Reparto del cocido en Valseca. / Guillermo Herrero
Reparto del cocido en Valseca. / Guillermo Herrero

“Los de Valseca son los mejores garbanzos; los más mantecosos, los más suaves”, sostenía David Fernández, de Madrid, mientras daba buena cuenta de un cocido. El resto de los comensales sentados a su mesa asentía con la cabeza, aunque sin decir ni pío, en una prueba irrefutable de que el plato elaborado por el popular cocinero Julián del Barrio estaba ‘rico, rico’, que diría Carlos Arguiñano.

Este año, el tiempo se alió con Valseca. Concedió una jornada magnífica, propiciando así similar respuesta del público. El pueblo se llenó. “Ha venido muchísima gente; estamos desbordados”, reconocía el alcalde, Alfonso Gil, mientras veía una fila interminable. Eso sí, no hubo nervios entre quienes esperaban coger su mayúscula ración de cocido, compuesta por sopa, garbanzos, repollo, carne, chorizo, tocino y relleno, con agua o cerveza de bebida y natillas de postre. En torno a 1.500 raciones se repartieron.

Tres días antes de festejar a San Isidro, Valseca honraba por todo lo alto a su producto estrella, con el convencimiento de que festines como el de ayer “da a conocer más, si cabe, nuestro garbanzo”, estimaba el alcalde, quien se felicitaba además del buen ambiente. “Aquí —decía— ponemos todo nuestro cariño, y eso se nota en que la gente que viene está a gusto”.

Para complementar la función se organizaron diversas actividades, entre las que destacó la carrera y marcha ‘El Garbanzal’, que en solo tres años se ha convertido en pieza fundamental de la jornada. “La prueba deportiva y el cocido han conformado un maravilloso binomio, se retroalimentan, pues son muchos los que vienen a correr o a andar y luego se quedan a comer”, agregaba Gil. Pero había mucho más que ‘El Garbanzal’; en el programa figuraban títeres, castillos hinchables, animación… “Nuestra intención —proseguía el regidor— es que sea un día familiar”.
Con respecto a ediciones precedentes, se echaba en falta los puestos de venta de garbanzos. El misterio tenía una explicación. Apenas queda producto de la cosecha pasada. Ignacio Rincón, de la empresa ‘La Criba’, confirmaba esa circunstancia. “A nosotros nos queda muy poco, por eso no hemos traído”, argumentaba. Al parecer, el resto de productores se encuentran en idéntica situación. De cara a esta campaña, las expectativas son bastante buenas. La siembra se realizó de forma correcta y la nascencia ha sido la adecuada, si bien algo temprana. Ahora queda esperar que el ciclo se desarrolle con normalidad, sin contratiempos.

El garbanzo de Valseca cotiza al alza, eso ya nadie lo duda. Demuestra ese hecho el número de hectáreas cultivadas. El año pasado fueron 66 y, a pesar de la mala cosecha, este año la cifra se ha elevado a 80. Además, la demanda no no se ciñe únicamente al producto sin elaborar. ‘La Criba’, por ejemplo, asegura estar obteniendo “excelentes ventas” con su tarro de garbanzos cocidos o con la harina de garbanzo. “El mercado de nuestro garbanzo se está abriendo cada vez más”, afirmaba Rincón, quien reconocía que las ventas por Internet suben.

Adolfo Manso, presidente de la Asociación para el Desarrollo del Garbanzo de Valseca, considera que este producto “es una buena apuesta de futuro”, y espera que la consecución de la ‘Marca de Garantía’ conlleve “un buen impulso”. En este punto, Manso no quiere olvidar el apoyo recibido por Prodestur —de la Diputación de Segovia— que “nos está llevando de la mano para conseguir este reconocimiento”. Él pronostica que, con la ‘Marca de Garantía’ en el bolsillo, se reducirán los intentos de vender garbanzos de otros lugares como si fueran de Valseca.

Puesto a promocionar el garbanzo de su pueblo, el alcalde quiere subrayar que el de Valseca “no es caro”, pues cuesta “entre 4 y 4,5 euros el kilo”. “La diferencia con un garbanzo de importación no es superior a un euro o euro y medio, y el sabor en boca del extranjero no tiene nada que ver con el nuestro”, insistía Gil.

En el horizonte, el alcalde tiene un anhelo, el de que la actual sea la última cosecha sin ‘Marca de Garantía’. “Todo el trabajo está hecho, ahora solo nos queda esperar lo que dice el ITACYL”, manifestaba Gil, quien puesto ya a pedir deseos, ambiciona este año una producción de 80 toneladas, una hectárea cultivada.