Los forcados amadores de Alenquer ante un novillo de Simón Caminero. / A.M.
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Complicada, incierta, fuerte y de malas intenciones fue la novillada de Simón Caminero, que además se remendó con un animal de Caridad Cobaleda de presentación impropia en sexto lugar. Poco que reseñar, salvo la inteligente lidia que le dio el mexicano Héctor Gutiérrez al primero de su lote y las meritorias pegas de los forcados amadores de Alenquer. Completaron el cartel un voluntarioso pero desordenado José Cabrera y el rejoneador portugués Paulo Jorge Santos, que no terminó de acoplarse y llegó a cobrarse una vuelta al ruedo por su cuenta.

Gordo, hondo y alto fue el castaño que abrió plaza. El inicio de lidia fue un despropósito, clavando mal Santos el rejón de castigo y siendo incluso embestido el caballo por el astado. Pronto miró tablas el burel, aunque apretó con fuerza y estuvo a la defensiva en la ejecución de las suertes del portugués. La meritoria pega de los forcados amadores de Alenquer fue lo más destacado de la primera faena, que no terminó de tomar vuelo. Aun así el rejoneador se apuntó una vuelta al ruedo por su cuenta, que compartió con sus compatriotas los forcados.

Bruto de salida fue el negro que le tocó como segundo del lote a Santos. Después tuvo que exigirle en la acometida para lograr que se arrancara y cuando lo hizo tuvo celo, pero le costó un mundo y pronto se apagó. En esta ocasión, clavó arriba y en buena colocación tanto las banderillas largas como las cortas, pero no estuvo certero con el rejón de muerte. La ovación fue para los de Alenquer, que mejoraron la primera pega con otra actuación de libro y se ganaron una vuelta al ruedo.

Otro castaño saltó al coso segoviano, en novillo pero con buenas hechuras que no corrió el encierro y sustituyó al reseñado con el número 10 -‘Ladrón’-. Peleó contra todo y puso en aprietos a la cuadrilla en una nefasta lidia. Barbeó tablas y se hizo el dueño y señor del anillo cuellarano con genio, resultando excesivamente complicado. A pesar de las dificultades que planteó, Cabrera derrochó ganas y banderilleó con más actitud que ortodoxia, y brindó al público. El animal protestó, lanzando navajazos, y no dio opción ninguna almeriense. Intentó abreviar, pero terminó pasando un mal trago con los aceros y escuchó dos avisos.

Grande, con cuello y castaño fue el par de Cabrera. Estuvo con intención de agradar en banderillas, con la entrega por altavoz aunque con mucho por pulir. Dentro de las carencias lógicas ante un animal tan exigente, estuvo dispuesto al principio; pero conforme fue encontrándose a un enrazado antagonista en la muleta se le fue poniendo cuesta arriba y no lo vio claro. Nuevo quinario a la suerte suprema y silencio.

Escurrido, sin remate, pero ofensivo con las puntas hacia arriba y astifino fue el colorado ojo de perdiz con el que se llegó al ecuador. Gutiérrez intentó moldear su embestida en el capote y ya en la muleta se mostró muy firme para sacar una faena que era toda una incógnita. Repuso rápido el novillo y el mexicano lo entendió, despejado de mente, para sacar pases notables de entidad. No terminó de redondear su actuación a espadas y su labor fue silenciada.

Largo, fino y con las puntas hacia adelante fue el negro, reseñado para el final; pero quedó maltrecho de una pata y salió un sobrero de Caridad Cobaleda, procedencia Vega-Villar, para cerrar el festejo. Chico, mal proporcionado y fuera del cuidado en la elección del ganado que se venía lidiando en la feria fue el parche. No gustó al respetable y el grito de “¡Fuera, fuera!” hizo presencia al unísono. Aun así también fue difícil y no dio lugar al lucimiento de Gutiérrez ni con la muleta ni con los aceros para abrochar una tarde que se convirtió en nocturna.

Ficha

Plaza de toros de Cuéllar. Cuarta de feria. Un tercio de entrada. Novillos de Simón Caminero, complicados, fuertes y exigentes; y un sobrero de Caridad Cobaleda, lidiado en sexto lugar, chico y fuera de presentación que también resultó difícil.

El rejoneador Paulo Jorge Santos, vuelta al ruedo por su cuenta y silencio tras aviso.
José Cabrera, silencio tras dos avisos y silencio tras aviso.
Héctor Gutiérrez, silencio y silencio tras aviso.

Meritoria actuación de los forcados amadores de Alenquer.
Se guardó un minuto de silencia en memoria de A.A., fallecido durante el encierro.