La Feria del Garbanzo de Valseca que se celebra en la festividad del patrón, San Isidro Labrados, supone un homenaje y promoción del producto. Álvaro Pinela.
La Feria del Garbanzo de Valseca que se celebra en la festividad del patrón, San Isidro Labrados, supone un homenaje y promoción del producto. / ÁLVARO PINELA

Abril es un mes muy de raigambre para el garbanzo, la tradición en forma de refrán nos dice cuándo se siembra, “Por San Marcos, el garbanzal ni nacido ni por sembrar(25 de abril)”, y es de San Marcos, a la patrona, la Virgen de la Asunción, cuando se suceden los procesos del cultivo, desde la siembra a la recolección.

La justificación histórica del cultivo del Garbanzo de Valseca nos la ofrece la cronología de su presencia y relevancia en nuestra tierra. Los antecedentes históricos vienen grabados en inventarios, rentas, registros, censos, diccionarios, producción, catastros, ferias o gravámenes entre otros.

Con la vista puesta en los legajos, recorremos la presencia y relevancia del cultivo del garbanzo, porque ya lo dice el gentilicio, “de Valseca, garbancero”. Del árbol genealógico de la familia Herrero Muñoz, realizado por la historiadora Mar Peñas, encontramos una curiosa anotación del año 1685. En el inventario del testamento del vecino Juan Herrero, entre la amplia relación de bienes, dispone “de una fanega de garbanzos colmada”, entendiéndose la misma como dispuesta para su venta o el consumo de por vida.

Entramos en una época en la que la Parroquia de Valseca es hacendada en propiedad. Un expediente del Obispado de Segovia del año 1708 nos habla ya de un beneficio de tres celemines(1) de garbanzos.

En el año 1745, hay un pleito de Pedro Moya y Quintana, del Arzobispado de Granada, contra el Arcediano(2) de Segovia, reclamando los beneficios del despoblado de Boones, una de las zonas de mayor productividad del garbanzo(despoblado que daba el apellido a Valseca), en el que también se refleja que existe una producción de 3 celemines de garbanzos, entre otros. Tres años más tarde, en 1758, en los libros de fábrica de la parroquia, indica que se obtuvo una recaudación del cultivo de garbanzo de 11 celemines. Datos que hacen constante y variable el cultivo.

El historiador, Teodoro García, autor del libro Valseca de Boones, explica que la gran producción agrícola de Valseca y sus agregados hace que “la parroquia sea una de las más productiva del Obispado de Segovia en el siglo XVIII”. En la distribución que ofrece el autor de los diezmos (3) percibidos en el año 1751 se recaudan 36 fanegas de garbanzos en Valseca, 1 en Lobones y 2 en Bohones (estos dos últimos términos agregados). En el Archivo Parroquial, que se caracteriza a diferencia de los archivos municipales de la época por una notable caligrafía, en el llamado libro de Diezmos de 1759, queda reflejada una recaudación de 24 fanegas de garbanzos, Lobones (1 fanega), y en Roda (4 fanegas), estos últimos como agregados.

El lugar donde se almacenaban los productos procedentes de los diezmos era la cilla; y a cargo de la misma estaba el cillero, que era la persona encargada de la recaudación y custodia. Es importante destacar que Valseca conserva en su casco urbano, la Calle de la Cilla, situada en un lugar muy céntrico y que por su localización y prolongación se vislumbra que estaría situada próxima a la actual Casa Consistorial.

Los siglos XVIII y XIX son periodos muy saludables para la población de Valseca, en los que la calidad de la producción agrícola de su término mejora la economía del pueblo en general. Este dato favorece la construcción de una gran obra para el vecindario: la Iglesia neoclásica de Nuestra Señora de la Asunción (1749). Para su ejecución, la parroquia vende entre otros, 32 fanegas de garbanzos.

Dejamos atrás la pauta eclesiástica y tomamos como referencia el Catastro del Marqués de la Ensenada (1749-1751). Se inició en Valseca de Boones el 14 de octubre, y participaron, ante el escribano Juan de Benito, los alcaldes, Antonio Manso y Francisco Segovia; los exregidores, Juan Soldado y José de Garcimartín, y los labradores de ejercicio, Nicolás Gómez y Antonio Cuadrado, quienes contestaron de forma consensuada las preguntas realizadas al efecto. El punto número catorce contiene la pregunta: ¿Qué valor tienen ordinariamente un año con otro los frutos que producen las tierras del término, cada cantidad de ellos?. Contestación: “Regularmente vale la fanega de trigo 16 reales; la de cebada, 8; la de algarrobas 8; la de centeno 9; y la de garbanzos, si los hubiere 32”. Una evaluación que se puede interpretar como si se tratara de un producto especial, adaptado a una serie de condiciones, y por el que su valoración se refleja como muy alta. En otro de los puntos del catastro, los interrogados, reconocen “una producción de 36 fanegas de garbanzos anuales”, dato importante.

Entrados ya en el siglo XIX, muchas de las propiedades de la iglesia pasan entre 1830 y 1839 a la propiedad de señores de la nobleza de Segovia, así como ya mucho antes y durante este siglo también, son muchos los agricultores, a título principal, los que se van haciendo con la propiedad de la tierra. De estos años, se constata en algunas cartas de rentas antiguas, “que se paguen una parte de las mismas, en garbanzos de primera calidad”, como reza una misiva de la familia Quintanilla, que en nuestros días sigue manteniendo. Esta familia percibía ya en el siglo XIX, a nombre de Manuel Quintanilla, una renta de fanega y media; otros como el Conde de Fuentenueva, una fanega, y ocho celemines, y Fausto Pedrazuela, 1 y 8 celemines de garbanzos.

