Victoria Lafora – Directos al hartazgo

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Sectores de la derecha, tanto política como mediática, han puesto un importante empeño en justificar las demandas de Iglesias a Pedro Sánchez para apoyar su investidura. Afirman que Unidas Podemos tiene todo el derecho del mundo en exigir una vicepresidencia para Pablo Iglesias, así como la ocupación de ministerios relevantes para miembros destacados de su partido. Lo nunca visto; personas supuestamente patrióticas apostando abiertamente por un gobierno abocado, sin la menor duda y más pronto que tarde, al “totum revolutum” de una bicefalia de esas características.

Afirman, quienes ven lógica esa idea, que en los países más democráticos y experimentados de Europa se dan permanentemente gobiernos de esa mixtura. Que los electores así parecen haberlo querido y que la obcecación de Pedro Sánchez por evitarlo solo demuestra tacañería y falta de sentido ante lo que ha sido y será la nueva realidad político-social de España, donde se han acabado las mayorías absolutas.

No se sabe si, con esta postura, quienes la defienden, tratan de justificar a la vez otros pactos anti-natura, o pretenden que la asociación de las izquierdas, conformando ese Gobierno abocado al cisma, sufra un rotundo batacazo con el que abrir las puestas de las siguientes elecciones a la derecha.
En estos tiempos de desconfianza parece haberse perdido no solo el sentido del Estado sino la sensatez. Los españoles que vivieron el milagro de la transición no logran entender ese enconamiento con el que hoy se enfrentan los políticos, embarcados en el cortoplacismo y obsesionados por la salvaguarda de sus ombligos, en vez de aplicarse en solucionar los importantes problemas que hoy preocupan realmente a la ciudadanía.

Y así, unos y otros, se culpan de llevarnos a un indeseado adelanto electoral pero no hacen el más mínimo esfuerzo por evitarlo.
Casado, que antes defendía con uñas y dientes el gobierno de la lista más votada, hoy niega la mayor, convencido de que un adelanto de las elecciones le beneficiaría fundamentalmente a él.
Rivera, que surgió en política como el liberal progresista, le niega también el pan y la sal al PSOE, movido por no se sabe qué extraños odios sarracenos. Porque lo de que Sanchez es el amigo de quienes quieren romper España ya no se lo cree ni él.

Pablo Iglesias, tanto él mismo como su partido, en franco declive, solo tiene como asidero de supervivencia la consecución de ese ministerio o esa vicepresidencia.
Y Pedro Sánchez, que navegaba con la fortuna y los vientos propicios, pierde fuelle adoptando una postura más contemplativa que activa. Y eso puede costarle caro.
En fin que, así las cosas, vivimos unos tiempos en los que el interés está desembocando a marchas forzadas en él hartazgo.