Una repoblación necesaria y una nueva esperanza

Últimamente se viene hablando, no sin razón, de cierto despoblamiento del medio rural, del absentismo de una juventud que hasta hace bien poco tiempo constituía una línea de continuidad en el campo que, por falta de incentivos, se ha roto. Eso hace que en nuestro territorio –tambien en otros- hayan desaparecido no sólo elementos básicos de la producción primaria sino de viviendas que durante muchos años alojaron al vecindario (hoy abandonadas y semiderruidas) que generalmente convivían en racimo, lo que hacía que se compartiera en esa paqueña comunidad cualquier desventura o goce particularmente familiar que inmediatamente trascendía, en un gesto de solidaridad extraordinario. Esas ausencias dieron como consecuencia , al tiempo, el abandono y ruina a veces de un patrimonio rural cultural riquísimo (iglesias, ermitas, palacios, edificios singulares de determinadas épocas y estilos, asentamientos, hallazgos arqueológicos, incluso la construcción popular) y produjeran sobre todo acabar en muchos casos con las raíces sistemas de produción y de vida rural que difícilmente volverán a tales medios,
Bien es cierto que frente a ese desgaste aflora ahora, posiblemente (me refiero al medio rural, que el urbano es otra cosa) un resquicio de lo que pudiera ser una repoblación siquiera mínima frente a ese éxodo, al dotársele ahora de condiciones de habitabilidad más favorables de permanencia allí del hombre y de supervivencia del núcleo: agua, electricidad, abastecimientos, transporte, sanidad, farmacias, escuelas, comunicaciones. Me refiero a las nuevas corrientes también de retorno de muchos de aquellos hijos de los que se marcharon (víctimas del espejismo de un progreso en muchas ocasiones desvanecido) volviendo a estos pueblos buscando otra calidad de vida más apacible y más rica., Y, en otro orden, habrá que señalar igualmente sugerente, las migraciones que se están registrando en España. A esto se refería el otro día nuestro periódico cuando señalaba que Castilla y León, sin ir más lejos, ha registrado más de 200.000 ciudadanos extranjeros regularizados legalmente sobre todo de Rumanía, Bulgaria, Marruecos lo que supone una cifra record lograda tras seis años de crecimiento imparable. Bueno, pues tal vez ahí pueda verse, en mi opinión, un importante foco de una nueva reconquista y una urgente repoblación de nuestro medio rural en el que se vienen esbozando ciertos asentamientos estables.
Sin embargo el panorama de nuestros pueblos sigue reflejando esa despoblación sufrida desde hace años. Y no viene a ser la parte menor, como decía, el absentismo de nuestros campos y, en consecuencia el abandono de la producción. Es de reflejar al tiempo el cierre paulatino de muchas pequeñas industrias autónomas allí como carnicerías, ultramarinos, panaderías, etc. que hacen cada día más difícil allí la vida. Y, sobre todo, esos pequeños bares que muchísimas veces las carencias básicas de encuentro vecinal que constituían con ello el pulso de la convivencia de aquellos cada vez más reducidos habitantes. Es bien sabido que estos pequeños establecimientos (donde por cierto se vendía de todo) reunían al vecindario propiciando así sus escasas ocasiones de diálogo. Y al tiempo que se arrastraba, se cantaban las cuarenta, entre el “paso”, el no quiero, o la grandeza del mus, se aliviaban en todo caso su soledad y su aislamiento rural. Es decir, se olvidaban del reloj y, en muchos casos, propiciaban aquellas coplas que salían del alma.
Por eso pienso que los flujos migratorios que se registran actualmente, unidos al ofrecimiento generoso de algunos Ayuntamientos de vivienda, ayudas, disposición para la reapertura del bar cerrado, recuperación de los centros sociales, tierras de labrantío, huertos, ocupaciones remuneradas, etc. puedan –digo- venir a solucionar las carencias de mano de obra acusadas; al tiempo de suponer una entrañable integración entre nosotros de otras personas y culturas de un mundo distinto, y constituir un incentivo generoso para quienes buscan un nuevo asentamiento en una tierra que pueda proporcionarles una mejor calidad de vida que la que abandonaron, quizá jugándose la suya por el riesgo de hallar algo mejor. Para quien lo entienda, podría empezar así a salir el sol. Y una nueva esperanza.