Pasando la página de los legajos, libros de fábrica y otros registros anteriores, más encriptados en los índices de producción, obtenemos en nuestra investigación la presencia de varios diccionarios que nos ofrecen una mayor literalidad sobre el garbanzo valsequeño.

Entre los años 1845-1850 se elabora el popular Diccionario Geográfico de Pascual Madoz, un extracto de Valseca de Boones dedica sobre la agricultura y producción: “Buen trigo, cebada, centeno, algarrobas y excelentes garbanzos: calculándose por un quinquenio en 3,000 fanegas la primera especie, 2,000 la segunda, 450 la tercera, 420 la cuarta y 300 la quinta, todas exceden de lo necesario para el consumo, y el sobrante se exporta a Madrid”, contribuyendo al popular y castizo cocidito madrileño.

Uno de los datos más relevantes sobre la descripción del Garbanzo de Valseca, cuyas características de manera oral se ha venido trasmitiendo generacionalmente hasta nuestros días y han quedado refrendadas con la obtención del marchamo de la Marca de Garantía en el año 2018, reconocida por la Junta de Castilla y León (Itacyl), lo encontramos en el Diccionario geográfico, estadístico, histórico, biográfico, postal, municipal, marítimo y eclesiástico de España y sus posesiones de ultramar realizado entre 1881-1887, donde dice que “la producción consiste en cereales, legumbres, hortalizas, frutas y pastos, sobresaliendo por su suavidad y grueso tamaño el garbanzo”. Otro soporte histórico, el Anuario de comercio, industria, magistratura y administración, elaborado por la Diputación Provincial de Segovia en 1886, recoge que Valseca “produce, trigo, cebada y garbanzos”.

Nos trasladamos al siglo XX. En el año 1906, la Guía y Plano de Segovia, elaborada por Félix Gila y Hidalgo, en lo que considera su “relación de pueblos importantes de Segovia”, incluye en su monografía a Valseca, destacando, “los cereales y legumbres”.

Los refranes también realzan su cobertura. El historiador Gabriel María Vergara Martín, en la edición de su Diccionario Geográfico Popular de toda España (año 1923), incluye el siguiente: “Para garbanzos, Valseca; para nabos, La Lastrilla; para cabezotas, Roda, y «pa» guarras, Encinillas”. En el discurrir de la cultura del garbanzo, son muchos los refranes y dichos sobre el producto estrella, como el que dice, “El garbanzo, antes de cocido, remojado”, o ese otro, “el garbanzo, agua al nacer y al cocer”. Y otro que lo describe, “el garbanzo, picudo, arruviejado y de culo apanderado”.

En el año 1943, el Garbanzo de Valseca es ensalzado de manera especial en el Catálogo Oficial de la II Feria de Muestras de Segovia, en la que quedó representada la agricultura entre otros; en él nos habla de los: ¡suculentos garbanzos de boda de Valseca!, “para que sean expuestos en apropiados departamentos de futuros certámenes a contemplación y a la admiración”.

En el año 1961, el Diccionario Geográfico de España. Ediciones del Movimiento, Madrid, explica que las tierras de cultivo de Valseca, están dedicadas a trigo, cebada, algarrobas, o yeros, “y se dedican 11 hectáreas a los garbanzos, de los que el índice de producción por hectárea es de 3 Qm(Quintales),(4). Un dato que analizado desde el presente constata una producción muy baja, y que viene a demostrar la destreza que siempre han supuesto las labores artesanas de su cultivo. Desde finales de los años ochenta esa dinámica cambió, gracias a la mecanización del cultivo, que conllevó un vuelco en los porcentajes de producción, tanto en extensión como en producción. Sirva la referencia de la última recolección de 2020 de un total de 62 hectáreas. Asimismo el hecho de que se siembren más extensiones de forma rotativa y una mayor suavidad climática, ha producido que la siembra del garbanzo actualmente se realice un mes antes de la referida tradición de San Marcos.

La historia agrícola y la tradición del Garbanzo de Valseca quedó refrendada de manera simbólica en el escudo y bandera municipales en el año 1992, con la aprobación del Cronista de Armas de la Junta de Castilla y León de los emblemas propuestos por el Ayuntamiento de Valseca. El escudo acoge alrededor de su forma ovalada, un total de ocho bezantes de color verde, que según la justificación de la agencia que lo realiza (Borbone), representan la agricultura local, y sobre todo de forma distinguida los populares garbanzos de Valseca.

El impulso de las Ferias del Garbanzo de Valseca, que se celebran en las fiestas patronales de San Isidro, otorgado por el Ayuntamiento y el trabajo incansable de los agricultores sumando esfuerzos para lograr el objetivo de la Marca de Garantía, viene a homenajear a un producto cuya esencia ha sido mantenida de generación en generación por centenares de valsequeños, entregados a la dura artesanía de ‘moldear’ con trabajo y laboreo ese garbanzo gordo, suave y mantecoso, que nuestros abuelos describían, “con cara de vieja y culo de panadero”.


(1) Celemín: Corresponde a una doceava parte de fanega.
(2) Diezmo: Es el pago de la décima parte de los productos obtenidos de la agricultura o la ganadería o de los trabajos personales.
(3) Arcediano: Diácono principal de una Catedral.
(4) Un quintal equivale a 50 kilos de garbanzos.