Santiago Sanz Sanz – La victoriosa pérdida del “Seny” (sensatez)

175

Dicen que en el proceso de independencia se evidencia desde su origen una dualidad de presencia y protagonismo de dos derivas ideológicas claves: la secuela de un zapaterismo connivente con Esquerra (ERC) y la cada vez mayor relación e influencia en el ámbito político nacional de partidos como bildu, que muchos remontan a las negociaciones de ZP con ETA. Esta influencia, a día de hoy real, ha crecido de manera proporcional a la seducción ejercida por los filo etarras entre la Cataluña de la burguesía supremacista y la ciudadanía del mismo sello independentista y sucediendo en ámbitos del interior, la costa o en las poblaciones pirenaicas pintorescas. Muchos de estos catalanes, imitando el discurso y como consecuencia del mantra de turno, hoy se muestran abiertamente seguidores del mismo entorno etarra banalizando su violencia. Digo abiertamente, porque lejos del seny que les caracterizaba, ya no esconden en los medios, ni mucho menos en las redes sociales con las que les resulta tan fácil organizarse, el dar rienda suelta al exhibicionismo simbólico y su levantisca euforia victoriosa.

Rememorando lo visto, en el paquete de “la falsa derrota” de la banda asesina, recuerden que todavía están calientes las poco difundidas actas de ETA desde las que podría intuirse y sería del todo verosímil, que habría más de un proyecto favorable para un mayor y extremo diseño territorial superando al autonomista, que supuestamente aplaudirían en su día los nacionalistas, pero que ahora ya se exige irreversiblemente por parte de los independentistas. Y de esas aguas… pues estos lodos, qué quieren que les diga; si el único partido que llevando lo de “español” al final de su firma, pretende hoy recuperar el panorama de una España “sumisa” cuando ha llevado de su mano a ERC, uno de los grupos políticos independentistas más extremistas y manifiestamente enemigo del último de los conceptos de “las siglas” del partido socialista (la E recuerden), entenderán que finalmente, lo que menos se respeta y más potencia la falta de credibilidad, es la falta de coherencia, las conductas contradictorias y la debilidad de la que hace gala la clase política.

Intentar conseguir acuerdos de gobierno solamente con quienes van adoptando de cara a la galería posturas victimistas, pero que históricamente y radicalmente solo pretenden salirse con la suya de manera violenta o impositiva, no sólo nunca pareció un buen negocio, además con ello se nos condena a que desde el independentismo ya se celebre una victoria tras una cadena de cesiones definitivas. Pero no olviden, que durante la alternancia bipartidista, todos los gobiernos nos la han ido vendiendo de manera progresiva y también con mucha vaselina para poder ir encajándolo entre nuestras habitualmente dispersas y desinteresadas percepciones políticas de un nacionalismo aparentemente moderado, pero con una falsa piel de cordero y los colmillos afilados. Bueno, pues todo eso se ha terminado porque ya hace tiempo que en esta farsa se corrieron las cortinas. A aquel político catalán, nacionalista moderado al que “el seny” elevaba al grado de estadista, se lo cargó la corrupción endémica de esas mismas oligarquías supremacistas que como única defensa y huida, prendieron la mecha de toda esta estulticia independentista. Décadas completas de manipulación política y empujones, al principio contenidos pero hoy sin pudor ni sutilezas, van hacia una deriva de violencia festiva donde poder hacer la “v” de victoria pateando a un policía o ver a púberes emparejados haciéndose selfies junto a esas luces dramáticas, bélicas… tenebristas. Recuerdos trágicos del pasado que vuelven a clarificarse en nuestra habitual memoria difusa de nuevo a la luz de las hogueras, las mismas del selfie y producto de las revueltas, donde una parte de la población catalana, fanática y sin mas propuestas, pretende iluminar parte de nuestra tierra, paradójicamente sumiéndola, en las tinieblas de los destrozos y de la violencia. Recuerdo que hubo un pintor que veía en las columnas de humo elevándose sobre las ciudades, la metáfora perfecta de los desastres de la guerra, incluso algún poeta concluiría, que estas eran como los dedos de una mano violenta erigiéndose en omnipresencia y abarcándolo todo de una manera siniestra. A pesar de todo, todavía hay una cosa al respecto que me mantiene moderadamente optimista: de nuevo el Seny; la sensatez ajena a la política que sigue presente en muchísimas de las personas de esa bendita tierra, al igual que cada vez me queda más claro la ausencia definitiva de sensatez en prácticamente la totalidad de aquellos con anhelos secesionistas ¿Se dan cuenta de que la integridad de los primeros cada vez se observa con menos garantías frente a los desmanes supremacistas?¿A qué espera este Gobierno para ponerse las pilas?