas de hierro forjado que se alzan etéreas juntos a bloques de madera que se cortan y reencuentran en espacios imposibles.

Para concebir sus artísticos lienzos, Julia Cenoz recurre a la estampación textil, técnica que, como reconoce, “mucho tiene de mágico y poco de mundano”, pero gracias a la cual consigue tanto expresarse como canalizar sus emociones. A través de este proceso artesanal, que realiza con pigmentos naturales, sin sustancias tóxicas, Julia persigue captar no solo el color y la forma de la naturaleza, sino también su esencia, buscando reflexionar sobre el verdadero significado de la tierra y su relación con el hombre. Según Julia Cenoz, “en cada una de mis obras, el tiempo se detiene y como resultado se crea algo único e irrepetible, libre de todo mal”.

@RueMareque materializa un proyecto vital de la diseñadora de moda Helena Mareque, quien, hace unos años recaló en Aldealafuente, barrio de San Pedro de Gaíllos que durante los años 60 sufrió los efectos de la emigración y que desde 1976 se encuentra deshabitado. “La primera vez que vi esta aldea eran unas simples piedras flotando entre amapolas y un cielo azul”, afirma la diseñadora. “Me cautivó la naturaleza, y unas piedras que sugerían las grandes posibilidades de volver a darle vida”. Y así, tras un exquisito proceso de recuperación de un grupo de casas en ruinas, levantó un espacio multidisciplinar, abierto a acoger diferentes iniciativas culturales y sociales que contribuyan al renacer de Aldealafuente.