Santiago Sanz Sanz – Bruselas, tópicos típicos y mercadillos

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Borrell vuelve a Bruselas; al “corazón del viejo continente” y además por la puerta grande. Nada menos que al Consejo Europeo como Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad. Un puesto que en representación de Europa, podría parecer complejo, pero mucho me temo, que con brexit y todo, lo será bastante menos que el andar en los líos de España con sus asuntos internos. De alguna manera, el ex ministro debe de andar aliviado o contento; tanto o más que los propios independentistas, que ya se sabe que a éste, le tienen permanentemente en el entrecejo.

Y es así, como vemos de nuevo a nuestro país en las más altas instituciones europeas, compensando varios años del ninguneo que ha venido recibiendo de sus socios, y todo ello, a pesar del firme e inquebrantable europeísmo, mostrado en general, por parte del ciudadano ibérico. Pero es que hay conceptos que tienen mucho peso. En este viejo continente, somos muy dados al uso del tópico de cara a establecer el correspondiente etiquetado y la verdad, en esa dinámica, los españoles no solemos salir bien parados. Además de los términos actualizados, costumbristas y fiesteros que nos aplican en estos tiempos, arrastramos una buena ristra de otros mucho más viejos, en los que suele predominar un concepto nuestro absolutamente peyorativo y antipático, sobre todo de cara a adjudicar responsabilidades de peso. Todos esos tópicos añejos, tienen el origen en “esa campaña de marketing eterna” conocida como la leyenda negra, a la que fueron contribuyendo en su impulso difamador y aplicándose con gran celo, los grandes rivales históricos y algunos de los antiguos territorios y principados del Sacro Imperio; aquel que numeró al Emperador Carlos como “quinto” y que nosotros contabilizamos como “el primero”.

Estando nuestros tópicos muy trillados, hablemos un poco de los de ellos; de los de los belgas por ejemplo: valones, flamencos y de todos aquellos contingentes que forman el guirigay festivalero en que se ha convertido la capital de su reino. Parece que los romanos, los del otro imperio, no tenían un gran concepto acerca de la inteligencia de quienes habitaban los países bajos o sus aledaños, y en base a su necesidad de andar clasificando a los nuevos tributarios del imperio, fueron acuñando los primeros tópicos al respecto. Ya sabemos que siempre hay que ser reservados con los conceptos que puedan salir de las opiniones prejuiciosas al observar o ser observados por el vecino de al lado, sobre todo cuando este te está invadiendo. Mejor ser cautos y no creernos a Baudelaire “el ingrato”, por ejemplo; poeta maldito, libertino y bohemio, que una vez exiliado en Bruselas, desarrolló “cierta animadversión” hacia sus anfitriones, manifestándolo en su “Pobre Bélgica” de manera clara e inmisericorde, con expresiones de altísimo calibre ofensivo y no dejando con ello, flamenco, valón, ni títere con cabeza.

Hoy, sin embargo, con Bruselas pasa lo que con el Café de Rick en la película Casa Blanca, vamos; que tarde o temprano “todos quieren ir” a costa de lo que sea, incluso exiliados. Bueno, estos últimos siempre bien financiados, que los precios del alquiler y todo lo demás están demasiado caros. Con tanta gente del hampa intentando pasar desapercibidos, sátrapas refugiados, terroristas escondidos en barrios masificados y golpistas agazapados en busca del amparo de las legislaciones sui géneris más permisivas del panorama occidental… nada puede resultar extraño. A pesar de tener un montón de policías actuando, todo hay que decirlo, pertenecen a diferentes administraciones y hablan diferentes idiomas entre sí, en un país lleno de barreras etnolingüísticas de diseño premeditado, dificultando mucho su operatividad y cada vez evidenciando más, que son el verdadero referente inspirador del sueño húmedo de algunos independentistas de business class fugados, y de otros que les visitan para hacer una paella de vez en cuando. Facinerosos que en estas fechas gozarán de altas dosis de comprensión navideña y protagonismo, disfrutando de gofres glaseados y galletas de jengibre, entre la muchedumbre apelotonada de los mercadillos típicos, entregándose a los asuntos subversivos y jugando al despiste mientras son observados por alguno de los numerosísimos espías rusos. Hay tant@s de estos últimos y tan atentos a la mínima indiscreción que pudiese aflorar producto de la ingesta cervecera, que seguramente sean los verdaderos culpables del incremento de los precios de los alquileres y no el turismo, como dicen algunos con mala prensa, como tampoco lo son los políticos, ni los secretarios, ni los periodistas, ni los corresponsales, ni los traductores, ni tampoco los empresarios, ni mucho menos los lobbies de presión o los estudiantes de Erasmus, que junto a los funcionarios, los músicos, raperos, espías, militares de la OTAN y diplomáticos, tomarán vino caliente, riquísimos chocolates y dulces navideños, todos ellos bien mezclados por los mercados, haciendo volubles amistades, correteándose unos a otros y arrimándose pícaramente, rememorando la fiesta campestre de Pieter Brueghel… el Viejo ¡claro! desconectando y aplacando la ansiedad de algunos por perder las dietas y otros, con el nervio de alegría y el alivio en el estómago, por saber o por sentirse simplemente de paso por Bruselas.