Vivir a la cuellarana

El hecho de volver la vista hacia el pasado se basa en las sensaciones que transmiten un presente que no es como imaginábamos y  un futuro tan incierto como poco prometedor.  El transcurso del tiempo  nos permite vivir diferentes situaciones sociales, culturales y económicas.  Para las generaciones inmediatamente anteriores a la dependencia de la telefonía móvil, en nuestro entorno, las cosas han cambiado sustancialmente. 

Apenas dos décadas atrás parecíamos tener mucha más ilusión. Cierto es que el cambio puede generalizarse a cualquier población humana. En nuestra villa, las oportunidades laborales disminuyen y la opción de emprender se hace poco atractiva; en definitiva la posibilidad de crecer son escasas. De ahí que los jóvenes busquen alternativas  en poblaciones mayores, con todas las consecuencias que ello reporta.  Vivir a la cuellarana, a finales de los noventa, era mucho más interesante. ¿Mejor?  Quizá sí.  Al menos parecíamos caminar en busca de cierta prosperidad.

Y aunque  los tiempos son diferentes, necesitamos recuperar buena parte de nuestro modo de vida, lo que requiere políticas que anticipen tiempos, no ir tras ellos.  Aunque también puede que tan sólo se una visión nostálgica de una realidad pasada. En cualquier caso, debe haber un futuro mejor.