Todos a una

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La Gimnástica Segoviana tiene a su alcance ascender a la Segunda B, y no por habitual carece de mérito. La pelea por el título con Zamora y Arandina, con más recursos y plantillas profesionales, ha sido tan desigual a priori como apasionante a la larga y nos hace albergar un moderado optimismo con respecto a las eliminatorias, porque no será fácil encontrar rivales más cualificados.

El premio de la Copa del Rey es suculento, pero el fútbol segoviano debe aspirar a más. Queda demostrado que la Tercera no es una categoría a la que por prestigio, afición e historia le corresponda estar al club azulgrana. La Gimnástica convirtió el ascenso en objetivo desde que el balón empezó a rodar en pretemporada. Loable, aunque temerario. Así tiene que ser una institución con más de noventa años.

En la plantilla hay aptitud suficiente y actitud máxima para alcanzar el propósito. Institucionalmente la Segoviana está en uno de sus mejores momentos, sin apreturas económicas y con una masa social en crecimiento. El reto exige solventar seis partidos, seis finales a cara y cruz en el que la justicia deportiva, caprichosa, a veces se inhibe. Seis envites en los que el aliento del aficionado en el campo y fuera de él es imprescindible.
Llega el momento del apoyo sin fisuras desde todos los sectores, de lucir la camiseta por calles y plazas. Tiempo de demostrar que nos merecemos rivales de más entidad en La Albuera y visitar emplazamientos con más lustre. Es la hora de esgrimir etiquetas en redes sociales que destierren de una vez por todas el histórico infortunio que a veces nos atenaza. Los que estuvieron hace dos temporadas en La Albuera en el partido con el Malagueño o en Logroño años antes ya saben el camino que lleva a la Segunda B. Si alguno tiene dudas, pregúntenles a ellos.

Los jugadores son conscientes de lo que tienen por delante, de que nos representan. Tienen ante sí la posibilidad de llevarnos a la Segunda B y se van a dejar la piel en ello. Segovia no debe dejarles solos.