fuentepelayo octava
Imagen de la balconada que se ha decorado para la ocasión por parte de la Fundación Caja Cega-CajaViva.

La fiesta de La Octava del Corpus en Fuentepelayo ha servido para hacer visibles elementos históricos de la villa junto a aspectos tradicionales inherentes a lo que significa para el vecindario esta celebración religiosa con tanto arraigo y con tanta belleza.

La festividad de La Octava,sin duda alguna es un monumento viviente de un gran valor histórico y de un sentido religioso que está íntimamente grabada en lo más hondo de los corazones del vecindario”, tal y como lo definía el párroco de la villa Sebastián Arribas allá por el año 1984 en su libro sobre Fuentepelayo. Es una forma inigualable de exaltación al Santísimo y es el mejor momento para que, tanto los habitantes del lugar como quienes en la semana del octavario se acercan hasta este pueblo para ser partícipes de dicha fiesta ofrezcan lo mejor de sí mismos.

Por segundo año consecutivo, la situación sanitaria actual no permitirá procesionar esa custodia del siglo XVI original del orfebre Diego de Olmedo, ni las cruces parroquiales atribuidas a Francisco Ruiz y a Antonio de Oquendo. Tampoco el vecindario podrá disfrutar de las habituales danzas y paloteos del grupo folklórico de la localidad.
Desde tiempos inmemoriales, los balcones de las calles por donde transcurría la procesión lucían sus mejores galas con pañuelos de manila, colchas de ganchillo y todo tipo de materiales ornamentales.

Después, se cambiaron las costumbres y se optó por cubrir dichas balconadas con banderas nacionales, sin descartar otras formas de embellecimiento. Ese ha sido el caso por el que ha optado el patronato de la Fundación Caja Cega / Cajaviva. En los tres balcones que tiene su sede social en la Plaza Mayor de la villa han estrenado una espectacular decoración con la implantación de un repostero y dos gallardetes realizados en exclusividad por una empresa sevillana.

La particularidad viene dada al haber utilizado estampaciones de diferentes plafones existentes en el techo del sotocoro de la iglesia parroquial de Santa María la Mayor del pueblo. Son elementos arquitectónicos de la teología icónica en los que se pueden apreciar rasgos antropológicos e históricos de la España de aquella época.

El plafón más llamativo hace referencia al dogma cristiano de la Santísima Trinidad tricéfala (Vultus Trifrons). Esta iconografía fue considerada herética y prohibida por la iglesia católica. Gracias a estos elementos decorativos y ornamentales exhibidos por la Fundación Caja Cega-Cajaviva, el vecindario podrá conocer en mayor profundidad a través de su visualización una de las escasas representaciones de este tipo conservadas en España. Hay que alabar esta iniciativa emanada del patronato de la Fundación que pone de manifiesto el compromiso de esta institución con el sentimiento de los habitantes del lugar.