Los marchadores realizaron en esta ocasión la ruta por los pueblos serranos del Camino. /E.A.
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Tras el confinamiento, el grupo Nordic Walking Segovia ha reanudado sus actividades y hace unos días se fueron de marcha por el Camino de San Frutos. Mientras que el año pasado hicieron la variante de Caballar, en éste han caminado por la de la Sierra. Alrededor de una treintena de personas participaron en esta ruta, dividida en cuatro etapas, que completaron cinco intrépidos.

A las dos de la madrugada iniciaban la aventura en Segovia, a los pies del Acueducto, saludando a San Frutos a su paso por la Catedral. La noche tiene sus encantos y los marchadores pudieron contemplar desde Zamarramala la Segovia iluminada, y apagar en el camino los frontales, para disfrutar de las estrellas, en una noche limpia.

Después de cruzar La Lastrilla y Espirdo, llegaron a Tizneros, donde se incorporaron cuatro marchadores más. Pasado Basardilla, hicieron acto de presencia los primeros rayos solares. El ritmo de la marcha era bueno, y ya en Santo Domingo de Pirón, además de la imponente espadaña de su iglesia, les esperaba una bonita sorpresa en la plaza: un parque móvil infantil, con motos, triciclos y tractores, que les sirvieron para echar unas risas y alguna foto para el recuerdo.

Continuaron el camino “como las motos”, con el clavar de los bastones, rumbo a Pelayos del Arroyo, donde se iniciaba la tercera etapa. En esta pequeña localidad les esperaba una formación de marchadores perfectamente alineados y uniformados con la camiseta negra/naranja del club, mascarilla en rostro y bastones en posición de descanso. También les esperaba un fabuloso desayuno, a base de bizcochos caseros, tostadas, café y fruta.

Y siguieron hacia Torre Val de San Pedro. La temperatura fue subiendo y ya se notaba en los últimos kilómetros. En la localidad les esperaban a la sombra de un porche los últimos componentes que se incorporaron a la marcha en la cuarta y última etapa, para completar los pocos más de diez kilómetros que restan para llegar a Pedraza.

En la última etapa, un par de cuestas más pronunciadas y la alta temperatura la hicieron más dura, sobre todo por la vegetación alta y la irregularidad del camino. Al poco, ya se divisa Pedraza, espectacular, con la última subida, para completar los 45 kilómetros de la ruta.

A todos los marchadores les sentó muy bien la bebida fresca con la que les recibieron, participando después en una visita guiada por la Casa del Águila. El punto y final a la jornada lo puso un bocata de hermandad, en una buena sombra frente a la Casa del Águila.