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Imagen de una de las carpas instaladas en El Espinar para el invierno. / E.R.

Desolación. Esa es la palabra que define la moral de la mayoría de los hosteleros de la localidad de El Espinar. El nuevo cierre de interiores decretado por la Junta de Castilla y León ha supuesto un mazazo para la economía de todos después de pasar una Semana Santa “penosa” por la falta de clientes.

“No nos dejan trabajar. Tengo tres hijos y este nuevo cierre es una vuelta hacia atrás. Te comes la cabeza pero no podemos hacer nada. Por suerte, la persona que nos alquila el local ha entendido la situación y no nos cobra el alquiler, algo que se agradece mucho, pero necesitamos trabajar”, explica Raúl, dueño del restaurante ‘Jara’ de San Rafael que asegura que lo último que van hacer es tirar la toalla y que ya está organizando comidas para llevar los fines de semana para intentar subsistir.

“Cuando las cosas se hacen bien la hostelería es segura”

Algo similar le ocurre a Isabel Codina, dueña del restaurante El Espino que se encuentra en el núcleo de El Espinar. “Tenemos el ánimo bajísimo y un disgusto total porque la hostelería no es la responsable del aumento de casos nuevos. Cuando las cosas se hacen bien la hostelería es segura”, asegura Codina que al no tener terraza de invierno se ha visto obligada al cierre total.

Y es que este cierre es el cuarto que sufren los hosteleros espinariegos que, además, echan mucho de menos a los clientes madrileños. “El cierre perimetral es lo que verdaderamente nos está matando. Por mucho que los espinariegos quieran ayudar nosotros vivimos de los madrileños y del turismo y eso lo hemos notado mucho en Semana Santa”, apunta Codina que cuantifica las pérdidas en más de 30.000 euros desde que se iniciara la pandemia.

“El restaurante del Alto de los Leones está saturado, rechazan más de 50 clientes cada fin de semana”

Mariano, dueño del restaurante Volvoreta, uno de los más grandes de San Rafael, también echa en falta a los madrileños a pesar de que su establecimiento se mantiene abierto por tener terraza. “Nosotros no vamos a volver a cerrar aunque estar abiertos nos cueste casi dinero. El lunes de pascua dimos 15 comidas cuando lo normal habría sido dar entre 100 y 150. No hay clientes. Los fines de semana son una ruina y no hacemos ni 200 euros de caja. El cierre perimetral nos está ahogando. El restaurante del Alto de los Leones está saturado, rechazan más de 50 clientes cada fin de semana y nosotros que estamos a nueve kilómetros no podemos trabajar”, asegura Mariano muy enfadado con la situación.

Otros como ‘Nuestro Bar’ o ‘El Manso’ han optado por invertir en carpas desmontables para aguantar y seguir abiertos. “Estamos abiertos porque no nos queda otra pero esto es una ruina. Cinco desayunos, un par de cervezas y las tres meriendas de siempre es nuestro día a día. Estamos pagando las irresponsabilidades de muchos sin tener la culpa de nada”, explica otro hostelero que prefiere no revelar su nombre.

“Estamos recogiendo los datos del puente de San José pero pronto saldrán los contagios de Semana Santa”

La desolación es máxima pero el enfado es mayúsculo después de haber visto las plazas, los jardines y las pistas polideportivas llenas de gente sin mascarilla durante las vacaciones. Concentraciones de jóvenes sin respetar las normas sanitarias y reuniones no autorizadas en interiores han sido la tónica de esta Semana Santa. “Estamos recogiendo los datos del puente de San José pero pronto saldrán los contagios de Semana Santa”, asegura Codina.

Desde el Consistorio espinariego se solidarizan con el sector y apuntan a que habría que plantear otras medidas alternativas teniendo en cuenta otros problemas que se vienen repitiendo como las fiestas y reuniones ilegales tanto en domicilios como en la calle.