Vencer y perdonar es convencer

Sánchez ha vuelto a su naturaleza. A su infancia política, cuando era feliz e inmortal. A cuando llegó a Ferraz con Antonio Hernando de la mano de Óscar López. Ahora, que de todo hace veinte años. Los tres amigos estaban a las órdenes de Pepe Blanco y fantaseaban con reformar la socialdemocracia desde el PSOE. Venía de trabajar en Nueva York, Bruselas y Sarajevo, era incansable en el trabajo y simpático fuera de él, pero su aspecto de galán lo tapaba e hizo que le costara más que a sus compañeros ganarse el respeto. Había un socialismo clásico reticente a la desigualdad darwiniana que ejercen los altos y guapos.

Quedarse a las puertas del Ayuntamiento y del Congreso y tener que entrar desde el banquillo, forjó su cualidad de saber aprovechar las oportunidades. Estar fuera de las listas de la Ejecutiva de Rubalcaba mientras sus amigos adquirían responsabilidades, terminó por conformar una determinación de marine.

Amigos que compartían barrio, expectativas y padrinos, tomaron caminos distintos aquel 1 de octubre de 2016. Cartas marcadas, dobles jugadas y silencios desgarradores en los wasaps y los ascensores. Cambió de amigos, y los nuevos le ayudaron a llegar a Moncloa, pero nunca pudieron devolverle esa atmosfera iniciática de aquellos días. Esa felicidad que creemos eterna, en el que ponemos tanta curiosidad y atención que llegamos a conocernos a nosotros mismos.

En el Madrid de Ayuso puede que no te encuentres con tus ex pero en el PSOE de Sánchez había que desterrarlos. A lugares ausentes de castigo, pero ausentes también de virtud.

Los estudios cualitativos, que es como se llama en sociología a cuando pensamos con la nariz, decían que Sánchez era frio. Con más ambición que piedad y misericordia. Malos rasgos para un líder en tiempos de pandemia. ¿cómo podía hablar de reencuentro en Cataluña con su partido dividido?, ¿cómo de reconciliación entre españoles mientras se despreciaba a Felipe González?, ¿cómo dar segundas oportunidades a cualquiera, Bildu incluido, pero no a los nuestros? La derecha lo sabía y lanzaba guiños a los socialistas desencantados. Si a los que te odian les quitas las razones, solo les queda el odio irracional.

Sánchez, con su carácter forjado a golpes, como un ganador de ‘Los juegos de calamar’, hizo lo necesario para llegar a Moncloa, a veces contra su naturaleza, pero quiere volver a sus orígenes, al ‘rosebud’ de Kane, al Ferraz del 2000 y las posiciones socialdemócratas. Las que le pide Bruselas y en las que él se educó y creyó antes de tener que apartar sus creencias por el peso de la realidad de los pactos. Estos cambios generarán un nuevo espíritu necesario para afrontar elecciones cuando vengan.

La realidad demostró también que algunos de los nuevos amigos acabaron por tener agendas personales y crear sectores sectarios, así que era natural volver a las esencias. Gobierno no hay más que uno y a ti te encontré en la calle (Ferraz).

Se equivocan los agoreros asustando con Yolanda Díaz. Detrás de sus buenas formas y su gestión lo que hay es feminismo impuesto por un macho alfa

Se equivocan los agoreros asustando con Yolanda Díaz. Detrás de sus buenas formas y su gestión lo que hay es feminismo impuesto por un macho alfa (Iglesias), propuesta de trascender la izquierda desde los restos del comunismo y unidad planteada por confluencias que viven de ser distintas. Lo que Díaz asegura es aglutinar el 12% de los votos a la izquierda del PSOE, lo cual, una vez más, solo beneficia al PSOE.

Llevarse el antiguo Ferraz a la nueva Moncloa es vencer y perdonar, que es vencer dos veces. Ganar para compartir la victoria con los vencidos.