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Las Cabañuelas anuncian un año inestable, “muy cambiante”, y así le resulta harto complicado presentar un pronóstico certero al 100%.

Advierte que los animales del campo ya han percibido esas rápidas fluctuaciones del tiempo, y por eso se encuentran “intranquilos” y “algo despistados”. Como ejemplo, las avefrías, que todavía no han venido este invierno a Segovia.

Echa la culpa al cambio climático (“estamos quemando la atmósfera y lo vamos a pagar”, avisa) y teme que ya nada vuelva a ser como antes, como cuando él era niño y cada una de las cuatro estaciones del año tenía sus perfiles definidos. Aunque ve “difícil” frenar el cambio climático, al menos deja dos noticias positivas para el año entrante, la del regreso de la lluvia y un ligero descenso de la temperatura. “Va a caer bastante agua, y hará menos calor que en 2017”, vaticina, para a renglón seguido observar que ello no acabará con los problemas.

No le sorprende el arranque del año. “Enero tiene cinco lunas, y cuando eso pasa, entra llorando (lloviendo)”, indica. Además, recuerda que el pasado 13 de diciembre fue un día desapacible, un hecho que interpreta como un anuncio de lluvia y nieve en enero. Al pastor no le gusta hablar de su método para adivinar el tiempo, pero sí desvela que toma sus datos del13 al 24 de diciembre —12 días, uno por cada mes del año venidero— y también del 1 al 7 de agosto. “Luego lo vamos ajuntando y así salen las Cabañuelas”.

Acabado el actual temporal, la primera luna nueva de 2018, el día 17, traerá “bastante calor”, hasta el 24. Después, “mucha lluvia y nieve a 1.200 metros de altitud”. Febrero continuará con la misma tónica del adiós de enero. En Carnaval, frío intenso, y con el Miércoles de Ceniza se registrará un ascenso de la temperatura, hasta el punto de hacer bueno el refrán de “en febrero, busca la sombra el perro”. El segundo mes se despedirá con frío. Y con heladas.

Marzo entrará sin variación. Hasta que, en su ecuador, el viento haga acto de presencia. Será un marzo ventoso. El nacimiento de la primavera regalará unos días de bonanza. Y en la recta final de marzo, la Semana Santa, paradigma de un año inestable. En el estreno de Semana Santa se prevé alternancia de sol y lluvia. Y a partir de Viernes Santo, nieve. “Mucha nieve”, insiste Sanz.

Se recibirá a abril con el paraguas abierto, mientras en la Sierra de Guadarrama caen copos. Del 15 al 20, el tiempo se tranquilizará. La escarcha se dejará ver. Y el mes se marchará como vino, dejando lluvia y nieve en las alturas.

Mayo traerá bajo el brazo más agua, y también más nieve en cotas elevadas. Para San Isidro, el tiempo se serenará, si bien es posible alguna helada fina que puede hacer fracasar las cosechas. Al final del quinto mes, una ola de calor, la primera de 2018, acompañada de tormentas con granizo.

Junio, mes al que temen las gentes del campo, amanecerá lluvioso. Y con una temperatura fresca. Del 12 al 20 ya habrá calor, en serio, propiciando tormentas. Y en las ferias y fiestas de San Juan y San Pedro de Segovia, calor, de 25 a 32º. El cielo se oscurecerá con frecuencia a inicios de julio. Chubascos a la vista. La tranquilidad llegará a partir del día 10. Por la festividad de Santiago, temperatura sofocante, en una nueva ola que se extenderá más de dos semanas, hasta que, cerca de la Virgen de Agosto, caiga algún que otro chaparrón. En su adiós, agosto dejará calor.

Septiembre nacerá como murió su predecesor. A partir del 10, de nuevo tormentas, con posible granizo. El agradable ‘veranillo de San Miguel’ será largo, pues se prolongará del 21 de septiembre al 5 de octubre. La lluvia hará acto de aparición del 7 al 15. Caerá agua de forma abundante. Y este año, para la festividad de Todos los Santos sí habrá nieve en los altos. Nieblas y escarchas menudearán en el comienzo de noviembre. Del 15 al 23, lluvia generosa. Al final, sol de día y heladas nocturnas.

El último mes, diciembre, habrá de todo. De inicio, días soleados, con heladas finas nocturnas y niebla al amanecer. Del 10 al 20, de nuevo “mucha lluvia”, con la novedad de que esta vez vendrá acompañada por aire. La Navidad será blanca. “La nieve cuajará, incluso en cotas muy bajas”, reitera.

Preguntado por la cosecha de 2018, el pastor da por hecho que será mejor que la precedente. En primer lugar, por algo obvio, la dificultad de que sea peor que la de 2017. Y en segundo, porque este año no habrá sequía. No obstante, sí observa que el presente ejercicio se caracterizará por ser muy tormentoso, y el pedrisco puede arruinar los mejores pronósticos.

Para acabar, el pastor quiere dejar un mensaje, que no es sino el mismo de otros años, aunque con palabras diferentes. El de que “hay que quitar coches”. “Estamos todo el día tragando humo, y eso es perjudicial para todo. Nos ponemos malos por el humo. Si los coches fueran eléctricos, respiraríamos mejor”, remata.