Un Día de la Artesanía en Las Caravas, con trabajos en directo. /E.A.

Lo más oportuno es recordar el lema que hace cincuenta años (1970) nombraba y definía al pueblo: ‘Cabañas de Polendos. El pueblo de siempre al ritmo de hoy’. Muchos veranos han transcurrido desde aquellos años fastuosos e inolvidables, por lo que de novedad y vanguardia supusieron aquellas fiestas en honor del patrón san Lorenzo.

Aquella época dorada, con una población de poco más de trescientos cincuenta habitantes, rompió con la insípida tradición e inauguró unos años de frescura y modernidad. Fuegos artificiales y baile con un grupo de música ligera compuesta por batería, unas guitarras eléctricas y un cantante, que atendía al nombre de ‘Los Sonados’. En la plaza del pueblo se inauguró el concurso de disfraces al igual que diferentes concursos de bailes. Leer en la copa que ganabas en el torneo de fútbol, por poner un ejemplo, que era donada por el Ministerio de Cultura, daba un poco más de valor al trofeo.

Si estos y otros espectáculos dieron popularidad a la fiesta, junto a las peñas ‘El Chopo’ y ‘Los Galgos‘, la visita de diferentes cazadores para el concurso Internacional de Tiro al Plato daba a la celebración universalidad, todo recogido en el programa impreso mostraba los diferentes espectáculos que se podían seleccionar según los gustos. Lo más notable del programa eran las fotos de lo acontecido en años anteriores.

Sí, todo ocurrió al final de los años sesenta y principio de los setenta del siglo XX. Pero hace veinte años (2000), otro prodigio al ritmo de hoy, movilizó a forasteros para afincarse en el pueblo, en Cabañas de Polendos. Pretendía ser el detonante contra la despoblación del medio rural (la España vaciada). “Había que crear algo nuevo que atrajera a los más jóvenes. Organizar un proyecto innovador que dinamizara la vida del municipio”. Son palabras de Emilio García, artífice de ‘Las Caravas’ cuando presidía como alcalde, hoy ausente del Consistorio, el Ayuntamiento de la localidad.

¿Las Caravas? Unos corrales vacíos y en ruinas mostraban todo menos modernidad y limpieza. Adquiridos por el municipio, se buscó utilidad a dichos terrenos que terminó convirtiendo, mil metros cuadrados, en un centro de artesanía en el que diferentes profesionales compondrán una serie de talleres en los que desarrollar sus especialidades. Trabajos de joyería, maderas del mundo, grabados, artes gráficas, ceramistas, etcétera y lo indispensable para una vida social, el bar-restaurante. Eso supuso que algunos artesanos se afincasen en el pueblo aumentando de esa manera la población y surgiera una infantería, niños y niñas alborotando las calles, dando vida y futuro al municipio.

La idea caló y años más tarde, detrás de la iglesia parroquial surgió Caravas II donde nuevos y diferentes artesanos llenaron los nuevos espacios creados para tal fin, dar animación a Cabañas de Polendos. Todo ello compaginado con el aumento de las casas de turismo rural, en la actualidad son siete casas y tres apartamentos los que componen la actividad turística y el restaurante El rincón del tuerto Pirón que, renovado recientemente, anima la gastronomía y las visitas.

En pocas palabras, Cabañas de Polendos se adelanta al ritmo de hoy y repuebla Castilla antes que las propuestas, siempre dudosas, del Gobierno autonómico. El actual censo asciendo a 177 vecinos, 60 más que hace veinte años. Sin duda, Las Caravas ponen, llenan de arte a la rejuvenecida vecindad. Enhorabuena, veinte años no es nada.


Juan Pablo Roda (Cabañas de Polendos)