Viaje a la distopía

12 de noviembre. Me acerco a la manifestación convocada en Madrid contra la amnistía. Acudo con la convicción que ahora no caben equidistancias. Acudo porque no quiero una sociedad desigual en que los que quieren romper España gozan de privilegios. Acudo porque creo en la separación de poderes —así lo estudié en la carrera— y que un político condenado no debe enmendar a la judicatura en una comisión parlamentaria. Acudo porque es una aberración que la futura ley de amnistía sea dictada por su beneficiario. Acudo porque no quiero que se negocie con la deuda de todos los españoles en beneficio de quien arrastra nuestra dignidad de país. Acudo porque hace tres meses el gobierno nos mintió defendiendo con vehemencia lo contrario de lo que hoy defienden. Nos mentían delante de las urnas. Acudo porque no quiero la capitulación del Estado de Derecho. Acudo porque los independistas, terroristas y condenados desean un gobierno débil y se lo quieren dar. Acudo porque se rompe la igualdad entre españoles cuando el Código Ético y de Conducta del PSOE (apartado 4.5) dice que la Igualdad es uno de los principios que dieron origen al partido y que esa es su razón de existir. Y, sin embargo, lo ignoran en función de sus intereses particulares. Miran hacia otro lado. En este caso la ignorancia no penaliza, bien al contrario, si la culpa es de alguien será de otros. No hay más que ver la contestación de Bolaños a la Comisión Europea.

El domingo, no hubo demasiados exabruptos; “Puigdemont a prisión; España no se vende… Si tuviera que calificar el ambiente del domingo, diría que era festivo, familiar y cabreado. Muy enfadado. Y lo comprendo porque me he adjetivado a mí mismo. Tal vez con ello dirán que los asistentes eran unos reaccionarios. Pues vale. Personalmente, si ser como soy, pensar lo que pienso y defender lo que defiendo me convierte en reaccionario a los ojos mis antagónicos ideológicos ¿qué puedo hacer yo? Soy una persona abierta a los argumentos, pero no a las imposiciones. Y en eso estamos.

Y lo que más me indigna, no es que la clase política de izquierda justifique una estafa electoral —la izquierda, a pesar de mentir con la amnistía, no ganó las elecciones— A fin de cuentas, estos políticos son estómagos agradecidos que viven de su endogamia de partido. Lo peor, digo, es la base social que justifica, sin explicarlo, el motivo que les mueve y que no va más allá de evitar que gobierne la derecha; incauto argumento que quiebra la cultura democrática. El apoyo de las bases del PSOE a la amnistía (parece que 95.000 votos afirmativos de 172.000 posibles) me recuerda lo que ocurrió en Gran Bretaña después de la aceptación del Brexit. En los días siguientes el “british” indagaba en Google: “¿Qué consecuencias tiene el Brexit?” Es decir, votaba sin tener ni idea de las consecuencias y después preguntaba. Votaba ideológicamente porque su “establishment” le decía que lo hiciese de esa manera y no de otra. Las consecuencias ya las estamos viendo; todos con las manos en la cabeza. Sin pensamiento crítico. Y con la amnistía, en España, lo mismo. Ya lo dijo el fiscal jefe de la AN, Jesús Alonso: “Me estoy jugando el puesto”. Las sedes y las listas electorales están llenas de ganapanes que justifican cualquier cosa por seguir en el machito. Pero claro, de la dignidad no se come.

Estamos en un viaje a la distopía en que pensar distinto a la corriente gubernamental se tacha. El éxodo de la democracia a la oligarquía está servido porque la gente confunde la democracia con poner urnas para después, pasado el arreón democrático, hacer lo que le venga en gana. Lo único legítimo es lo que yo hago. Lo demás no importa.