Viajes prescindibles, fotos vulgares

Lo único en común que han tenido los viajes de Isabel Díaz Ayuso e Irene Montero a Nueva York es que ambos eran enteramente prescindibles. Uno, tal vez, más que otro, si es que en esto de la prescindibilidad cabe el más y el menos.

Es verdad que en tanto Ayuso se hizo acompañar de cuatro “amigos”, por emplear al término con el que el PP califica ahora a los que van de viaje con las jefas, la ministra de Igualdad sólo llevaba tres, y que mientras que la gira americana de la presidenta regional duró siete días, la de Montero únicamente tres, con lo que esas disparidades impactaron en el gasto total de los viajes a favor de ésta última, aunque más a favor de las arcas públicas con que se pagó. Pero también es verdad que ambas podían haber hecho desde Madrid las cuatro cosas que hicieron, aprovechando las posibilidades de comunicación e interlocución a distancia que ofrecen las nuevas tecnologías. Las mencionadas arcas públicas se lo hubieran agradecido a las dos.

Ahora bien; si los viajes de éstas jóvenes políticas a cuenta del Erario fueron prescindibles, las fotos que se hicieron en Times Square rodeadas de sus “amigos” y “amigas” fueron, permítaseme la cruda franqueza, de una paletería que tira de espaldas. Como la que se hizo en el mismo sitio, hace unos años, el coordinador general del PP, Elías Bendodo, so capa de haber ido a Nueva York a presentar unos anuncios de turismo pegados en los autobuses. Hacerse una foto en ese emblemático lugar, tan emblemático como horroroso por cierto, es como hacérsela en Pisa simulando sujetar la torre para que no se caiga.

Porque, aparte de cualquier consideración sobre el contenido y el resultado real de esos viajes a Nueva York, lo que determina irrevocablemente su prescindibilidad política es esa foto vulgar de grupitos más contentos que unas castañuelas que le otorgan un carácter no ya turístico, sino turistón. Viendo las instantáneas, diríase que ambas delegaciones, una, tal vez, más que otra, viajaron a Nueva York, básicamente, para hacerse la foto ominosa, pues ni Madrid ganó nada a cambio de los 32.000 euros que le costó la broma, ni la situación de las mujeres, ni en España, ni en los EE.UU., mejoró un ápice con la visita ministerial.

Se pueden hacer viajes prescindibles, pues, de hecho, la mayoría lo son, pero sin cargar la cuenta a otros y, preferiblemente, sin hacerse una foto tan vulgar en un sitio tan feo.