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Antonio Manilla, durante su intervención en el acto de entrega del premio de poesía. / AMADOR MARUGÁN

En un escenario y fecha diferente a la habitual entrega del premio poético en memoria de Jaime Gil de Biedma, motivado por la pandemia del Covid-19, el alcalde de Nava de la Asunción, como convocante y patrocinador del Premio Internacional de Poesía “Jaime Gil de Biedma y Alba”, otorgaba los honores de reconocimiento tanto por la presencia del galardonado, Antonio Manilla (León 1967), como la del poema ganador ‘Día grande’ de esta décimo octava edición, tras sonar en el viejo frontón de pelota a mano los versos del poema “No volveré a ser joven” de Gil de Biedma, como preludio al acto.

En la entrega de éste premio poético, el coordinador del mismo Francisco Ruiz de Pablos aprovechó para adelantar que en la próxima edición se contará con la colaboración de la Comunidad de Villa y Tierra de Coca aportando la cantidad de 1.000 euros. También Ruiz de Pablos en relación con el contenido del poema sobre la España vaciada mostró su disconformidad con este término añadiendo que pueblos castellanoleoneses como Nava de la Asunción con sus raíces históricas no pueden desaparecer; poniendo de ejemplo el hallazgo arqueológico de la villa romana de Matabuey.

Por su parte el poeta David Ferrer, miembro del jurado, excusó la no asistencia del presidente del jurado Fernando Romera por asuntos familiares, y citó los cambios lógicos que se pueden dar en premios de años de convocatoria señalando que en esta XVIII convocatoria el cambio se produjo con la presentación telemática de las obras concursantes, lo que en su opinión había incidido notablemente en el aumento de las obras presentadas.

En relación con el poema premiado apuntó que desde un principio en el trabajo de preselección fue siendo preferente hasta llegar a su denominación por “su alusión a todas esas localidades pequeñas que nos son conocidas, pero en particular porque es una descripción del caminante que va recorriendo el pueblo en un día de domingo y las cosas que pasan, no sólo las cotidianas, sino sobre todo ese pasar de la vida, de las repeticiones, de lo que es nuevo, de lo que es viejo y de lo que se va quedando en la memoria.

Esa descripción del caminante –añadió- que por otra parte es un tema que ha vuelto y se está reivindicando mucho ahora mismo en la literatura, lo aborda magníficamente en este hermosísimo poema al que no le falta ironía en algunos de los momentos, ni tampoco una sensibilidad extrema con las visiones que nos presenta” mantuvo.

Una clara conciencia

En su turno de palabra, tras agradecer el premio concedido, Antonio Manilla manifestó que una de las razones de presentarse a este premio había sido el nombre de Jaime Gil de Biedma hasta tal punto que “mi primer libro de poesía, publicado en la “Veleta” de Granada, lo titulé “Una clara conciencia”, por aquello de lo que es el verso de Jaime Gil de Biedma en el que me basaba”. De ahí que se declarara un gran admirador de la poesía de Gil de Biedma, de Claudio Rodríguez, de Fermín Herrero, poetas castellanoleoneses.

El autor del poema ‘Día grande’ señaló que llevaba el lema de “despoblación” pero que no trataba de la España vaciada “aunque realmente se pudiera ver así, pero más que la despoblación trata de la agricultura de la que según los últimos datos no hay ningún país europeo en el que haya más de un cinco por ciento de población dedicada a la agricultura. Este poema se plantea como un homenaje a esos eternos inocentes de los pueblos que llamábamos tonto, que no lo eran tanto, si no que tenían otra sensibilidad y otra inteligencia. Y el poema recorre el día de Fiesta, que en mi pueblo es el día de Santiago cuando era casi el fin de la cosecha.

“‘Día grande’ no es un poema que busque el verso precioso, el verso joya, si no que es un poema collar, que busca ensalzar un montón de piedrecitas para que al final quede una cosa bonita, que creo era algo en lo que Gil de Biedma era un maestro”, explicó. Poema que recorre todo un día con tres hitos que el día festivo en los pueblos es la misa: “de bar en bar y al atrio de la iglesia,/ en donde espera el fin de los oficios”, la comida familiar: “Tras compartir mantel/con cuanta parentela advenediza/ se junta para el Santo, pasa toda la tarde/ lanzando torpemente en la bolera”. Juego donde el autor explicó la singularidad de su práctica: “Mientras la media bola vuela y gira/ bajo la sombra amable de los chopos” y acaba con la fiesta de la verbena provocando los recuerdos en ese aparente inocente del pueblo: “La orquesta ataca un viejo pasodoble/ y su pena se esfuma:/ se activa con las luces de la fiesta/ y baila con la música,/ aspira la fragancia de las eras/recién segadas, el primer olor/ que estremeció de humanidad al hombre”.

Tras la lectura del poema galardonado Antonio Manilla, entre aplausos, recibió del alcalde navero, Juan José Maroto, el premio del concurso dotado con 2.000 euros y obsequios del Ayuntamiento de Nava de la Asunción.