Tienen prisa en aprobar la Ley de la Eutanasia

La ponencia constituida en el Congreso de los Diputados para estudiar el proyecto de ley de eutanasia, planteada por el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos como un derecho, al que puedan acceder todos los ciudadanos cuanto antes y sin ninguna cortapisa, sigue su curso.

María Luisa Carcedo, ponente socialista, ha dicho que esta ley “pretende poner fin al sufrimiento de muchas personas”. Cierto. Si morimos, dejamos de sufrir. Lo que se va filtrando de la tramitación de esta ley, que pretenden sea muy laxa, provocará mucho más sufrimiento e inseguridad en las personas mayores, expuestas a que se les pueda aplicar no solo con enfermedad terminal, sino también con “padecimiento crónico», sin garantías para que la decisión de morir sea realmente «libre, voluntaria y consciente”, con la posibilidad de ser aplicada, incluso, en su propio domicilio y no solo en los hospitales públicos, concertados o privados. Si las prisas, en general, no son buenas casi nunca, en temas como estos del respeto y la atención integral a la vida humana en su fase final, mucho menos.

Más de 160 Catedráticos, profesores y académicos de Derecho de 37 universidades públicas españolas han alzado su voz para pedir al Congreso de los Diputados que paralice la tramitación de la proposición de la ley de eutanasia, ya que ”constituye una grave amenaza a la seguridad de las personas mayores y enfermas”, además de ser “contraria a la dignidad de la persona humana y a los derechos más fundamentales que le son inherentes, garantizados por la Constitución y el Derecho internacional de los derechos humanos”.

Está en contra, dicen, de varios artículos de la Constitución Española, los que “protegen la dignidad de toda persona humana y sus derechos irrenunciables a la igualdad y no discriminación, a la conservación de la propia vida y a la protección de la salud aun cuando pueda encontrarse reducida, y especialmente cuando se trata de disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos o de ciudadanos en su tercera edad”.

El Comité de Bioética de España también se ha pronunciado: “hemos visto que existen sólidas razones para rechazar la transformación de la eutanasia y/o auxilio al suicidio en un derecho subjetivo y en una prestación pública. Y ello no solo por razones del contexto social y sanitario, sino, más allá, por razones de fundamentación ética de la vida, dignidad y autonomía. El deseo de una persona de que un tercero o el propio Estado acabe con su vida, directa o indirectamente, en aquellos casos de gran sufrimiento físico y/o psíquico debe ser siempre mirado con compasión, y atendido con una actuación compasiva eficaz que conduzca a evitar los dolores y procurar una muerte en paz. Sin embargo, tal compasión no consideramos que legitime ética y legalmente una solicitud que, ni encuentra respaldo en una verdadera autonomía, atendido el contexto actual de los cuidados paliativos y socio sanitarios, ni, además, queda limitada en sus efectos al propio espacio privado del individuo. Legalizar la eutanasia y/o auxilio al suicidio supone iniciar un camino de desvalor de la protección de la vida humana cuyas fronteras son harto difíciles de prever, como la experiencia de nuestro entorno nos muestra”.

Por otro lado, “la eutanasia y/o auxilio al suicidio no son signos de progreso sino un retroceso de la civilización, ya que en un contexto en que el valor de la vida humana con frecuencia se condiciona a criterios de utilidad social, interés económico, responsabilidades familiares y cargas o gasto público, la legalización de la muerte temprana agregaría un nuevo conjunto de problemas”.

Lo dicho, además, cobra aún más sentido tras los terribles acontecimientos que hemos vivido pocos meses atrás, cuando miles de nuestros mayores han fallecido en circunstancias muy alejadas de lo que no solo es una vida digna, sino también de una muerte mínimamente digna. Responder con la eutanasia a la “deuda” que nuestra sociedad ha contraído con nuestros mayores tras tales acontecimientos no parece el auténtico camino al que nos llama una ética del cuidado, de la responsabilidad y la reciprocidad y solidaridad intergeneracional”.

Les dará lo mismo. El Gobierno presumirá de proponer la Ley de eutanasia más progresista de Europa o del mundo, si me apuran.