Tensión, la otra pandemia

¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis? “Bien, sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión”. No sé si lo recuerdan. Con ese comentario furtivo a micrófono encendido terminó la entrevista-masaje que le hizo Iñaqui Gabilondo a un complacido Zapatero en el 2008. Recuerden que así se expresaba el político solo unas horas después del intento de agresión que sufrió María San Gil, entonces presidenta del PP vasco, durante unas jornadas en la Universidad de Santiago“Ojalá te mate ETA” le gritaban furibundos y al unísono aquel grupo de presuntos universitarios, absolutamente fanatizados y con los rostros desencajados- Lo traigo a colación porque como somos víctimas del constante reseteo institucional de la conciencia, andamos mucho mejor de memoria histórica que de memoria a secas.

Cuesta creer que las dinámicas y el constante efectismo electoralista de algunos partidos —estamos inmersos en una infinita campaña política— hayan sembrado tanto resentimiento entre los ciudadanos y que además, algunos de estos políticos aprovechen la coyuntura haciendo gala del oportunismo más impúdico para canalizar todo ese encono, en impulsar el desapego hacia la propia naturaleza e idiosincrasia, intentando alejarnos todo lo posible del sentimiento de pertenencia a este país, al uso de su lengua y por qué no, a la propia existencia de España. Recuerden que también hay vicepresidentes que no solo son incapaces de nombrarla, además, pretenden obligarnos a deglutir y digerir, el que se ponga la gobernabilidad de la “patria” —así, sin complejos— en manos de quienes directamente la odian, dando toda la relevancia a quienes siguen empeñados en desmembrarla. Un panorama “tenso”, que ni es nuevo, ni lo tenemos en este reino en exclusiva. Hoy en día, esta dinámica efectista se ha convertido en el patrón de una calculada estrategia política. Miren cómo se disparó la violencia en Estados Unidos debido al agitprop oficialista y los otros estímulos a favor o en contra de la finiquitada presidencia. Presten si no atención, a todo lo que sucede solo un poco más hacia el sur, en mi querido México, donde hasta hace muy poco existía un envidiable sentimiento en lo que se refiere a patriotismo y que junto al otro país norteño, eran el ejemplo perfecto de la unión del pueblo bajo el mismo sentimiento del vínculo “nación”, pero claro, a cada país que juega con fuego, tarde o temprano le termina llegando su propio político, con su particular mensaje irresponsable de “apreteu, apreteu” —apretad, apretad— ¿recuerdan? —otro ejercicio de memoria a secas—. Hoy, se están generando “tensiones” que fracturan el seno de sociedades que nunca se vieron tan divididas y que claramente son las víctimas de la misma circunstancia política: la de ser gobernados en una infinita campaña electoralista donde únicamente la “tensión” mantiene esas nefastas gestiones de gobierno vivas y solo la crispación social las maquilla.

odo evidencia, que el enfrentamiento y la fragmentación de la sociedad de un país son inversamente proporcionales a la calidad moral o a la capacidad de gestión del dirigente de turno y más aún, si en algún momento de la historia, este impulsó el resentimiento como un elemento motivador, divisor o paradójicamente aglutinador en pro de un objetivo. Cuando esa tensión queda naturalizada por la propia ciudadanía y nos deja atrapados en esa dinámica de inquina, veremos que al igual que la energía, esta ya no se destruirá, se irá transformando y enfocando en distintos objetivos en función de quien pueda mover los hilos para que no dejemos de estar “tensos” de cara a introducir la papeleta o directamente movilizarnos para tomar las calles. “Quien no vote no come”, ojo con este y otros tipos de mensajes tan poco subliminares procedentes de algún “paraíso democrático” referente para algunos de nuestros políticos, porque reflejan un presente sin argumentos racionales y críticos frente al alegato intenso y visceral que delata el verdadero alcance de todas esas políticas generadoras de “estómagos agradecidos”.

Estamos mucho más cerca de que legiones de adoradores impidan a millones de ciudadanos infantilizados o adormecidos, el mostrarse capaces de ser críticos a la hora de valorar o castigar las acciones de algunos políticos, que del voto meditado y racional que nos alejaba de convertirnos en el primate adiestrado que vota con una mano, mientras que con la otra, le va propinando un fuerte puñetazo a la papeleta del contrario. Y todo como consecuencia de esa tensión existente que con mayor o menor sutileza, ha sido inoculada por oscuros directores de orquesta en todos los ámbitos sociales: desde las televisiones públicas, pasando por las redes sociales, hasta algunos texto escolares, con el resultado de una sociedad global mucho más enferma y resentida de lo que parece, con la necesidad urgente de vacunarse, sí, de Covid-19 y también de todo ese rencor latente.