Roberto Gómez tras la barra del bar ‘Le Bistró’, en Sebúlcor, días antes de emprender su viaje a Ucrania. / ANA Mª CRIADO
Roberto Gómez tras la barra del bar ‘Le Bistró’, en Sebúlcor, días antes de emprender su viaje a Ucrania. / ANA Mª CRIADO

Muchos se atreverían a decir que es una ‘locura’. Pero afortunadamente hay algunos ‘locos’ y solidarios en la provincia que no dudan un segundo en echarse a la carretera para ayudar, de primera mano, a quienes más lo necesitan. No importan ni los kilómetros ni las horas, tampoco la incertidumbre o el miedo. Cuando se habla de poner a salvo a las víctimas de una guerra, todas las dudas quedan atrás.

A pesar de la petición de cautela por parte de algunos de sus familiares, Roberto Gómez Borregón no se lo pensó dos veces: “Vamos a ir a la frontera de Ucrania con Polonia para llevar productos de primera necesidad y traer a España a los refugiados que lo soliciten”, afirma. En definitiva, una auténtica labor de ayuda humanitaria.

Afincado en la pequeña localidad de Sebúlcor desde hace más de veinte años, es la primera persona que, por su interés particular y según tiene constancia este periódico, emprende un viaje desde Segovia hasta Ucrania para llevar a cabo estos propósitos. Todo ello junto a su hermano Eduardo, quien no era ajeno al conflicto bélico que amenaza a millones de personas y decidió planear esta iniciativa. Ambos han rechazado pedir colaboración y tampoco les interesó divulgar esta acción, pues no se consideran protagonistas: “Es algo que están llevando a cabo en todas partes de España y podríamos hacer cualquiera de nosotros”.

Por delante de ellos, más de 4.000 kilómetros de ida y vuelta por carretera. En concreto, Roberto partió esta misma madrugada desde Sebúlcor hasta Madrid para coger un vuelo hacia la ciudad alemana de Fráncfort, donde le espera su hermano con una furgoneta de siete plazas, tras lo que emprenderán juntos su viaje a la frontera, lo que valora en aproximadamente “unas doce horas”. En el camino harán acopio de aquellos bienes que las ONG con presencia en la zona les trasladan que son más “urgentes”, como leche, pañales y otros productos de higiene. “Nuestro objetivo es llegar en la madrugada del martes a la frontera y, tras dejar los materiales y recoger a cinco refugiados ucranianos, saldremos de vuelta a España”, detalla.

Un viaje a lo desconocido

Roberto es empresario autónomo de compra-venta de coches, por lo que está “acostumbrado” a realizar viajes largos por las carreteras de Europa. No obstante, en ciertas ocasiones se le puede encontrar tras la barra del bar sebulcorano ‘Le Bistró’, pues ayuda en el negocio hostelero a su mujer. Allí siempre tiene la televisión encendida y no pierde de vista cada nueva información que llega desde el país europeo. “No sabemos lo que nos vamos a encontrar”, determina. “Los que han ido dicen que la tristeza se nota en el ambiente”, confiesa.

Precisamente, está en permanente contacto con personas que realizan estos mismos viajes por medio de un grupo de WhatsApp, creado a modo de colectivo de ayuda a Ucrania que obtuvo una gran popularidad tras el ejemplo de Héctor Pérez, un panadero de Lugo que no dudó un segundo en ir al rescate de refugiados ucranianos. “Éramos seis cuando entramos nosotros. Ahora, el grupo cuenta con más de 130 miembros”, se enorgullece. “Entre ellos no hay ningún otro segoviano”, puntualiza.

Allí se canaliza la información de los voluntarios con las ONG españolas, las cuales tienen lazo de comunicación directo con otras asociaciones en el lugar de destino. En concreto, con la población polaca de Medyka, actual paso fronterizo por el que cruzan cada día más de 40.000 refugiados ucranianos. Está a menos de 100 kilómetros de distancia de Leópolis, la sexta ciudad más poblada de Ucrania, que actualmente funciona como retaguardia y puerta de entrada a Polonia para todos aquellos que huyen de la guerra tras la invasión acometida por las tropas rusas.

“Esperamos estar de vuelta, como muy tarde, el viernes”, detalla Roberto. Sin embargo, esto es difícil de prever, pues las paradas en el camino y otros imprevistos dependen de las necesidades de sus cinco pasajeros ucranianos, que se alojarán en las viviendas de familiares o en casas de acogida en las que ya tienen plazas reservadas. “Estarán muy cansados y es un viaje muy largo”, de casi 30 horas según el punto de destino, que puede ser cualquier lugar de España. “Aún no sabemos quienes vienen con nosotros, eso nos lo dicen cuando ya estamos en camino”, advierte.

Solidaridad que vence al temor

A pesar de las dificultades que entraña un viaje de estas características, Roberto no tiene miedo. Los miembros del grupo de la aplicación de mensajería cada día actualizan las incidencias, como robos que se producen o grandes retenciones de tráfico, aunque también los hoteles que facilitan a los refugiados el hospedamiento. “Muchos de ellos no tienen pasaporte covid y hay establecimientos en países de Europa que lo exigen, por lo que hay que tenerlo todo muy planificado”, remarca.

Todos los gastos corren por su cuenta y la de su hermano. Cifra el carburante y los peajes en unos 1.500 euros, a lo que se suma el coste de los alojamientos y de la compra de los productos que contemplan transportar hasta la frontera. Pero eso no importa, ya que el objetivo es otro. En este caso, el fin sí que justifica los medios.

“Lo que sucede en Ucrania es algo que podría pasar aquí perfectamente. Las víctimas son gente normal, como nosotros, familias que han perdido sus hogares, sus vidas, todo; mujeres que han dejado atrás a sus hijos y maridos, que están viendo cómo matan a sus allegados”, lamenta Roberto. “No podemos quedarnos parados ante eso, hay que hacer algo”, sostiene.

Por ello, la apuesta solidaria también tendrá continuidad en el futuro, ya que la pretensión de Roberto y Eduardo es realizar, al menos, otro viaje en las próximas semanas si la situación no cambia. En esta ocasión, reunirán los materiales aquí, en España, y el punto de partida volverá a ser, previsiblemente, Segovia.

Ana María Criado (Segovia, 1998). Periodista y humanista por la Universidad Carlos III de Madrid.