Una cofradía de tiempos de Enrique IV

Lo que se describe hoy en este espacio lo encontré sin que mi intención fuera directamente a encontrarlo. Eso sí, el papel donde se recogía estaba añejo, como hueso de jamón ‘pasao’ de fecha, por lo que hizo falta un eficaz anti polvo seco, mano derecha, paño recoge partículas izquierda y un adornado con chicuelina y media para que quedara limpio y entrara en él el ojo humano. Permítanme.

Ya no existe (cuando menos en activo), pero existió en Segovia una asociación con el nombre de Venerable y Real Cofradía del Santísimo Sacramento. Tenía su domicilio social en la parroquia de Santa Eulalia. Su prestigio en la ciudad era indudable. Sin que en el papel que encontré se precise fecha concreta de fundación, por no existir libros ni datos anteriores a 1586 en la parroquia, dato que sí está reflejado en el libro parroquial de 1688, se dejó escrito por los hermanos cofrades, página 99, que su fundación se debe a Enrique IV, vecino de esta Ciudad en 1470.

La dirección de la referida cofradía se ejercía a través de los acuerdos tomados en junta. Fue así hasta que el obispo de la ciudad, Juan José Martínez Escalzo, en visita pastoral a la citada parroquia, año 1772, dijo a los ‘jefes’ de la cofradía que en adelante habrían de gobernarse metódicamente, a través de obligaciones de los hermanos que fueren a ella. Por lo que habría que dejar por escrito cuando y como se iba a hacer. Hubo toque de llamada a junto general, que por ser mayordomos en esa época, realizaron Manuel Cortés y Gabino Tomé, a los que se unió el párroco Juan Arranz de la Torre.

Fue así como quedó conformado el reglamento de la Cofradía. Consta de 28 capítulos, entre los que hay curiosidades como el que hace referencia a la admisión de hermanos:

No se admite por hermano sujeto que no sea de limpio nacimiento y notoria cristiandad, de oficio, trato o empleo honesto y de buenas costumbres, para que de este modo se haga más honorífico el pertenecer a ella y se distingan los hermanos por su porte de otras confraternidades, que no tienen tan elevado carácter y objeto’.

No se quedaba ahí la ‘cosa’, pues para la concreta admisión de un nuevo cofrade era obligada la votación de los que ya pertenecía a la cofradía, ‘que ha de ser secreto, para lo que dispondrá la Cofradía de habas y cantarillas, (Vg. Vasija de barro, sin baño, y forma de una jarra ordinaria y de boca redonda) y una vez votado puestos en la mesa se contaran dichos votos. Si el pretendiente tiene a su favor, de tres partes las dos, quedará admitido. Si no llegare a su favor la votación, se suspenderá su admisión, sin dar lugar a disputas’.

Muy después, siendo ya obispo Alonso Marcos de Llanes y Arguelles, 1776, fueron aprobadas las constituciones. La cofradía prosiguió su marcha con un gran número de hermanos en la misma, pues se tenía como gran honor en la ciudad el pertenecer a ella. He aquí algunos de los apellidos ilustres de la Real Cofradia: Ceballos Escalera, Tomé, Contreras, Cáceres, Carretero, Drake, Bernaldo de Quirós, Carlos de Lecea…

De los datos recogidos, aún a principios del siglo XX, languideciendo, eso sí, la cofradía tenía actividad, pero con escaso número de cofrades. Entre mujeres y hombres no llegaban a treinta.

La cofradía de la Minerva
No le va a la zaga (Vg. No ser inferior a otro en aquello de que se trata), de lo descrito anteriormente, la Cofradía de la Minerva de la iglesia de San Miguel. Su creación es de 1562. Lo fue a través de bula de Pio IV (Giovanni Angelo Medici), que concedía a la de Segovia las mismas prerrogativas de la cofradía ‘Supra Minervam’, fundada por Paulo III (Alejandro Farnesio) en la iglesia de Santa María de Roma, en 1539. Esta cofradía tuvo como misión esencial la de acompañar al Santísimo cuando era llevado para administrar el viático a los enfermos.

También ‘derivada’ de la Minerva y en la misma iglesia, nació en 1632, la cofradía de ‘la Esclavitud del Santísimo’. Fue esta muy numerosa y de finalidad muy parecida. Ambas llevaban a efecto procesiones por la demarcación parroquial y alrededores de la Plaza Mayor. La Minerva continúa con esa actividad procesional, el viernes siguiente a la festividad del Corpus.