Yolanda: el acertijo

Yolanda tiene nombre de acertijo. Y apellido. Yolanda Díaz (Fene, Coruña, 49 años recién cumplidos) se ha convertido en curioso caso del ilusionismo político. Para que tertulianos traviesos y finos analistas jueguen al qué será-será el plan de la todavía vicepresidenta segunda del Gobierno para competir políticamente a la izquierda del PSOE.

Los rastreadores de lo que está por venir solo contamos con la inscripción de la marca “Sumar” en el registro de asociaciones del Ministerio del Interior y un “proceso de escucha” después de las elecciones andaluzas (19 de junio), con una duración estimada de seis meses.

Y ahora vamos con las palabras juguetonas, en un enésimo esfuerzo de tomarse en serio el intento de reconstruir el dañado espacio de esta parte de la izquierda española que vino a redimirnos del bipartidismo hace poco menos de diez años.

Respecto al nombre registrado, se nos dice que no será la marca electoral, sino una asociación de ciudadanos más, como las de consumidores, padres de familia o alcohólicos anónimos. Nada que ver con la lucha política. Y en cuanto a la resultante de otorgar un turno de palabra a la gente solo nos consta que se ha bautizado como “frente amplio”.

También sabemos que será Yolanda la que escuche. Pero no sabemos si será la que lidere la resultante política de la escucha. Es más, la propia vicepresidenta ha declarado que aún no ha decidido si liderará la aventura, ya en fase electoral, porque ahora su pensamiento no se puede distraer de sus responsabilidades como ministra de Trabajo.

Reconocerán ustedes conmigo que con estas mimbres es imposible imaginar el cesto donde espera encontrarse una izquierda emancipada de Podemos cuya conductora virtual amenaza con desmarcarse si los egos o las siglas de los partidos preexistentes intentan sobreponerse a la voz de la ciudadanía.

Pero ¿qué significa todo eso en una democracia representativa cuyos cauces de participación son los partidos, con su liturgia de líderes, sedes, organización y programas electorales?

El acertijo sigue abierto en un sector inmerso en un proceso autodestructivo desencadenado por un falso profeta. Hablo de Iglesias Turrión (me niego a llamarle de modo que pueda confundirse con el honorable fundador del PSOE), cuyo proceso depurativo interno (Carolina Bescansa, Luis Alegre, Iñigo Errejón, Tania González, etc) arruinó la aventura que ilusionó a tanta gente y ahora sigue cotizando a la baja en las encuestas.

El último regate en corto del renombrado extremo izquierda de la selección plurinacional, hoy predicador en la radio, ha sido distanciarse de Yolanda Díaz, a la que él mismo nombró por el artículo 33 (su real gana) para sucederle como líder de la izquierda de la izquierda. Uff.