Casa de Arrieros restaurada.

Sangarcía es un pueblo cuya última parte de su historia, a partir de 1700, es intensa y pródiga en acontecimientos y actividades de éxito. Un éxito que hoy se prolonga con el mantenimiento y mejora de una arquitectura única en Segovia, fiel a sus orígenes, como única es también la configuración de su caserío.

En el año de 1998, el Ayuntamiento de Sangarcía logró publicar, con las colaboraciones de la Junta de Castilla y León, Diputación Provincial de Segovia, Fondos Estructurales de la Unión Europea, Proder-Adescom Santa María la Real de Nieva, Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación y Obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros de Segovia, un volumen de 158 páginas dedicado principalmente a poner en valor y difundir un patrimonio arquitectónico único en toda la provincia de Segovia.

Se trata de una obra muy recomendable no sólo para los vecinos y allegados a este municipio, sino para los interesados en nuestra cultura, porque esta obra contiene información histórica, social, arquitectónica, también acerca de su archivo y otras peculiaridades, que se presenta bien dosificada para hacernos una idea de los valores de la sociedad de nuestros inmediatos antecesores.

Como su título indica, está dedicado este libro al patrimonio arquitectónico de Sangarcía, si bien otras localidades comarcanas, como Etreros, Cobos de Segovia, Bercial, Marazuela, Marazoleja y Marugán, comparten, en distintas proporciones, el fenómeno social que lo creó, la arriería, y así lo testimonian las edificaciones que mantienen su configuración original.

La publicación es óptima en su integridad e imperecedera, lo que no obsta para que, desde aquel año de 1998 hasta nuestros días, hayan ocurrido muchos episodios que han afectado a nuestra sociedad, a nuestros pueblos en los ámbitos de su arquitectura y de su sociedad. Aquí se señalan algunos referidos a esta localidad.

Disparates constructivos

Desde aproximadamente 2002 hasta 2009, aprox., en España se desató una fiebre constructiva que afectó a ciudades, barrios, pueblos, urbanizaciones y otros enclaves.

Pasada esta locura, podemos comprobar cómo para algunos pueblos ha resultado devastadora e irreparable. Sólo apuntaré un hecho. Aquel por el cual un Ayuntamiento, de pueblo o de ciudad, autoriza la construcción de bloques de pisos o apartamentos, en el mismo solar donde antes había una vivienda unifamiliar con sus edificaciones anejas. Esto constituye en sí mismo una perversión social que ha sido amparada e impulsada por nuestros representantes en las instituciones, con los bancos de la mano. En todas partes los constructores y los particulares han tenido barra libre para que, sin atender a otra consideración que no sea la de su ganancia, edificar de la manera más beneficiosa para su bolsillo. No voy a dar nombres, pero los pueblos están ahí, desfigurados, desnaturalizados con un rosario de problemas de difícil o imposible solución en muchos ámbitos. Problemas de abastecimiento, de espacio público, de movilidad y de integración social, entre otros.

El pueblo de Sangarcía no participó de esta orgía constructiva. Hubo algún amago de proyecto de urbanización ya en las afueras del caserío, anunciada con un cartel en el mismo terreno, pero se desvaneció. Puede que la falta de demanda contribuyera, porque es verdad que Sangarcía ha experimentado, como casi la totalidad de pueblos de la provincia, una sangría de población que aún no ha sido restañada. Y esto, que parecía una condena hacia la insignificancia, constituye ahora su mejor amparo y se pone de manifiesto en la actualidad con la paulatina actualización de su patrimonio arquitectónico en los frentes que se tratan a continuación.

Actualización del patrimonio

El catálogo de edificios tratado en la antedicha publicación se ha visto superado por las numerosas actualizaciones de edificios históricos, sobre todo casas de arrieros, que antes permanecían semiocultos, aunque íntegros, como a la espera de una intervención de rescate. Estas reformas se han hecho, en todos los casos, con fidelidad, rigor y respeto total a todos los elementos que componen la fisonomía de las fachadas, tejados, dimensiones y otros componentes del exterior de cada edificio. Es un mérito propio de sus dueños y de todos los que, directa o indirectamente, han participado en este proceso.

El resultado es que Sangarcía ha aumentado y mejorado considerablemente un patrimonio de arquitectura tradicional que ahora luce en armonía; consolida además su identidad y todo ello sin renunciar a los avances y comodidades que se incorporan en el interior de cada vivienda.

Esta puesta al día de edificios tan valiosos redunda en el disfrute colectivo que surge de la observación de sus calles y fachadas. Cada fachada histórica es un compendio de información y, cuando aquellos que lo conocen te lo explican, te hacen partícipe de su aprecio. Desde aquí les enviamos nuestra más sincera enhorabuena a estos vecinos.

Nuevas edificaciones

A pesar de la mencionada pérdida de habitantes, Sangarcía recompone su caserío, lenta, pero acertadamente. Las nuevas viviendas se levantan con las mismas proporciones que sus linderas, su misma altura, en consonancia y continuidad. Asimismo, en aquellos casos que esto es posible, con el aprovechamiento de dinteles, maderas y otros elementos del edificio precedente, con lo que lejos de apartarse o desmerecer de lo viejo, añaden más valor y armonía a un conjunto armonioso y perfectamente integrado.

Y otro hecho que llama la atención es la construcción de viviendas que, por partir de cero, no pueden servirse de elementos anteriores. Es aquí donde se pueden observar un conjunto de casas que comparten medidas, revocos, arcos esgrafiados y ladrillos con tan buen gusto y acierto que atraen la mirada y cautivan la atención.

Sangarcía tiene la gran suerte de que, en su caserío original, no sólo el centro, no ha se construido ningún bloque de pisos, de apartamentos o edificaciones que hayan perturbado los parámetros y proporciones que se corresponden con la arquitectura tradicional. Aún falta por recuperar un conjunto de edificios históricos que afortunadamente no sufren ningún daño o menoscabo irreparable.

Futuro que ilusiona

Uno se imagina Sangarcía con todos sus edificios históricos actualizados, con el mismo acierto y buen hacer antedichos, y ahí podemos ver un pueblo comparable, o superior en su especialidad, con cualquier otro de los que hoy figuran como los pueblos más bonitos de España. Sangarcía es un pueblo que se enseña; y que gusta. Su relieve y la configuración de sus calles y plazas invitan a disfrutarlo con tranquilidad y provecho, porque no existe ningún elemento que altere esta percepción.

Como es otro ejemplo de buen hacer, traigo a colación el pueblo de Sotosalbos. En este caso es un pueblo medieval, pero que también se ha librado de los antedichos disparates constructivos y hoy es una localidad, bella, agradable, visitada y… muy cotizada, al contrario que los pueblos que participaron en la edificación desenfrenada ¿tiene algún atractivo un bloque de apartamentos atosigado de vehículos?

Otro dato que nos pone sobre aviso en cuanto a valor y precio. En Sangarcía apenas hay letreros con anuncios de venta de edificios… mientras en los pueblos devastados por los termiteros proliferan por doquier. Esta resistencia de Sangarcía traerá sus frutos y, si sigue por esta senda, más pronto que tarde llegará a la cotización que valore todos estos méritos. En la actualidad ya es un lugar muy grato de visitar por los motivos señalados, pero a estos hay que añadir los componentes históricos, culturales y sociales. Constituye un hecho singular como asentamiento de los arrieros y sus vinculaciones con la Abadía de Párraces, lugar con el que estuvieron conectados varios pueblos de esta zona. Un mundo por descubrir.