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Iglesia Fuentes de Carbonero. / EL ADELANTADO

Los andamios ya se pueden ver en los restos de la iglesia de Fuentes de Carbonero, que volverá a recobrar vida no como templo pero si como espacio para el encuentro y la oración de la mano del Camino Neocatecumenal, que ha asumido el coste de las obras de un proyecto que en algunos meses hará de este entorno situado a las afueras del pueblo un lugar de referencia para este realidad eclesial.

La crisis sanitaria motivada por la pandemia ha ralentizado sensiblemente el inicio de las obras, inicialmente previsto en el primer trimestre del pasado año, pero ahora los trabajos han comenzado “con mucha rapidez”, según explicó la alcaldesa de Carbonero el Mayor, María Ángeles García Herrero.

Una vez completada la tramitación burocrática y la obtención de los preceptivos permisos de las comisiones territoriales de Patrimonio y Medio Ambiente, el Ayuntamiento concedió la licencia de obras, que se desarrollarán en varias fases y que comenzarán por la consolidación de la estructura que queda del edificio y la urgente reparación de las cubiertas, cuyo estado de conservación era muy precario.

La alcaldesa expresó su satisfacción por el inicio de las obras de un proyecto que contribuirá a “recuperar un valioso elemento del patrimonio artístico”, y que en buena medida servirá como foco de atracción para los miles de integrantes del movimiento que llevará a cabo este proyecto, al ser Fuentes de Carbonero uno de los primeros lugares en el que comenzó a desarrollar su actividad evangelizadora.

La relación de este modesto templo con el Camino Neocatecumenal se inicia en la década de los 60 del pasado siglo, cuando Kiko Argüello, fundador de esta realidad eclesial, conoció este lugar por la recomendación de una mujer que trabajaba como asistenta de hogar que procedía del pueblo, y que le mostró su iglesia.

Prendado por la belleza del entorno, decidió elegir este lugar inicialmente para hacer retiros de oración en solitario, pero no tardó en llevar a las primeras comunidades surgidas en las barracas del barrio madrileño de Palomeras para completar allí su incipiente misión de anunciar el Evangelio entre los más pobres.

Poco a poco, Fuentes de Carbonero fue ocupando un lugar de mayor relevancia en la vida del Camino Neocatecumenal, y fue en este templo donde en 1968 tuvo lugar la primera celebración de la Vigilia Pascual, uno de los ejes sobre los que se sustenta el Camino, en la que durante toda la noche se recuerda a través de la liturgia la historia de salvación y se conmemora la alegría de Cristo Resucitado.