Tristeza

Siento una profunda tristeza por cuanto está pasando en nuestro país, por la decisión de Pedro Sánchez de pagar con una vergonzosa ley de amnistía los siete votos que necesita para repetir como Presidente del Gobierno.

Pero no solo Sánchez es responsable de tamaño desatino, lo son todos los que le acompañan en su aventurerismo, ministros, dirigentes del PSOE y buena parte de la militancia. Todos ellos son responsables, junto con los que les han jaleado, algunos juristas y algunos medios. Ninguno podrá decir que le han apoyado engañados. Saben lo que están haciendo.

Me pregunto sobre la calidad de nuestra democracia cuando se hace una ley de amnistía ‘ad hoc’ para los políticos que han delinquido.

Luego están las mentiras descaradas. Decir que aprobar una ley de amnistía significa acabar con lo que llaman el “problema catalán” es lisa y llanamente una falsedad. Y no es que yo esté dando mi opinión es que los dirigentes independentistas se vienen encargando de decir en todas sus intervenciones públicas que no renuncian a nada, que convocarán un referéndum, que no tienen la más mínima intención de seguir formando parte de España. De manera que Puigdmeont, Oriol Junqueras y compañía no están engañando a nadie. Han firmado un acuerdo en su propio beneficio sin que eso suponga dar ni un solo paso atrás en sus pretensiones independentistas ni mucho menos aceptar el marco constitucional.
Por tanto no son ni Puigdemont ni Junqueras los que pretenden engañarnos sino que es Pedro Sánchez y sus compañeros de aventura los que lo hacen.

Cuando Pedro Sánchez decidió indultar a algunos de los dirigentes independentistas que habían tenido responsabilidades en el procés, lo justificó diciendo que era una manera de tender puentes y rebajar la tensión con Cataluña. El propósito sería bueno, el resultado ya lo vemos. Y así será también una vez concedida la amnistía: Puigdemont y Junqueras, juntos o separados, continuarán la cabalgada hacia la independencia porque, entre otras cosas, Pedro Sánchez les ha tendido un puente para lograrlo.

Otra mentira retorcida es la de quienes, desde filas socialistas y aledaños, dicen con desparpajo que quienes votaron al PSOE el 23 de julio sabían que votaban al Gobierno Frankenstein. Hay que tener poca vergüenza y falta de ética para hacer esa afirmación.
Votar PSOE es votar un gobierno del PSOE. Un voto no es una carta blanca para que el partido y su líder lleguen a acuerdos con quienes quieren enterrar la Constitución. Eso sí, en las próximas elecciones todos sabemos que si votamos PSOE y el líder sigue siendo Pedro Sánchez, este hará con ese voto lo que le venga en gana violentando la voluntad de los votantes.

Sí, siento una profunda tristeza y desazón. Me sorprende la actitud de algunos de los dirigentes socialistas en los que confiaba. Tristeza, decepción y rabia al escucharles defender lo indefendible con absoluto cinismo y apoyando una ley de amnistía con la que se va a perpetrar un ataque a la Constitución humillando al país entero al hacerle pedir perdón a los golpistas del procés y, cuestionando además la independencia del Poder Judicial al que quieren atar corto. Todo esto para seguir en el poder. Esa ansia de poder es enfermiza y se lo debían hacer mirar. A lo mejor hasta tiene tratamiento.