‘Welcome, refugees’…, pero no para todos

El municipio de El Espinar se está llenando de solidaridad con el pueblo ucraniano a través de la recogida y envío de material, y también con la acogida. El sábado llegaron 14 refugiados ucranianos que serán acogidos por siete de las cien familias que se han ofrecido para ello.

No obstante, no podemos pasar por alto que esta solidaridad a nivel local, regional y nacional es selectiva. ¿Por qué a los ucranianos que huyen de la guerra se les acoge con los brazos abiertos, se moviliza todo el mundo y se aprueban medidas extraordinarias, pero no ocurre lo mismo con personas procedentes del Sur? ¿Acaso no buscan todos una nueva oportunidad?

Es evidente (y sangrante) que la tragedia de Ucrania acapara más miradas y atención que los naufragios de los cayucos

Cuando hace un año miles de personas llegaron a Ceuta, Melilla o Canarias, el discurso era que España no podía acogerles porque no había sitio para todos y que atentaban contra la seguridad nacional. Pero ahora es diferente: ya no se habla de Menas, sino de niñ@s; a los ucranianos no se les tiene miedo, mientras que para los que llegan de la Frontera Sur, se ponen más concertinas en las vallas. Es evidente (y sangrante) que la tragedia de Ucrania acapara más miradas y atención que los naufragios de los cayucos. Hay desplazados de primera, de segunda… Y de tercera.

Algo falla como sociedad cuando el color de piel, país de origen o religión determinan si esas personas merecen nuestra ayuda o no. Bravo por la solidaridad, pero ojo con el racismo.