Vox sin votos

Vox nació en Génova como reacción frente a los independentistas y ganó peso cuando el PSOE pactó con ellos, pero el estirón se lo dio Ferraz gritando ¡que vienen los fachas! como quien huye con un ejército de zombis en los talones. La amenaza dividía el voto de la derecha y activaba el de la izquierda. Si tú no vas, ellos vienen.

No es fascismo académico. No aboga por la dictadura ni la militarización. No pretende subvertir el orden constitucional con violencia. En sus declaraciones son tan antisistema y radicales como Podemos. Y tan previsibles como ellos en cuanto ponen los castellanos en la moqueta.

Más bien es derecha radical populista. Cambian la xenofobia por la islamoaporofobia (el odio por los musulmanes pobres, los otros son bienvenidos), el machismo por el antifeminismo (las mujeres que quieren la igualad y aguanten un piropo pueden quedarse) y el militarismo por la defensa personal (salta a mi chalet y alégrame el día, MENA). No perseguirían a un homosexual con antorchas, pero convengamos que no lo ven normal “que hagan lo que quieran, pero que no lo veamos”.

Abascal se disfrazó de Leónidas. Bebió de los arroyos y montó a caballo con música. Probó con Taburete, pero volvió a Nino Bravo. Salieron de gira. No era una campaña de generales, eran generales de campaña. Había insultos, armas y brummel como en cualquier cantina.

“Vox no crecerá mucho más por no saber mirar hacia delante. Con indignados y nostálgicos nunca les va a llegar”

El verdadero miedo a Vox para la verdadera socialdemocracia es su rechazo a los mejores consensos que hemos hecho en los últimos 40 años: Europa, las autonomías, la protección social, la igualdad de género y la diversidad. Ellos prefieran los consensos de los 40 años anteriores. Su destino está a la derecha. Vox no crecerá mucho más por no saber mirar hacia delante. Con indignados y nostálgicos nunca les va a llegar. Necesitarían ilusionados. La política es un juego de anticipar mejoras. Por primera vez alguien dijo que quiere volver al pasado para mejorar, pero pocos recuerdan una España grande. Y mucho menos libre. Ese viaje ilusiona lo mismo que un empaste. El pasado no tiene futuro.

Basta ver cómo Ayuso es más valorada que Monasterio por los votantes de Vox. “Comunismo o libertad” es un lema tramposo pero eficaz para el PP, no para Vox, porque todos tenemos una hija, una cuñada dominicana y un primo gay y también les queremos libres. Así que el PP va a tener que ayudarles para que no se queden por debajo del 5%. En mucho votante popular asoma uno de Vox después de un cocido completo, pero ante la urna afloran las expectativas de futuro y ahí no hay noticias de Vox. No se puede adelantar por la derecha y mirando solo el retrovisor.