Una generación perdida

Sin duda, no se puede actualmente hablar de otra cosa que de la repercusión que esta pandemia nos está provocando a todos los ciudadanos. Las alteraciones en nuestros hábitos de vida o los trastornos físicos, psíquicos y sociales son evidencias de una época de crisis global.

También la práctica de la actividad física y deportiva se ha visto resentida. Especialmente significativa es la situación que afecta a nuestros jóvenes. En los centros educativos se han suprimido las actividades extraescolares deportivas, situación esta que provoca que miles de niños vean reducido su tiempo de práctica física, que ya de por sí era bastante reducido.

Además de esta incidencia negativa en su salud física, también se derivan otros acontecimientos que probablemente en un futuro condicionarán su manera de relacionarse con la actividad deportiva. Se les está restando posibilidades de relacionarse con otros compañeros, de compartir experiencias positivas, de aprender a jugar, de apreciar los valores de la competición o de reforzar su autoestima y autopercepción.

No sólo los escolares se ven afectados. También aquellos que practicaban un deporte en categorías federadas. Las limitaciones establecidas por las autoridades sanitarias obligan a desvirtuar en muchos casos la esencia del propio deporte: el uso de mascarillas, los ejercicios individuales sin contacto o la falta de competición. Todos estos factores han conllevado que muchos practicantes hayan dejado de realizar la especialidad que más les gustaba. En fin, una generación que, de momento, se está perdiendo y que habrá que hacerles retornar con estrategias innovadoras y motivantes.