Sanitarios y pacientes

Como siempre creo que es positivo acudir al pensamiento, que se traduce en frases, de personajes célebres, he aquí lo que el filósofo alemán Arturo Schopenhauer escribe en su “Eudemología”, un estudio de la vida feliz para el hombre en la medida de sus posibilidades: “En general, las nueve décimas partes de nuestra felicidad se fundan en la salud”.

Y es que la salud, como el estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones, como la define el diccionario de la Real Academia, es un factor determinante en la vida del hombre, algo de lo que todos estamos pendientes y por lo que realmente procuramos trabajar y esforzarnos. De ahí la importancia de los sanitarios y de los pacientes. En algunos medios informativos se ha publicado un “Manifiesto por una mejor Sanidad”, en el que se dice que “los profesionales sanitarios son el mejor activo del sistema y por tanto es importante cuidar sus condiciones laborales”, a la vez que se escribe también que “se hace fundamental contar con la participación de los pacientes y sus representantes a todos los niveles y medir su experiencia”.

He aquí la importancia de la relación sanitarios-pacientes, que debe existir con fluidez en todo momento. Desde que se inició en marzo pasado el periodo de confinación, los segovianos, en buena medida, dedicamos nuestros aplausos, desde balcones y ventanas, a las 8 de la tarde, a la tarea ejemplar de sanitarios y fuerzas del orden público.

A partir del momento en que el maldito Covid19 se adueñó del paisaje universal, el esfuerzo de los profesionales españoles de la Sanidad está siendo ejemplar, con su entrega a la lucha contra el virus, pero a la vez tratando de no olvidar las restantes misiones suyas con relación a los pacientes que sufren otras anormalidades ajenas a la pandemia. Y aquí es precisamente donde entramos en juego los pacientes, o posibles pacientes, que buscamos en la Sanidad, y en sus profesionales, la ayuda precisa para hacer frente a la pandemia o a cualquier otro tipo de dolencia. Surge, como consecuencia, entre los pacientes, la inquietud de la falta del trato directo médico-paciente, que en la mayoría de los casos es el sistema más efectivo para que el enfermo exprese sus males y el sanitario pueda diagnosticar sobre ellos. El sistema telefónico, impuesto hoy a todos, puede ser efectivo en algunos casos, pero no en la mayoría, que es preciso el encuentro personal. De ahí que en los pueblos de nuestra provincia se esté reclamando constantemente la presencia del médico de familia, dadas las dificultades que desde muchas localidades pueden encontrarse para poder tener asistencia a una enfermedad concreta. Aparte, también, las complicaciones que para concertar por Internet o por teléfono una cita, que a veces se alarga demasiado en cosas no complicadas, como puede ser la solicitad de una receta, pues se puede demorar en una semana el momento de contactar telefónicamente el médico con el paciente.

No puedo entrar en interioridades del sistema, que desconozco por completo, pero sí creo que en bastantes especialidades se puede tratar personalmente al público, poniendo para ello por medio todos los sistemas para la seguridad (mamparas, mascarillas, citas concretas espaciadas, etc.), por lo que no se llega a comprender la dificultad que parece existir para una atención personal sanitario-paciente. Porque no puede ser muy eficaz un tratamiento telefónico sobre temas relacionados con especialidades determinadas, casos en los que el paciente nunca podrá determinar con certeza los términos en que está afectado, sin que el sanitario pueda comprobar físicamente la situación.

La señora consejera de Sanidad de la Junta acaba de afirmar que si no se abre la consulta personal es porque “hay que proteger a la población para que no se contamine en las salas de espera y también a nuestros profesionales para que no se contaminen sin saber si están atendiendo a una persona contagiada o no”. De acuerdo con ese deseo de preservar, pero ¿no se atiende en los hospitales, citando con tiempos de separación adecuados? ¿No se atiende en las farmacias, obligando a esperar un tiempo adecuado de separación entre los solicitantes? ¿No se atiende en entidades bancarias y otras similares, y el comercio en general, sin hacer antes pruebas de si un cliente está contagiado o no? ¿No se puede tomar la temperatura a la entrada del centro sanitario?. El peligro está en todos los recintos cerrados, como asimismo al aire libre; todo consiste en tomar las precauciones adecuadas.

Un ejemplo: En los jardines de acceso al Alcázar, durante las horas de visita al monumento, un guarda toma la temperatura a los visitantes del recinto, aunque no vayan a entrar al interior.

Parece, pues, muy acertada, considerando todos los posibles inconvenientes, la opinión generalizada de que debe recuperarse cuanto antes, con urgencia, la relación personal sanitario-paciente, medio más efectivo para la práctica de un diagnóstico eficaz, evitando así algún aislado y lamentable caso que ha llevado a un final no deseado de un paciente por retraso en la necesaria asistencia.