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Carlos del Junco, antes de tomar la alternativa, y Joaquín Bernadó, en la plaza de toros portátil de Boceguillas. / P.P.

El torero Joaquín Bernadó (Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, 1935) falleció este lunes, 21 de febrero, en la Residencia cercana a Canencia de la Sierra (Madrid), localidad en la que residía desde hace décadas. Bernadó, al que también llamaban ‘El Quimet’ o ‘El Noi de la Riereta‘, pasó a la historia de la tauromaquia por ser el diestro que más paseíllos realizó en la plaza de Barcelona, con un total de 243, y ser el español que más actuó en México, con hasta 155 ocasiones. Además, fue el inventor de la suerte que lleva por denominación ‘bernadina’.

Tomó la alternativa el 4 de marzo de 1956 en Castellón, de manos de Antonio Bienvenida como padrino y Julio Aparicio de testigo; con el toro ‘Carolo’, de Manuel Arranz. Apenas tres meses después, el 10 de junio, confirmó en Madrid, con Mario Carrión y Joselito Huerta y toros de la ganadería de El Pizarral, donde fue uno de los toreros con más predicamento durante décadas.

De hecho, actuó en los festejos conmemorativos del ‘Cincuentenario de Las Ventas‘, dentro de una corrida de seis espadas, que completaron Ángel Teruel, Dámaso González, Julio Robles, Tomás Campuzano y Pepe Luis Vázquez. Ya cuando se retiró ejerció como profesor en la Escuela de Tauromaquia ‘Marcial Lalanda’ de Madrid y durante años compartió retransmisión en TeleMadrid junto a Miguel Ángel Moncholi.

‘Bochornoso espectáculo en un simulacro de corrida de toros, con alternativa incluida’

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A lo largo de su trayectoria profesional también estuvo anunciado en varios puntos de la provincia de Segovia como Cantalejo, Ayllón o Boceguillas. En esta última localidad, Bernadó vivió una de las anécdotas más ‘esperpénticas‘ de su carrera. Fue el sábado 5 de agosto de 1989 en un festejo que el crítico Pablo Pastor tituló en El Adelantado de Segovia, en su edición del lunes 7, como ‘Bochornoso espectáculo en un simulacro de corrida de toros, con alternativa incluida’.

Para la ocasión, se anunció en la villa en una plaza portátil el doctorado del colombiano Carlos del Junco, de más de 40 años, con Bernadó como padrino y los rejoneadores Vicente Magro y Rafael Sañudo ‘Fray Gaditano’ -un veterano matador de toros que optó por cambiar de parcela taurina-, que compartieron actuación.

Estaba prevista la lidia de un novillo y cuatro toros de la ganadería de Hipólito Díaz. Salió el ejemplar de la alternativa, «un verdadero mulo con más de 600 kilos», que lesionó a todos los integrantes de la cuadrilla menos a uno y «desarboló al aspirante Del Junco» -apuntó el cronista de El Adelantado-. Ante esta situación, decidieron no continuar con la faena, alegando que «estaba toreado», y el animal tuvo que volver al camión.

Tras correr turno y pasar por el albero los rejoneadores con cierto «interés», el toro de Bernadó, de cerca de siete años, tuvo un tercio de varas de «más de de media hora» y después «se negó a torear». Se intentó apuntillar al animal desde el callejón, pero el catalán tuvo que volver a salir ante un público «indignado» y dejó tres naturales, que según relató Pastor fueron «lo único destacable» a nivel artístico.

Al perfilarse para realizar la suerte suprema sufrió sendos percances, «el segundo de los cuales pudo resultar mortal, puesto que el toro le tuvo a su merced contra las tablas». Finalmente, Del Junco tomó responsabilidad en el asunto con un pinchazo y alguien desde el callejón «empujó» el estoque para acabar con un festejo que se prolongó hasta la noche, con más de tres horas y eso que solo salieron del camión dos de los cuatro toros reseñados -dos de ellos no estaban ‘arreglados’ y eran auténticos ‘pavos’-. Este espectáculo fue resumido por Pastor como «uno de los hechos más negativos que puedan darse en la historia de la tauromaquia» y «sin precedentes».