Todo cambia…

El escurialense Martín Rico pintó su cuadro ‘Un paisaje del Guadarrama’ desde las cercanías del Alto del León. Es la esencia del paisajismo decimonónico de nuestra sierra al que antes contribuyeron Velázquez o Goya y después D´Albé, Morera, Sorolla… o aquellos que cultivaron la escuela de pintura de El Paular. Cuentan los entendidos que el paisajismo practicado hasta Martín Rico apenas usaba detalles de nuestra sierra salvo como telón de fondo; un atrezo lejano que enmarcaba escenas más cercanas.

Pero él se aventuró por primera vez entre los montes para arrancar la pintura guadarramista atrapando en sus telas los celajes del amanecer castellano. Desde temprano cargaba con los bártulos y archiperres… Su imagen me recuerda esa fotografía de Don Ramón Menéndez Pidal transportando el Pirulí en su fondillera Ínsula Navazaria en busca de una sombra donde trabajar.

La luz de Martín Rico es actual porque cada rincón que hoy disfrutamos podría ser el mismo que retrató el artista. Pasado y presente, juntos. Cada pino es el que recibe el resol de la mañana y cada berrueco enarbola el estoicismo rocoso de los cordales. Los pinos, golpeados por el viento, siguen ahí, igual que en su cuadro, eternamente iguales como mástiles que enarbolan las verdes velas de sus pinochas y a los que Alberti en San Rafael, también con lápices y pinceles, concedió el título de ‘Tristes caballeros del aire’. Me gusta pensar que todo cambia para seguir siendo lo mismo.