Zanjar la guerra

Como candidato del PP a la Presidencia del Gobierno Pablo Casado quizá podría permitirse perder la ocasión de ganar las próximas elecciones. Una situación por la que en su día pasaron líderes como Felipe González o José María Aznar, que necesitaron una segunda oportunidad para llegar a La Moncloa. Casado, en su condición de dirigente político, quizá podría permitírselo. Lo que no está tan claro es que, dada la deriva política del Gobierno que preside Pedro Sánchez, quien pueda aguantar otros cuatro años sea el país.

Las alianzas del PSOE con los partidos opuestos a la lealtad institucional y la concordia que emana de la Constitución convierten en vértigo la hoja de ruta que anuncia un Sánchez que al tiempo que proclama fidelidad a la Carta Magna impulsa un grupo de trabajo que maquina atajos para cambiar nuestro marco constitucional con el propósito de satisfacer las exigencias de sus actuales socios parlamentarios.

Todos ellos, empezando por Podemos y siguiendo por ERC, EH Bildu y el PNV, enemigos de lo que llaman el “régimen del 78”. Tal y como están las cosas, como primer partido de la oposición, la responsabilidad política de los dirigentes del PP es enorme. Tanto como para dar prioridad a lo prioritario intentando ganar la confianza del mayor número posible de electores con el fin de propiciar un cambio político que frenaría la deriva populista en la que navega el Gobierno Sánchez.

Para llegar a ése objetivo, Pablo Casado está tardando en zanjar la absurda batalla interna que mantienen la dirección nacional (García Egea) y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Una batalla cuyos efectos negativos ya están reflejando las encuestas. Si Casado permite que las cosas sigan así, asume el riesgo de perderlo todo. O acaba con la guerra interna o la guerra se lo llevará por delante.