Vox gana el relato al PP

La política debe llevar cosida la moral a su identidad. Si no, se convierte en otra cosa: la manera más inmediata y sencilla de satisfacer la voluntad de poder del individuo. Un agregado intrínseco de lo moral suele ser el silencio. El ruido, la alharaca, el sacar pecho constante –expresión muy española y de un evidente matiz sexual- suelen ir acompañados de más farfolla que de contenido. El silencio, en cambio, es buen escenario para la reflexión, para el juicio crítico, para el respeto hacia el contrario, que es lo mismo que decir hacia el pensamiento, incluso hacia la creencia del otro; al evitarse la invasión se preserva la autonomía de su voluntad. La inteligencia del ser humano va en proporción inversa a su capacidad para soportar ruido. Lo cual acerca inexorablemente la forma al fondo. Las formas tienen una significación claramente moral, que se traduce en el respeto al otro.

El día a día de la política no debería ser ajeno a ello. Pero lo es. No importa la mentira, el cambio de opinión no por la lógica de los hechos o de los tiempos, sino por intereses espurios que siempre terminan satisfaciendo a quien rompe las reglas de la convivencia colocándose por encima de los demás. Incluso con la mentira. Incluso rompiendo las formas que deben regular la relación entre los seres civilizados. Pero en la política, y por desgracia, lo que impera es el relato, el anticiparse en el cerebro ciudadano a la hora de componer una historia creíble. Y en ese proceso no es buen compañero el silencio. Si uno no cuenta lo que es, el otro puede anticiparse relatando incluso lo que no es. En estos casos el silencio –rico para la aventura personal e interna- se convierte en un aliado del relato del otro.

No es defendible la tardanza en la designación de presidente para la Junta de Castilla y León. Va contra las formas. Además de demostrar una evidente debilidad

Y más cuando se rompen las formas. He dicho que las formas son esenciales en muchos aspectos de la vida. Reivindico el valor moral de las formas. También en la política. En el mundo jurídico, el derecho procesal tiene tanta relevancia como el sustantivo. Herencia esta de los romanos, que descubrieron eso del momento procesal oportuno. No es buena tarjeta de presentación la ruptura de las formas en política. Y en la política regional, el silencio y su ausencia están afectando a las formas. De unos y de otros.

No es defendible la tardanza en la designación de presidente para la Junta de Castilla y León. Va contra las formas. Además de demostrar una evidente debilidad. A un gobierno que nace débil le cuesta luego remontar el vuelo. No es solo una cuestión procedimental. Es también una mala señal para la conformación de un relato, tan útil, por lo que se ve, en política.

Pero es que el silencio va en este caso en contra del propio relato. Por mucho valor moral que posea. El presidente en funciones, Alfonso Fernández Mañueco, está perdiendo posiciones en el relato frente a Vox. Este partido ha roto las formas políticas anunciando públicamente el nombre de sus candidatos a tres consejerías. Y dando por hecho sus futuras responsabilidades. El artículo 25 de la ley 3/ 2001 de 3 de julio especifica con claridad que “Los consejeros son nombrados y separados libremente por el presidente de la Junta de Castilla y León”. He subrayado el adverbio libremente. Es este otro caso en que las formas van intrínsecamente unidas al fondo; el procedimiento a la sustancia; el momento procesal oportuno al respeto de la ley.

Es probable que el bofetón no deje marcas, no cree huellas que luego se conviertan en surcos. Pero nadie puede dudar de que ha sido un bofetón. Y que a diferencia de otro que está de moda no se puede vindicar una ofensa previa. Vox ha construido su relato por encima del respeto a las formas. Pero merezca el juicio que merezca su actuación, lo que es indudable es que le está ganando la partida al PP, sumido en otro silencio poco favorecedor. El hecho de elegir a tres nombres de prestigio para consejeros ayuda a la eficacia del relato. Solo alguna tonta del haba puede dudar de la categoría intelectual que precede a Gonzalo Santonja, el candidato elegido para Cultura. Decir que el principal mérito para su elección es haber escrito libros sobre toros es una doble gilipollez. Primero, por desconocer el componente lingüístico aportado por Santonja a un fenómeno poliédrico que es parte indudable de nuestro acervo cultural. Y, segundo, por no reconocer que el torero –acepción inclusiva y genérica- es el único actor que persiguiendo la creación artística pone en peligro su vida. “Prohibida la entrada a quien no entienda de geometría”, dice la leyenda que advertía en el pasado un cartel en la Maestranza de Sevilla. Recomendable, por lo tanto, no escribir de la Fiesta a quien desconozca las leyes de la geometría que marcan los terrenos de toro y torero; a quien no sea capaz de percibir la “música callada” del toreo; a quien pase por alto el respeto a las formas como componentes de la sustancia que existe en una corrida, la semántica que desprende su particular lenguaje –la descripción del pelo de los toros, del traje de los matadores-… Nada prohíbo. Faltaría más. Solo recomiendo, esta vez sí, el silencio. Al menos, hasta que no se conozca ese otro silencio –mágico, estremecedor, taumatúrgico- que en ocasiones sucede en la Maestranza de Sevilla.