Tamames

En estos días se habla mucho de Ramón Tamames, porque su obra, “Estructura Económica de España” va a superar la 26º edición, pero cualquier día podría ser oportuno para aprender de uno de los personajes más vitales y más ubicuos de la vida social y política de España.

Por ceñirnos a esta última faceta, fue la persona que presentó a Manuel Fraga y Santiago Carrillo, a pesar de que su enfrentamiento con Fraga databa de la etapa en la que éste fue nombrado embajador de España en el Reino Unido.

Fue miembro del Partido Comunista de España desde 1956, cuando tener el carnet del partido te podía arruinar la vida con unos cuantos años de cárcel, y sí, estuvo en la cárcel en un par de ocasiones, pero afortunadamente para los españoles no le arruinó la vida, y siguió siendo miembro del Comité Central del Partido Comunista durante los convulsos tiempos de la Transición, esa transición que los analfacomunistas de ahora mismo, dicen que fue una conspiración de banqueros, empresarios y militares, reunidos en un cuarto oscuro.

Cuando ya se habían producido las primera elecciones democráticas, y Ramón Tamames era diputado en el Congreso, la subida mundial del petróleo y otros factores colocó la inflación en España en un 17%. Con un Ejército tan entusiasta entonces por la democracia como un tigre por las verduras, la situación comenzaba a ser no preocupante, sino grave. El entonces vicepresidente económico del Gobierno, Enrique Fuentes Quintana, catedrático de Economía, consultó con otro catedrático de Economía llamado Ramón Tamames.

Y de allí salieron los Pactos de la Moncloa, gracias a que Tamames convenció a Carrillo de que más valía una gripe como un Plan de Estabilización, durante un par de años o tres, que una pulmonía que podía llevarnos a la caseta de salida, con algo parecido a un golpe de Estado. No es el único servicio a España de Tamames. Les podría explicar -él que sí ha leído a Marx, y ya no es comunista- cómo fue aquello que los analfacomunistas dicen que fue una conspiración capitalista. Gracias, Ramón. Y sigue escribiendo.