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Los más pequeños participaron ayer en un taller de escritura medieval. /EFE

Ninguno de los 85 asistentes al Sínodo de Aguilafuente, celebrado en junio de 1472 en esta villa segoviana, imaginaba que sus nombres pasarían a la historia recogidos en el que resultó ser el primer libro impreso en España, el Sinodal de Aguilafuente, plasmado ese mismo año en la ciudad de Segovia. Un libro de los llamados incunables, pequeño, con 48 hojas impresas y 14 en blanco, que recoge las reformas promovidas por el obispo Juan Arias Dávila y discutidas por representantes del Cabildo, abades, priores de monasterios, curas y clérigos de Segovia, pero también laicos, representantes de las poblaciones o instituciones como la monarquía.

La prohibición a los clérigos de llevar armas salvo expresa licencia, la formación obligatoria en el Estudio General que dirigía el propio obispo para los que no sabían rezar el Padre Nuestro en latín o la imposición de vestir de manera honesta, sin sedas o anillos de oro, son algunas de las reformas que recoge este libro.

Tampoco imaginarían los presentes en aquella reunión que, 550 años después, los vecinos de esta localidad recrearían la fiesta que se celebró entonces en torno a aquel extraordinario evento, ahora con representaciones teatrales, danzas medievales o talleres de escritura de la época.

Este pueblo de Segovia, que no llega a 560 habitantes censados y está situado a cuarenta kilómetros hacia el norte de la capital de provincia, se engalana desde hace veinte años con banderines medievales, al tiempo que sus vecinos se visten con ropas de la época para volver, durante unos días, al siglo XV.

Lo hacen, entre otras cosas, con obras breves de teatro en las que recrean diferentes momentos en torno a aquel histórico Sínodo, como el encuentro entre Arias Dávila con el maestro impresor Juan Párix, natural de la zona donde Johannes Gutenberg había inventado la imprenta unos veinte años antes.

El presidente de la Asociación Cultural Sinodal de Aguilafuente, Tomás Conde, relata con pasión este momento histórico en una entrevista con la Agencia Efe: “Él pensó, con esa cabeza que tenía, un hombre creativo, que tenía que haber algo que lo que él dijera llegase, en un momento, a mucha gente. Eso fue la imprenta. Se enteró, y aquí esta, ese fue el origen”, narra.

La “obra grande” que se representaba desde hacía veinte años en esta fiesta y que desde la pandemia no se ha podido reanudar era la representación teatralizada del Sínodo, en la que 28 vecinos del pueblo interpretaban a diferentes personajes en el mismo lugar donde se celebró entonces, la Iglesia de Santa María. En su defecto, este año se han incluido algunas novedades, como una ronda musical con escenas del Sinodal, un certamen de teatro breve en el que participarán cuatro compañías –tres segovianas y una de Alcalá de Henares– y una batalla de rap. Otro ejemplo de las acciones que incluye el programa es el taller de escritura medieval que impartió ayer la historiadora del arte Silvia Olmos, que ha recreado el “scriptorium” de Juan Arias Dávila con pequeños escribas de entre 6 y 10 años armados con plumas para enseñarles lo laborioso que era entonces este trabajo.

Desde hace veinte años, la Asociación Cultural Sinodal de Aguilafuente impulsa la celebración de este hito para que se convierta en el reclamo cultural y turístico que cree que merece ser. Lo hacen con el único apoyo institucional de la Diputación de Segovia, que aporta una subvención de 2.500 euros y otros 1.500 para el primer premio del certamen de teatro breve, y del Ayuntamiento de Aguilafuente, que colabora con 3.000 euros, mientras que el resto de recursos salen de la cuota de los más de 300 socios de la asociación.

Como objetivos a largo plazo, la asociación sueña con un Museo del Libro en Aguilafuente y con la declaración de su fiesta como de Interés Turístico de Castilla y León, y también les gustaría que Segovia capital promocionase el lugar donde se ubicaba el taller en el que se imprimió el Sinodal.