Ángeles en la puerta

Los ancianos que viven aislados agradecen la visita de la Guardia Civil que les ayuda ante la dificultad para comprar y el miedo a enfermar

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Calderón de la Barca mostraba en `La vida es sueño’ que cualquier pobre puede mirar atrás y descubrir que hay otro en peores condiciones. Quizá no sea el caso de muchas personas ancianas que viven solas y en pueblos pequeños, donde también ha llegado el Coronavirus.
Este agente patógeno es hoy uno de los peores peligros a los que se enfrentan. Ya antes debían afrontar la soledad o la falta de recursos de la España Vaciada, de la que apenas se habla.
Muchos ni siquiera pueden recibir la visita de sus familiares más queridos porque también sufren el confinamiento obligado en sus ciudades. Hoy están “más solos que la una”, como relata Celedonio, uno de los vecinos de El Cubillo (70 habitantes), donde apenas hay bullicio. Junto a su esposa Petra, llevan varias semanas sin poder ver a sus hijos que antes se acercaban todos los fines se semana. Él, que se esforzó cuando fue alcalde en mantener abierto el Teleclub al menos los fines de semana, para que se reunieran vecinos y visitantes. Le han atrasado algunas citas médicas que tenía programadas, y, como todos los vecinos, tienen miedo a enfermar.
Como en otros pueblos de la zona, como Arahuetes o Pedraza, la soledad campa por las calles. De vez en cuando pasa un coche patrulla de la Guardia Civil. Sus agentes, que conocen a los vecinos, se interesan por el estado de algunos de ellos.
Una pareja visitó ayer a los habitantes de Mata de Quintanar, un anejo de Cabañas de Polendos. Algunos vecinos se emocionan cuando les preguntan los agentes por su estado de salud. “A algunos les traemos la compra o medicinas”, relata Luis, un agente que es consciente al miedo que tenían antes por estar solos, ahora se une el miedo a contraer el virus.
“Han muerto cuatro del pueblo, dos en Madrid y otros dos en residencias de mayores de Segovia”, añade Celedonio en referencia a algunos de sus coetáneos, y a los que ni siquiera han podido dar una despedida ni acompañar en sepelios.
La pareja de la Guardia Civil sigue con su ruta marcada. Se acerca el fin de semana y además tras dar ánimos a los que viven solos confinados, les toca hacer un control de carretera para vigilar que nadie viaja por placer hacia los pueblos .
El estado de alarma impide salir a las segundas residencias y son ellos mismos quienes tienen que impedir que los familiares visiten a sus progenitores, salvo que estén enfermos.
Un agente comprueba la documentación de un conductor.
AMBIENTE EXTRAÑO
En los pueblos de Segovia se viven estos días ambientes extraños por estas circunstancias. Algunos  ayuntamientos han dictado bandos recordando el estado de alarma. Pero además han amenazado con denunciar a quienes acudan al pueblo si no tienen su residencia principal en ellos. Lo hicieron algunos como Turégano, Riaza, Cantalejo, todos ellos con alcaldes del PP.
Ahora se han sumado a lanzar bandos similares otros alcaldes socialistas. El del Real Sitio de San Ildefonso, recuerda que el Ayuntamiento “denunciará a cualquiera que incumpla el mandato de permanecer en su primera residencia y se instale en el municipio, saltándose la norma que impide los desplazamientos”. También hace un llamamiento a los dueños de mascotas para que cumplan con lo establecido.
El alcalde de Navas de Oro, Victorino Rubio (PSOE), también advierte de que denunciará a quien no cumpla con el estado de alarma. Y explica: “No debería tenerse que recordar este asunto; pues ya existe la prohibición a nivel nacional.
No obstante, y en previsión de que alguien se sienta tentado por venir a pasar las Semana Santa a Navas de Oro, hemos decidido sacar este Bando”. Y hace un llamamiento a la calma: “Por favor, templemos nuestros nervios que ahora mismo están a flor de piel. Estos días seguramente estemos diciendo cosas que en circunstancias normales no diríamos (me incluyo). No causemos más daño….que bastante sufrimiento tenemos ya… Nuestro apoyo a todas estas familias del pueblo que están sufriendo el aislamiento de alguno de sus miembros en su propia casa. Muy duro….así que, mucha fuerza!”, concluye.