Sobre la imprescindible supervivencia de Titirimundi, Hay Festival… y más

La noticia de que dos eventos con tanta tradición, prestigio e impacto social como Titirimundi y Hay Festival, vayan a perder un altísimo porcentaje de las subvenciones que concede la Junta de Castilla y León, -el 85% en el caso del Festival de Títeres-, se trata de un duro golpe, no sólo para la ciudad de Segovia, sino también para el conjunto de esta Comunidad Autónoma. La decisión comunicada, los pone en riesgo de resultar inviables.

Me parece que esta Comunidad Autónoma no se puede permitir que se ponga en duda la posible continuidad de dos iniciativas que se han hecho imprescindibles a lo largo de los años y constituyen un referente de singularidad cultural para Castilla y León.

La nueva política declarada por la Consejería de Cultura y Turismo de plantearse “una nueva estrategia de festivales culturales”, podría resultar muy loable, siempre que esto no supusiera lo que popularmente se conoce como “desnudar un santo para vestir otro”. Podemos valorar muy positivamente la intención de que más de 70 festivales culturales se beneficien de subvenciones en Castilla y León con cerca de 550.000€. La inmediata observación es que, si esta cantidad no es suficiente para atender a las necesidades culturales de los artistas y creadores en una región con tanta creatividad y potencial de innovación en el ámbito de la cultura como Castilla y León, no estamos acabando de servir al bien común como objetivo principal de la POLÍTICA; tan necesario es apoyar a las iniciativas culturales que se han convertido desde hace muchos años en estandartes de la región como trabajar para que la cultura llegue a las zonas más despobladas de las comarcas más necesitadas en esa denominada ‘España vaciada’.

Lo realmente preocupante es que esta decisión se produce en un momento de depresión profunda, en el sentido más global del término, que afecta a toda la ciudadanía, a las empresas públicas y a las privadas

Lo realmente preocupante es que esta decisión se produce en un momento de depresión profunda, en el sentido más global del término, que afecta a toda la ciudadanía, a las empresas públicas y a las privadas. Por este motivo, los gestores políticos, gobiernos nacionales, autonómicos y municipales, tienen la obligación de planificar teniendo muy en cuenta el don de la oportunidad tratando de generar el menor nivel de estrés en la sociedad y en los gestores y las gestoras de eventos culturales a quienes les toca lidiar con la precariedad. Esta terrible pandemia ya nos ha golpeado con suficiente virulencia como para poner trabas a eventos culturales que ayudan a socializar la cultura y dan la posibilidad de disfrutar de un ocio inteligente a toda la población. Para solucionar los problemas será necesario promover una colaboración interinstitucional y sin fisuras, que implique también a la iniciativa privada.

Desde 1985, Titirimundi se identifica con Segovia y Castilla y León. Gentes de toda España, y muy especialmente de toda esta Comunidad, conocen esta iniciativa que inunda de color la Plaza del Azoguejo y llama a festejar la alegría que siempre aporta el titiritero en las calles de la ciudad. Ese mismo al que cantara Serrat y que ha seguido trayendo la ALEGRÍA a Segovia año tras año. Ese Titiritero, alehop, que de feria en feria “siempre risueño, canta sus sueños y sus miserias”, estará pensando que no entiende nada, pues a lo largo de más de 35 primaveras, sintió Segovia como el hogar que nunca tuvo. En una época tan saturada de tecnología, sólo pide seguir existiendo, sin tener la ambición de ser ‘influencer’ de nadie pero sí mantener ese ejemplo de supervivencia en una vida itinerante, que implica un mensaje muy fácil de comprender: el cuerpo del artista y el títere expresan un arte de calle que no necesita de mediaciones tecnológicas y que nos ayuda a entender la vida y hacer la ciudad más humana.

Más allá de los ideales que maneja el arte y de la emoción que ha aportado a la ciudad esta iniciativa en 4 décadas, toda su ciudadanía debe saber que Titirimundi ha devuelto con creces la inversión económica realizada. Miles de españoles de otras comunidades autónomas han llenado restaurantes y hoteles anualmente, han visitado sus comercios y se han convertido en embajadores y embajadoras de nuestra ciudad y de la provincia gracias a Titirimundi. Niños de varias generaciones han reído, se han divertido y maravillado con el arte de los títeres. Como ha recogido este mismo periódico, según un estudio de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), antes de la pandemia, TITIRIMUNDI representa un retorno económico seis veces superior a la inversión realizada. Eso supone riqueza, no sólo desde un punto de vista romántico, que también, sino, sobre todo, en términos puramente económicos.

La muerte de Julio Michel, fue un duro golpe para la ciudad pues él fue el hacedor y el mantenedor del Festival. El alma de una iniciativa que ha podido sobrevivir durante todos estos años gracias al trabajo ingente del equipo, principalmente de mujeres, que le acompañaron en esa utopía posible que se ha llamado Titirimundi. La nueva directora, desde 2017, el mismo año de la muerte de Julio, ha sido Marián Palma, una de esas colaboradoras imprescindibles, ella fue quien asumió en su día dar continuidad a una tarea que ahora se hace todavía más difícil con el anuncio de la drástica reducción presupuestaria. Tanto ella, como Sheila Cremaschi, directora del Hay Festival, no olvidemos que éste es un festival premiado con el Princesa de Asturias, o Noelia Gómez González, directora de la Fundación Juan de Borbón, o Ana Doldán y anteriormente Ana Martínez de Aguilar, directora y exdirectora respectivamente del Museo Esteban Vicente, son mujeres que han debido enfrentarse a múltiples dificultades y aun así han realizado un trabajo encomiable, más allá de todas las trabas burocráticas y administrativas que han debido superar en este tiempo.

Resulta frustrante que no seamos capaces de consensuar unas mínimas ideas que refuercen la coordinación interinstitucional y el orgullo de pertenencia de quienes habitan Segovia; una ciudad con algo más de cincuenta mil personas censadas, más las que aporta todo su alfoz. Quienes residimos en esta ciudad, y formamos parte de esta provincia y de la propia Comunidad, debemos recordar que no sólo Titirimundi y el Hay Festival son motores imprescindibles de cultura, también centros de arte, creatividad y extensión cultural, como el Museo Esteban Vicente, el Palacio de Quintanar, el Torreón de Lozoya, el Museo de la Ciudad o el Teatro Juan Bravo; eventos como 3D Wire/Weird, Música al Fresco, MUCES, todos los promovidos por la Academia de San Quirce, junto a las actividades que las tres universidades: UNED, IE University y la Universidad de Valladolid en su Campus María Zambrano de la UVa en Segovia, generamos; constituyen un caudal ingente de propuestas culturales. Todo ese flujo de actividades educativas, culturales y de divulgación científica, suponen un bien inmaterial que debe unir a las autoridades, locales, provinciales y autonómicas, para hacer valer también ese potencial que permita aspirar en las mejores condiciones a otras ayudas ministeriales y de carácter privado.

No hay excusa para que dos eventos como TITIRIMUNDI y HAY FESTIVAL, pierdan apoyos capaces de asegurar su continuidad y, por qué no, su ampliación a otros lugares de la provincia y la Comunidad necesitados de estímulos culturales tan relevantes como los citados.

No dudo que los máximos responsables y gestores de las diferentes instancias políticas, cumplirán con su obligación de hablar y acordar medidas para favorecer la continuidad de dos eventos culturales imprescindibles que sirven al Bien Común. No olvidemos que ese es el objetivo prioritario de la POLÍTICA.


(*) Catedrático de Comunicación. Universidad de Valladolid. Campus María Zambrano de la UVa en Segovia.